Toque de queda y estado de excepción
Los buhoneros de cada callejón, de cada vereda, ya están identificados por los maleantes. El dilema, el verdadero trabajo, de cada día, no es armar y desarmar un tarantín hecho de tubos y cinta de embalaje, ni pasar el día repitiendo su eventual “alaolden”. El trabajo real es planificar minuciosamente cómo llegar a la casa con los reales de la venta del día. Todas las tardes deben cambiar la ruta de acceso, la forma de llegada y hasta el sitio dónde guardar el dinero, para llegar a salvo a su casa. Todo el que vive en un barrio duro lo sabe. El toque de queda comienza a las seis de la tarde. A esa hora, el que va llegando a su casa, se encierra a ver televisión (por eso fue un duro golpe el cierre de RCTV), hasta el día siguiente. Ya a las ocho comienzan a oír las balaceras. De cuando en cuando, despiadados dioses señalan a un tranquilo morador, sin importar la edad, y con su mano poderosa dirige una de esas tantas balas hasta la cabeza del elegido, atravesando paredes de lata o ventanas con sucias cortinas de tela. Hay barrios tan, pero tan duros, que ya después de las dos de la tarde sólo se sale para emergencias. Los prudentes ya a esa hora compraron en las bodegas cercanas todo lo necesario para el resto del día. No es una exageración. Como tampoco lo es que, a la mañana siguiente, cuando alguien salga a su trabajo, se encuentro con un tiroteado muerto en la puerta de su casa. La fuerza de la costumbre puede demoler hasta el asombro y la compasión. En esos casos se da un saltito y se sigue su rumbo. Y ojalá que a la tarde ya lo hayan recogido. En Pinto Salinas mataron a un tipo que se atrevió a salir de noche. A las diez lo alcanzó la bala. Murió cerca de las once, y la policía lo recogió a las diez de la mañana siguiente. ¿Qué ley protege a esos niños de ver tanta violencia? ¿Por qué esos mismos que bramaban contra la violencia que transmitía RCTV, no exigen más respeto por la inocencia de esos niños? En otro barrio, el cadáver de un atracado se lo llevó la corriente de la lluvia, porque la PTJ no llegó nunca. En los barrios de Caracas hay toque de queda e infringirlo, con toda seguridad, cuesta la vida. ¿Qué más estado de excepción que esto? ¿No es la violencia de Caracas algo excepcional? ¿O es que estados de conmoción sólo se refieren a que el gobierno vea en peligro su permanencia en el coroto? ¿Con qué moral nuestro emperador le dice a MR. Donkey (perdón, al presidente norteamericano) que cese el genocidio del pueblo iraquí? ¿No es un genocidio a manos del hampa, con la que el gobierno venezolano es sumamente complaciente, la que se lleva a cabo contra el pueblo de Venezuela?
El colmo de la vanidad de nuestro máximo líder, se expresa en su permanente deseo (aprendido de su mentor) de escuchar su propia y detallada opinión sobre los “grandes problemas del mundo”, todos aquellos que le permitan hablar como un estadista, pero ninguno de aquellos que deba resolver él. ¿Sabrá un fan español (o argentino o francés) del nuevo líder de los desposeídos del mundo, la terrible experiencia de morir en un hospital venezolano? ¿Conocerá todo el esplendor de la palabra desidia? ¿Conocerá cómo se vive en un barrio de Caracas? ¿Tendrá idea de lo brutal que es vivir rezando todas las noches para que no los atraquen camino a su casa, y si los atracan, que no les disparen, y si les disparan que los maten, porque la experiencia del ruleteo hospitalario significa una muerte lenta e indigna? ¿Sabrá que arriba, donde se ven las luces que parece un pesebre, mandan los malandros, distribuidores de drogas y todo aquel que tenga una pistola, y que abajo, en las demenciales calles y avenidas, manda el que tenga una chapa, por lo que puede montarse en la acera en moto, chocar a los demás vehículos impunemente y cometer cualquier atropello contra sus semejantes? ¿Tendrán la más peregrina idea de lo que es vivir en un permanente toque de queda, en un infinito estado de excepción? No, él sólo está tratando de explicarse cómo justifica la reelección infinita en Venezuela, pero en su país no.
Post-post: Los malandros están muy molestos por las promesas incumplidas con respecto a mover el reloj media hora. Estaban muy contentos con la medida porque supondría que, al oscurecer a eso de las cinco y media, hora en que la gente apenas estaría llegando del trabajo, la oscuridad sería una aliada muy rentable para darle la bienvenida a los vecinos. Sin embargo, no pierden las esperanzas de que la medida se concrete en cualquier momento.


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