Nos merecemos tener un país o tenemos el país que nos merecemos?

Está bien, eso es irrefutable: el ilustre bocón-megalómano-ignorante que se hizo del coroto realmente ha destrozado las instituciones, una inmensa parte de la actividad productiva nacional y ha incurrido en desmanes tan impedonables como acentuar el resentimiento, barrer con la autonomía de los poderes, usar los recursos del Estado en un permanente proselitismo, ahogar cualquier forma de disidencia, financiar bandas paramilitares armadas, y una cantidad innumerable de abusos, con el fin de ir instaurando, paso a paso, una dictadura fascista de derecha. Eso nadie lo niega. Pero me pregunto yo ¿Es nuestra mala calidad de vida su única y absoluta responsabilidad? Es decir, ¿no contribuimos nosotros con que nuestra calidad de vida y nuestra percepción de ciudadanía sea cada vez más pobre?
Ese gordo que toca corneta como un poseso apenas el tránsito reduce ligeramente la veolcidad, sin importarle las molestias que causa a los que le rodean; el motorizado que se sube impunemente a la acera para evadir las colas, el autobusero que se para donde le dá la gana y el taxista que se atraviesa en el rayado; el animal que monta su carro en la acera, a veces hasta perpendicular a la calle, obligando a los peatones a caminar por la avenida; el otro idiota que monta media camionetota en la acera, frente al restaurant donde va a comer, porque tiene hambre y él no va a parar más lejos porque le pueden robar el carro; el vivo que no deja terminar de salir y ya se está metiendo en el vagón del metro; el que usa el carro para rodar tres cuadras (porque él paga su gasolina); el que es incapaz de ceder el puesto en los autobuses a las señoras que cargan niños; todos esos incivilizados que no se quitan el morral al subirse al vagón, los que fuman delante encima de los demás, los que son incapaces de hacer la torsión mínima necesaria para evadir chocar contra los demás viandantes, y una vez que chocan son incapaces de disculparse; los que esperan a los chamos en el carro frente al portón del colegio, generando una cola monstruosa; lso que escuchan música con los celulares en el metro, los que ponen música a todo volumen en el carro; los que se colean en todos lados, porque son vivísimos; los que tiene malos hábitos de aseo y se montan en vagones atestados de gente, normalmente sin aire acondicionado; los que no se bajan del carro para comprar el peródico y gneran más congestionamiento; los que beben cerveza en la calle, ofreciendo un balurdo espectáculo de chabacanería (los estudiantes del Nuevas Vacaciones, en Los Dos Caminos, beben a diario y bailan regueton en la acera con las puertas de los carros abiertas); los que hablan por el celular gritando; los que explotan sin asco a sus empleados; los que le compran a los buhoneros… Seamos honestos: ¿Esa gente qué tiene que ver con el emperadorcito?
Mientras aquel cae, lo caen, le estalla una verdadera revolución o se muere, hay un trabajo duro que hacer para recuperar la ciudadanía. Y es urgente. Y es grave. “Esa gente” me hace la vida mucho más dura en mi ciudad. “Esa gente” me jode tanto o más que el desquiciado emperadorcito en mi tránsito cotidiano por mis calles. Esa gente jamás, lease bien, jamás estará en mi mismo bando. Esa gente que no se adapta a vivir en ciudad, que fue derrotada por la dureza de la urbe y vive malhomorada contaminando con su agresividad y sus chapucerías y problemas de educación y de trato social y su incapacidad de sonreir y de hacer uso de la cortesía, son la otra mitad del problema.
Reitero, esa gente no juega para mi equipo, y están en la misma lista de gente que desprecio (como las foquitas rojitas y los recién vestidos rojitos y los estómagos agradecidos rojitos y los malandros rojitos). Esa gente tiene el país que se merece.
Mientras ellos existan, mientras esa gente no se eduque para vivir en ciudad, al ciudadano de verdad, herido en su sensibilidad, le tocará vivir en el exilio interior.
Sigamos hablando de macropolítica, que si mañana cae el emperadorcito, gracias a “esa gente” mi calidad de vida, ni a de ninguno, mejorará ni un ápice al día siguiente.

Ahora, en Banesco: Depósito a plazo fijo “voluntario”

Una cosa es que en Venezuela la tendencia irreversible sea que el servicio (tanto público como privado), sea cada vez sea más malo, y otra es que los encargados de prestar servicio compitan por la mediocridad en la prestación del servicio y la mala educación y la falta de seriedad y el más absoluto irrespeto al cliente. Pero otra muy distinta es el caso de Banesco, que está pasando de mal servicio a actitud sospechosa.
Hace quince días, alguien intentó sacar su dinero de su cuenta Banesco, en un cajero automático de un banco cualquiera. La operación fue cancelada por el cajero y los 150 bolívares fuertes (que no enriquecen, pero cómo hacen falta cuando es lo último que se tiene para pasar esos días), además de las respectivas comisiones, desaparecieron de su cuenta.
Convencido de que se debía a un pequeño error que se solucionaría apenas se asomara a su banco, se quedó esa noche sin su dinero pero con la esperanza de resolver el asunto en cuanto se dirigiera a la agencia bancaria en la que tiene su cuenta. Al día siguiente, y con la característica displicencia del que no quiere ser molestado por nimiedades, algún funcionarillo menor (en la monstruosa pirámide jerárqueca del banco) le dijo que debía esperar 48 horas para ver si la operación se revertía automáticamente (nunca lo hace, no lo va a hacer y ellos lo saben) y “sólo después de este lapso de tiempo”, es que debía acudir a una agencia a hacer el requerimiento (los mundos militares y banqueros tienen en común el gusto por las jergas pomposas y de ridícula apariencia técnica). Se resigna a esperar ver cumplidas las 48 horas a las que se ve sometido arbitrariamente, pensando que si después de todo ese es su dinero, nadie debería ponerle plazos para devolverle un dinero que le pertenece. Pero, ya sabe cómo funciona el servicio en Venezuela.
Se anota en una lista larga que pone a prueba su paciencia y su civilidad. Es atendido tres o cuatro horas después por una funcionaria que le dice que esas cosas se deben procesar es por este número de teléfono, y le extiende un papelito escrito a mano por ella, y que no podía ayudarlo. Que lo siento. Que (y esto es el colmo del cinismo) si lo puede ayudar en alguna otra cosa… El agraviado se dice que Banesco no va a lograr convertirlo en un energúmeno y trata de mascullar un buenas tardes y se va a su casa a llamar por teléfono (lo que pudo haber hecho cinco horas antes si el funcionarillo se lo hubiese informado cuando le preguntó, dos días antes). Al décimo intento de comunicarse, alguien le ordena anotar un número y le dice que en 20 días hábiles le darán respuesta acerca del destino de sus miserables 150 bolívares ¿fuertes? Es decir: un mes sin derecho a réplica ni explicaciones. Un monto que el banco debería tener como seguro de garantía y devolverlo de inmediato al cliente, porque el mal servicio de las operaciones técnicas es responsabilidad del banco, no de la víctima (perdón, cliente) que tiene su dinero allí, creyendo en la publicidad llena de caras sonrientes que dicen que le van a dar el trato que se merece (¿que se merece? ¿Alguien se merece ese trato?).
La persona espera resignada a que el banco haga uso de su dinero todo ese mes y se lo devuelva (¿se lo devuelva?) cuando le dé la gana, poniendo plazos arbitrarios y sin explicación alguna a la devolución de su dinero. Espera tratando de no impacientarse y, a la semana, recibe una llamada de su esposa desde su celular:
¿Amor? ¿puedes revisar un momentico mi saldo en mi cuenta Banesco?
Sí, el lector es muy astuto. Las novelas policiales ya lo han entrenado a reconocer lo obvio. 200 Bolívares fuertes que desaparecieron de sus cuentas. Otra víctima de Banesco. Otras 48 horas. Otro mes sin por qué. Otra desazón y otra desesperanza y otra percepción de que en Venezuela todo el que puede hace lo que le dá la gana con el tienpo, con el dinero, con la vida de los demás. Que esa potestad no parece ser exclusivamente del gobierno. Que cualqueir que ponga una taguara y se esconda detrás de un empleado anónimo y unas reglas arbitrarias, hcae lo que le da la gana con los demás.
Ahora, sería interesante que Banesco promocionara ese nuevo servicio, para los amantes de las aventuras: la del depósito voluntario. Aleatorio. Un depósito forzado a plazo fijo por 30 días, sin derecho a pataleo, y sin que el cliente y dueño del dinero se gane medio por la operación. Va una propuesta de publicidad:

Si usted es amante de los riesgos y las aventuras, únase ya a Banesco y sude cada vez que va a sacar su dinero de un cajero. Hoy le puede tocar a usted. Banesco, sólo para los que saben que la vida es azarosa.

Qué fácil es ser banquero en la Venezuela del Socialismo del siglo XXI. Por esa falta de controles sobre el dinero de los ahorristas y sobre las normas de operación (siempre favorables para ellos) es que los banqueros son el gremio más silencioso y cauto a la hora de fijar posiciones políticas.

Como dicen que esta es época de reflexión

Como dicen que esta es una época de reflexión, valdría la pena regalarse unos días para preguntarse, más allá de lo que dicen sus aduladores, hasta dónde pretende llegar con tanto en contra. O Leer con detenimiento y sin apasionamiento el resultado de la derrota (una formidable, apoteósica derrota, tomando en cuenta todo el brutal aparato propagandístico del régimen). O las razones de esa enérgica resistencia que la población venezolana ejerce en su contra. O por qué gente tan prestigiosa, en el mundo entero, puede opinar con total convicción de esta manera (sin estar pagados por la CIA ¿O sí?):

Es que eso de llegar a Caracas y ver carteles con la frase: «Patria, socialismo o muerte»… Todos esos rollos que este «brother» se trae son para decirle: «Maestro, ¿no se da usted cuenta de que va para atrás, como los cangrejos?»
Alex González (baterista de Maná)

Chávez es un dinosaurio, un ser de otro tiempo extraviado.
Mario Vargas Llosa

No imagino a la sociedad Venezolana manejada por este gorila para siempre.
Carlos Fuentes

Detesto a los charlatanes que quieren ser paladines (…) Creo que el caudillaje en esta época hace mucho daño, porque brutaliza, lo digo con cierto conocimiento de causa porque me he pasado más de 40 años viviendo en este territorio.
Fito Páez

Chávez es un líder nefasto que está arruinando a su país.
Alfredo Bryce Echenique

Hombre, pues si quieren verme en Venezuela que no le voten a Chávez.
Miguel Bosé

A través de la historia, desde la antigüedad, ningún conductor político que ha logrado destruir un sistema existente ha podido, él mismo, llevar a buen fin lo que se había propuesto. […] Si un destructor a ultranza permanece en el poder, al final, lo que consigue construir es una grotesca caricatura de su propia iniciativa.
Carlos Cruz-Diez (en alusión a Chávez, durante una entrevista)

Venezuela cuenta con un pueblo combativo, unido y solidario, que no acepta la imposición de un régimen autocrático y despótico, así se disfrace de utopía revolucionaria.
Soledad Bravo

No sé si los venezolanos están conscientes del hecho que están protagonizando […] Están dando una demostración de rebeldía cívica, como no hay en el continente americano ni en el resto del mundo.
Huber Matos

Un golpe nunca se debe dar, ni siquiera en el caso de Chávez en 1992. Él lo ha celebrado incluso como fiesta nacional. […] Es grave, preocupante, que alguien pueda celebrar un golpe de Estado.
Javier Marías

¿Cómo es posible que Chávez haya llegado tan lejos? Desde que asumió el poder por primera vez, en febrero de 1999, era fácil advertir que sería el primer ejemplar de una nueva especie de dictadores latinoamericanos: un fanático, obsesivo y utopista.
Tomás Eloy Martínez

Yo soy de izquierda y creo que Chávez es mi adversario.
Bernard Henry-Levy

Ellos, disidentes, estudiantes, representantes civiles del orden social, están luchando para salvar una democracia. (…) Y vencerán, que duda cabe. Vencerán. Con trampas o sin trampas, son lo mejor de la nación venezolana, y en estos momentos, ellos, sin quererlo, ya son la vanguardia democrática de todo un continente.
Fernando Mires

… Con su incomprensible parcialidad hacia un político tan torpe y grosero como Chávez, tanto ha herido y decepcionado a quienes admiramos su noble labor de educador. Gente como usted y Gustavo (Dudamel) representan la imagen de la nobleza y el arte musical de Venezuela, mi estimado maestro; por otra parte, el generalote y su bocón vicepresidente son la muestra por excelencia de la vulgaridad y falta de ética de que somos capaces algunos Latinoamericanos.
Paquito D´Rivera (en carta abierta a José Antonio Abreu)

A mí, si me dieran tres millones de firmas para que dejara de cantar, dejaría de cantar.
Alejandro Sanz, en alusión a la recolección de firmas para el referendo revocatorio de Chávez (cabe destacar que los que se sintieron ofendidos con el comentario de Sanz recogieron el reto y se dedicaron a recolectar firmas para que dejara de cantar. Aún no han alcanzado las 239.000 firmas)

Considero a Chávez como un enorme demagogo y populista, que dice una cosa y hace otra. Le gusta repartir a la gente lo que no pertenece a él, y trata de aprovechar el descontento que hay… Algúndía tendrá que pagar por lo que ha hecho.
Lech Walesa

Una ayudita: Haz un ejercicio. Cierra los ojos. Imagínate por un instante que tú no arrebataste esa milmillonaria chequera. Imagínate a tu edad, siendo un general retirado. Imagínate en tu casa, con tu segundo divorcio a cuestas, haciendo tus arepas un domingo en la mañana. Más tarde tienes que pasar buscando a la niña, porque siempre la visitas los fines de semana. Mascullas entre dientes tu descontento porque los aguinaldos los pagaron tarde y son cuatro muchachos a los que hacerles sus regalos. Ubícate ahí, ocmo un ciudadano normal, como esos millones de ciudadanos normales, que tienen vecinos, que juegan al amigo secreto y que salen a comprar sus cosas en diciembre para pasar las navidades. ¿Te puedes ver? Ok, ahora pregúntate (y es bueno que te respondas con total honradez) ¿Te soportaran tantas necedades e impertinencias si fueras ese y no el que eres? ¿Te darían tanto la razón en todo esa cuerda de aduladores que te está hundiendo? ¿Fueras así de prepotente y grosero si no fueras el que firma esos cheques gordos (que no son tuyos, recuérdalo, y algún día te van a exigir cuentas por eso)? ¿Te dejarían hablar durante horas, ese gamelotal que siempre hablas, de no ser porque después de soportarte, viene la parte de los biyuyos? ¿Te auparían tanto, te celebrarían los chistes de esa manera, te apoyaran irrestrictamente, ese público que va a recibir la beca o el crédito o lo que sea, si la convocatoria fuese gratuita?
Entiéndelo, la gente es interesada, y eso está bien. Nadie vive pendiente de los triunfos y derrotas de otro que le sea ajeno a su vida. Así de sencillo. Es normal. Sí, ya no votan por tus propuestas porque no les conviene. ¿Cuál es el peo? Haz el ejercicio que te sugiero y vas a ver con claridad muchas cosas. Créeme.
Una última perla: la noche del 31, cuando la gente haya viajado de lejos, o se haya atrevido a desafiar a una ciudad tan violenta para pasar esa noche con los suyos. Esa noche tú estarás rodeado de jalabolas que te odian en el fondo, y toda esa inmensa masa de personas, estará entre sus seres queridos, departiendo, pasándola bien con poco o con mucho, pero pasándola bien. Estarán reunidos en sus casas y ¿sabes qué? No estarán pensando en ti. No les resultas parte de su entorno afectivo. En el fondo, más allá de sus intereses, no les importas tanto.
Dicen que la navidad es tiempo de reflexión. No la desaproveches. Que esta puede ser la última navidad que puedes encontrar luces antes de que sea muy tarde.

Felices fiestas y hasta el 2008.

Toque de queda y estado de excepción

Los buhoneros de cada callejón, de cada vereda, ya están identificados por los maleantes. El dilema, el verdadero trabajo, de cada día, no es armar y desarmar un tarantín hecho de tubos y cinta de embalaje, ni pasar el día repitiendo su eventual “alaolden”. El trabajo real es planificar minuciosamente cómo llegar a la casa con los reales de la venta del día. Todas las tardes deben cambiar la ruta de acceso, la forma de llegada y hasta el sitio dónde guardar el dinero, para llegar a salvo a su casa. Todo el que vive en un barrio duro lo sabe. El toque de queda comienza a las seis de la tarde. A esa hora, el que va llegando a su casa, se encierra a ver televisión (por eso fue un duro golpe el cierre de RCTV), hasta el día siguiente. Ya a las ocho comienzan a oír las balaceras. De cuando en cuando, despiadados dioses señalan a un tranquilo morador, sin importar la edad, y con su mano poderosa dirige una de esas tantas balas hasta la cabeza del elegido, atravesando paredes de lata o ventanas con sucias cortinas de tela. Hay barrios tan, pero tan duros, que ya después de las dos de la tarde sólo se sale para emergencias. Los prudentes ya a esa hora compraron en las bodegas cercanas todo lo necesario para el resto del día. No es una exageración. Como tampoco lo es que, a la mañana siguiente, cuando alguien salga a su trabajo, se encuentro con un tiroteado muerto en la puerta de su casa. La fuerza de la costumbre puede demoler hasta el asombro y la compasión. En esos casos se da un saltito y se sigue su rumbo. Y ojalá que a la tarde ya lo hayan recogido. En Pinto Salinas mataron a un tipo que se atrevió a salir de noche. A las diez lo alcanzó la bala. Murió cerca de las once, y la policía lo recogió a las diez de la mañana siguiente. ¿Qué ley protege a esos niños de ver tanta violencia? ¿Por qué esos mismos que bramaban contra la violencia que transmitía RCTV, no exigen más respeto por la inocencia de esos niños? En otro barrio, el cadáver de un atracado se lo llevó la corriente de la lluvia, porque la PTJ no llegó nunca. En los barrios de Caracas hay toque de queda e infringirlo, con toda seguridad, cuesta la vida. ¿Qué más estado de excepción que esto? ¿No es la violencia de Caracas algo excepcional? ¿O es que estados de conmoción sólo se refieren a que el gobierno vea en peligro su permanencia en el coroto? ¿Con qué moral nuestro emperador le dice a MR. Donkey (perdón, al presidente norteamericano) que cese el genocidio del pueblo iraquí? ¿No es un genocidio a manos del hampa, con la que el gobierno venezolano es sumamente complaciente, la que se lleva a cabo contra el pueblo de Venezuela?
El colmo de la vanidad de nuestro máximo líder, se expresa en su permanente deseo (aprendido de su mentor) de escuchar su propia y detallada opinión sobre los “grandes problemas del mundo”, todos aquellos que le permitan hablar como un estadista, pero ninguno de aquellos que deba resolver él. ¿Sabrá un fan español (o argentino o francés) del nuevo líder de los desposeídos del mundo, la terrible experiencia de morir en un hospital venezolano? ¿Conocerá todo el esplendor de la palabra desidia? ¿Conocerá cómo se vive en un barrio de Caracas? ¿Tendrá idea de lo brutal que es vivir rezando todas las noches para que no los atraquen camino a su casa, y si los atracan, que no les disparen, y si les disparan que los maten, porque la experiencia del ruleteo hospitalario significa una muerte lenta e indigna? ¿Sabrá que arriba, donde se ven las luces que parece un pesebre, mandan los malandros, distribuidores de drogas y todo aquel que tenga una pistola, y que abajo, en las demenciales calles y avenidas, manda el que tenga una chapa, por lo que puede montarse en la acera en moto, chocar a los demás vehículos impunemente y cometer cualquier atropello contra sus semejantes? ¿Tendrán la más peregrina idea de lo que es vivir en un permanente toque de queda, en un infinito estado de excepción? No, él sólo está tratando de explicarse cómo justifica la reelección infinita en Venezuela, pero en su país no.

Post-post: Los malandros están muy molestos por las promesas incumplidas con respecto a mover el reloj media hora. Estaban muy contentos con la medida porque supondría que, al oscurecer a eso de las cinco y media, hora en que la gente apenas estaría llegando del trabajo, la oscuridad sería una aliada muy rentable para darle la bienvenida a los vecinos. Sin embargo, no pierden las esperanzas de que la medida se concrete en cualquier momento.

Socialistas ¿Tendrán con qué?

Vaya a verlos. Asómese a la avenida Baralt, a la Sucre, a la San Martín. Vaya a El Valle, a la redoma de La India, a la de Petare. Allí, donde está la fuerza de su electorado, el grueso de sus seguidores. Los buhoneros se toman un canal (de tres) y, sin rubor, llega una camioneta y se estaciona en el segundo canal, porque va a descargar mercancía a un local que está al frente. Podría estacionarse un poco más allá, y caminar veinte metros, pero él sólo sabe pensar en sus intereses inmediatos. Los buhoneros, de hecho, son otra muestra. Cada vez ocupan más espacios de las aceras. Cada vez se apropian más de lo público. Despliegan sus tarantines y guardan espacios para sus efectos personales y hasta para el corral del bebé. Y especulan escandalosamente con el precio de los alimentos. Es decir, con el hambre de sus vecinos. Y no hablar de los motorizados, cada vez más abusadores, más transgresores. Si hay cola se montan en la acera (y las señoras tienen que cargar a sus hijos). Si hay luz roja, ellos siguen rodando. Circulan en sentido contrario. Son unas joyitas. Merecen la Orden Colectiva al Buen Ciudadano. Y “la autoridad”, siempre tan ansiosa de guiso. Todo el que tenga un uniforme matraquea mientras pueda. Y botan basura en las zonas comunes, donde viven los hijos de todos, y no les importa ensuciar el agua que los demás beben. Y los beneficiarios de las misiones que viven en el interior, que van a las concentraciones oficialistas en Caracas y se dejan ver con descaro comprando en el Sambil o sentados en las tascas de La Candelaria, bebiéndose los viáticos, mientras Chávez habla como un poseso de cosas que a ninguno de ellos les importa. Que si de guerra asimétrica, que si de multipolaridad. Que si del fin del imperio. ¿Dónde queda eso? No les importa que hacen con el dinero de todos los venezolanos mientras les tiren sus basuritas. Son como hormigas. Se conforman con las burusitas que caen de la torta…
¿Con esa gente van a hacer un socialismo? Los más egoistas de la población, los que sólo saben pensar en sí mismos, los que no tienen una idea de lo que es vivir en comunidad, que no respetan a los vecinos, los que ponen sus cidís con bachatas a todo volumen porque ellos están trabajando. ¿Con esos carajos Chávez va a hacer un socialismo? ¿Esos son los que van a trabajar con desprendimiento por el colectivo? ¿Los que entregarán su esfuerzo sin intereses personales de por medio? Por eso es que esas ideas siempre han florecido en burgueses de todo el mundo, porque el que vive al día, el miserable, por las razones que sea, sólo sabe pensar en sí mismo. Esas abstracciones de respetar el derecho ajeno, de tener consideraciones con los demás, de ceder el paso, son lujos para los que se acostumbraron a sobrevivir, a vivir en un mundo de dentelladas y mordiscos. ¿Será Chávez cínico o ingenuo? ¿Abusa de su suerte o desconoce a su pueblo? ¿Socialistas? Socialista es entender que ganar mucho más que los demás, es un abuso y una desconsideración (y ni hablar de robar el dinero público). Es tener consciencia de que los demás existen, que tienen sus derechos. Es entender que la ciudad es un inmenso espacio público, y todos debemos cuidarla, y todos debemos compartirla, respetuosamente, con los demás. Es entender que el erario público, que el Estado, nos pertenece a todos, y todos tenemos que cuidarlo, y todos tenemos derecho a exigir que nos rindan cuentas. Es entender que los funcionarios no son dioses, ni autoridades con supra derechos, sino humildes encargados de administrar nuestro dinero, y deben hacerlo con probidad y con respeto. Socialismo sería que los ministros se desplacen en vehículos modestos, con un mínimo de seguridad, como muestra de que ellos (como representantes del gobierno) le garantizan la integridad a sus conciudadanos. Es que los funcionarios medios puedan vivir en zonas humildes, porque la calidad de vida está más o menos bien distribuida en todos los sectores de la ciudad. ¿Socialistas? Socialistas podrán ser, por su nivel de conciencia, por su educación ciudadana y moral, los daneses, los suecos, los holandeses. ¿Socialistas? Estos podrán ser oportunistas, mendigos, estómagos agradecidos, vivos, huérfanos espirituales, tullidos del alma, arribistas, deprimidos, adoradores de ídolos, amantes del caos, depredadores, malandros… Montarán una dictadura, una monarquía bananera, un imperio del malandraje y el abuso y el robo, intentarán una forma nueva de saqueo a una nación, chuparán sangre constitucionalmente, lo que sea, pero ¿un gobierno socialista? Nunca. No tienen ni formación, ni educación ciudadana, ni gente. Es decir, no tienen con qué.

The Chávez show, por Venezolana de Venevisión (comienza la batalla final, parte 5)

Si de blackout se trata ¿qué gobierno no oculta información? ¿Qué gobierno no esconde sus negocios sucios? Quien esté libre de chanchullos que abra la primera puerta. Blackout informativo hace el gobierno cuando impide a los funcionarios del CICPC declarar a los periodistas de las fuentes de sucesos. O cuando, por ejemplo, no dejan entrar a los periodistas a los hospitales en algunas regiones. O, simplemente, cuando hay una noticia en el ambiente que resulta incómoda al gobierno, y éste hace una cadena que bloquea toda posibilidad de dirimir ese asunto ante la opinión pública. De hecho, en el torneo por el gobierno más obstruccionista con el trabajo periodístico, el nuestro debe ser uno de los claros favoritos. Porque, no sé si "nuestros amigos" (los pocos amigos que le quedan a Chávez en el viejo continente) saben, pero en Venezuela no hay norma que regule las cadenas, y el gobierno las puede ordenar cada vez que le venga en gana. Y en eso, como en muchas cosas, Chávez desconoce la mesura. Es tal su gusto (y el de sus seguidores) por entrar a la fuerza a los televisores de los venezolanos, que cada vez que reúne a sus acólitos en el Teatro Teresa Careño, comienza a escenificarse el clásico ritual del cortejo masa-caudillo: los primeros, como si de un talk show se tratara, acompañando de palmas cadenciosas, animan al líder solicitando: Ca-de-na, ca-de-na, ca-de-na… ¿Quieren cadena?, pregunta meloso, pícaro… Síiiiiiiiiiii, responden ellos, entrando en el juego sensual… Jesse, lánzame la cadena, complace el jefe… Estallidos delirantes de vítores y aplausos. O, este otro formato, en el que de pronto, el jefazo, orgulloso de su travesura, de su megalomanía y su poder, anuncia victorioso: "En cadena nacional", para que de inmediato estallen los aplausos. Es de las cosas que más les fascina. La gloria de ellos consiste en decir, al día siguiente, que estuvieron en el sitio desde dónde se transmitió en cadena. Algo así como la remota idea de que una cámara en paneo pudo haber ponchado un plano de su rostro, un par de segundos, que se reprodujo en tooooodos los televisores encendidos del país. El vacío dejado por Sábado Sensacional, con todo y Amador bailando alrededor de La Polaca, se revive en las cadenas de Chávez, que pueden durar horas, y que incluyen cantos, chistes y anécdotas para los buenos, y regaños, insultos y amenazas para los malos. Venezuela es un talk show permanente al estilo Truman Show (estrenada, casualmente, el mismo año que Chávez llegó al poder: 1998), sólo que en este caso, nuestro Truman no sólo sabe que está siendo filmado, sino que lo disfruta, lo estimula y lo exige. Cosas de tiempos mediáticos, que el que no sale en pantalla no existe. Y él, qué duda cabe, quiere existir en todos, todos, nuestros televisores. Blackout y abuso y soberbia megalomaníaca y una incapacidad manifiesta e incurable para convivir con reglas de juego claras. Y la hegemonía absoluta en torno a la figura del presidente. O como el personaje de historia creado por Pepo: Condorito. Lo vemos montado sobre un tractor, cambiando bombillos, poniendo vacunas, manejando topas excavadoras o vagones del metro de Valencia. Lo vemos vestido de deportista, de militar, de estadista o de campesino. Lo vemos declarándose hijo de Sandino en Nicaragua, de Velasco Alvarado en Perú, de Perón en Argentina y de Torrijos en Panamá. Lo vemos confesándose maoista en China y marxista en Rusia (aunque el auditorio en pleno tiemble con sólo escucharlo). Para muchos no debería existir más programación que las peripecias de nuestro Truman por el mundo. Por eso no tolera ver en la pantalla de su talk show llamado Venezuela, a opositores, disidentes o gente del común diciendo algo distinto a lo que él predica. Por eso le enfurece ver en "su" televisión imágenes de multitudinarias protestas rechazando su antidemocrático modo de gobernar. Pero, volviendo al tema de los negocios chucutos y los "arreglos" a la sombra, esos que al electorado le fascina enterarse para saber con quién está tratando, uno de ellos se escenificó al día siguiente de las elecciones del 3 de diciembre pasado. Claro, los pobres mortales que no estamos en esos condumios no nos enteraríamos sino algún tiempo después. Y sería gracias a esa maravilla de la democratización de los medios (no, no es Tves, disculpen) llamada Youtube, que pudimos ser testigos de una conversación telefónica sostenida entre Jesús Romero Anselmi, presidente de VTV (canal oficial del Estado venezolano), y Carlos Bardasano, presidente de Venevisión (canal que bajó el tono de sus protestas y entró al cielo de la revolución, propiedad del magnate latinoamericano Gustavo Cisneros, otrora el hombre más odiado por la izquiera ultrosa venezolana). En esa conversación telefónica (pinchada, de seguro, por el gobierno, el único con capacidad para efectuar ese tipo de operaciones, y soltada al descuido por ahí, quién sabe con qué intención) los alegres compadres festejaban el rotundo éxito que había tenido la alianza de esos canales durante la cobertura de la campaña presidencial de Chávez, y el posterior triunfo electoral. En ella Bardasano hacía acuse de recibo del carrito "rojo, rojito" que le había regalado Romero Anselmi. Además, nos regaló un chiste: "Ahora nos dicen Venezolana de Venevisión". Con motivo de las especulaciones en la opinión pública acerca del "regalito", Romero Anselmi se apresuró a aclarar que el carrito en cuestión era una cesta navideña en forma de carro, o algo así; y no un costoso Ferrari como se comenzó a especular entre los lectores de un foro político digital venezolano. Jamás negó la existencia de la conversación telefónica.

El segundo suceso importante de entonces fue el que acumuló los nubarrones que se convertirían en los aguaceros de estos días. A partir del 28 de diciembre del pasado año, Hugo Chávez comenzó a radicalizar su discurso anunciando, entre otras cosas, que a RCTV se le vencía pronto la concesión, y que no le sería renovada. La reelección indefinida, el carácter socialista (ya no bolivariano) de su revolución, el anuncio de estatizaciones de empresas de servicio público y el hecho de que las empresas del Estado (y la economía misma) pasarían a ser socialistas, completaban el menú previo al abrazo de fin de año de todos los venezolanos. Un abrazo con sabor a "El año que viviremos en peligro". Ninguna de esas propuestas, por supuesto, había figurado en su campaña electoral, la cual giró en torno a un poco creíble mensaje de amor de Chávez hacia todo ser viviente sobre esta tierra, en un estilo más cercano al de Gandhi que al de un militar que ha confesado estar conspirando desde que era cadete. Buenas noticias para Chávez: podía enfilar sus baterías (como gusta a él usar su nomenclatura militar) contra el incómodo RCTV, porque el segundo canal más grande de Venezuela (Venevisión, el otrora venenovisión, el antes golpista venenovisión) serìa un aliado incondicional en eso de decirle al mundo que en nuestro país se respetaban los canales comerciales privados, y por ende la libertad de expresión. Días de luna de miel, días de Venezolana de Venevisión ¿Cuánto durará la sociedad de dos hombres acostumbrados a dejar a los aliados circunstanciales en el camino? ¿Cuánto, la de dos ambiciones sin límites, dispuestas a comprar el continente entero, para comenzar? Para entonces, el objeto estaba claro: la salida de RCTV, líder del rating y medio incómodo para ambos. Para ese entonces, había gente en Venezuela (chavistas y no chavistas) que aún dudaba de que fuesen capaz de sacar del aire al canal más antiguo de Venezuela. "No, vale, no creo que Chávez haga esa vaina", era la frase común cuando, antes del 28 de mayo, se hablaba del tema.

Poética cortina

Semana de la Poesía. O semana de la agonía. Todo depende en la orilla que te colocó el destino. Unos asisten a recitales y conversatorios (horrenda palabreja introducida al país por el funcionariato cultural cubano para nombrar lo que todos conocemos como foro y hasta coloquio). Otros cuentan los minutos con un reloj de arena volcánica, un reloj de plomo ardiente. Son los miles de desempleados que dejará la última perreta del Faraón (ah, pero el ministro dijo que se podía quedar tranquilos, que habría cursos y microcréditos).
Es tanta la necesidad de un clima de Ativan, de Diazepan, que la escogencia de los autores del patio fue celosamente filtrada. Poesía aséptica, poesía desodorizada y libre de cualquier forma de peligroso contagio. Como esas peligrosas palabras que, sin hablar mucho, asomó Derek Walcott. Poesía que remata con el cam-bur-pin-ton en contrapunto con el Gobierno bolivariano. Y no digmos ya los poetas mayores (Rafael Cadenas y Eugenio Montejo). Más allá del bien y el mal, si algo no toleran es la vulgaridad, la chabacanería. La falta de educación, pues. Su ausencia en el festival, pasó tan desapercibida como una nudista en las calles de Teherán. Lo cierto es que ningún poeta que no sea considerado un “cuadro” comprobado, recibió invitación a usar el micrófono: Aparato incendiario como pocos, y cuyo uso estará cada vez más restringido. En estos tiempos, ni los tibios entran al cielo. Estás o no estás. Ya está bueno de estarse llevando vaporones por salidas inesperadas, dice el funcionario local.
La estrategia está más que aceitada. Cincuenta años de comprobada eficacia son suficiente aval. De hecho, los “asesores” antillanos (curioso, ese es el nombre que reciben los militares gringos cuando en tierras ajenas tienen rango de jefes) ni siquiera tuvieron que ganarse el pan, para montar el tinglado. Ese viejo expediente ha gozado de popularidad y de la complicidad, muchas veces inocente, de un público de galería proveniente de todos los rincones de la “Patria grande”. La cosa no es difícil imaginársela así: Ministro de la Defensa: “Óyeme chico, que debemos fusilar cinco contrarrevolucionarios lacayos del imperialismo” . Ministro de Cultura: “Óyeme chico, dame una semana y monto un Encuentro latinoamericano de Educadores por la vida y la libertá”.
Semana de la Poesía. Paradojas del poder: el gobierno celebra la palabra dando otra vuelta de tuerca hacia la mordaza total. Pero es que la poesía debe ser un adorno bonito que cante gestas gloriosas, salpicadas de palabras como dignidad, gloria, patria, esperanza, lucha, amor… Semana de la Agonía. Miles de desempleados de la televisora que será cerrada, entraron en picada, en el vértigo de la caída. Cada minuto de angustia los acerca a la debacle, a la palabra más odiada y temida por todos los que no tienen bienes de fortuna (bien o mal habidos): desempleo. Vivir cuesta, y de eso se acuerdan cuando están a escasos días de una decisión que es irreversible. Como toda palabra del Faraón. Piensan que la comida que mastican, que el sueño bajo techo, que el baño con jabón, los pagan; mientras a su lado, a otros les ponen una franelita roja con unos vivas al cierre del canal, y los sacan a la calle a decirle que “Todo tiene su final”.
Semana de la Poesía. Llorar poéticamente. Enterrar las uñas en la carne, halarse el cabello, morder la almohada poéticamente. Reñir con la mujer, con los hijos, con los vecinos, con todo el que se mueva, con las noticias en las que algún funcionario, todos los días, le escupe en su cara que está a escasas horas de quedar desempleado. Pero poéticamente. Pensar en el suicidio, en las promesas de vacaciones al hijo que está sacando buenas notas, sacar cuentas de emergencia, consultar la caleta, putear al socialismo del siglo xxi y a los cínicos que tienen a sus hijos afuera y aquí vociferan que hay que apretar la vaina… sentir que se acaba el aire, que el asma se instaló en su vida… pero poéticamente. Todo poéticamente.
Semana de la poesía. O cincuenta años practicando el arte de utilizar a los demás de cortina. De poética cortina, claro está.

En Irán no toman (De la serie: Cuando el Estado te sacrifica para protegerte)

Los militares podrían ser musulmanes y nada cambiaría. No tendrían que hacer mayores adaptaciones, excepto en eso de rezar varias veces al día. La militar, al igual que la de países como Irán, es una sociedad de hombres. La militar, al igual que la de países como Irán, vive en permanente alerta contra los enemigos. La militar, la Islámica, son sociedades misóginas. Quedaron ancladas en un remoto pasado. Son sociedades cuyas palabras más excitantes deben ser disciplina y rigor. El castigo físico como expresión palpable de lo divino. El desprecio de la opinión ajena y la imposibilidad de convivir con el otro, el opuesto. Toda opinión opuesta es un ataque injustificado. Un ataque que merece aleccionadora respuesta.
El presidente venezolano (militar de formación y espíritu) está convencido de que tenemos que unir cada vez más los lazos con los iraníes. Visitas van, visitas vienen. Que tenemos en común más de lo que parece. Que no se confundan con la distancia, el idioma, las costumbres. Ya ostentamos los logros de ese interés por estrechar esos lazos. Los hermanos iraníes, dice cada vez que se refiere a ellos. Claro, sólo un detallito: los iraníes entienden a Venezuela como un aliado circunstancial, pero un enemigo estructural. Es decir, si pudiesen acabar con el Gran Satán (Estados Unidos), de la aniquilación divina sólo nos salvaría esclavizarnos bajo sus costumbres; es decir, su visión de la sociedad visto desde la óptica de su religión. Mi hermano y yo contra mi primo… mi primo y yo contra mi vecino… razona un proverbio de esa región.

Cuando descubrió que a una médico cubana la mataron unos malandros bajo el imperio corruptor del alcohol, nuestro maravillado viajero comentó que en Irán no toman. Luego de eso, cuando discutían en Consejo de Ministros, las acciones a tomar para reducir el número de muertos por accidentes de trásito, mientras varios colaboradores intentaban en vano exponer el sudor de sus neuronas, el Jefe, absorto, repitió la frase que estaba saboreando desde su último viaje: En Irán no toman. Ya todos sabemos lo que pasó a continuación.


En Irán rigen leyes medievales. Las mujeres todavía deben usar chador de algún color oscuro, preferiblemente negro. No pueden mostrar el cabello ni ninguna parte del cuerpo, así como no pueden maquillarse ni adornarse la cara. ¿Zarcillos? ¿piercings? ¿piedritas de Swarosky? ¡Horror! ¡Sacrilegio! ¡Abominación! gritan los policías de la moral, mientras sienten el repulsivo cosquilleo que alborota el centro de su cuerpo, de sólo pensar en esas turgencias vedadas a la vista durante siglos. El iraní habrá visto en promedio un par de rodillas femeninas en toda su vida. O dos, para no exagerar. ¿Se imagina el terremoto sanguíneo, el estertor hormonal que produciría ver un hermoso par de piernas, como esas no menos de 30 pares que se ven una mañana cualquiera en las calles de Caracas? En Irán las mujres pueden montar en bicicleta. No se crea que la cosa tampoco es tan radical. Es saludable, y hasta incentivado por el Estado, el ejercicio en la mujer. De hecho, para protegerlas de la lascivia, diseñaron unas bibicletas especiales para ellas: incluyen una cabina que cubre la mitad del cuerpo de la ciclista, para así no dejar ver las curvas del cuerpo, las cuales se acentúan al flexionar las rodillas (las demoníacas curvas, valdría acotar; las esponjosas y demoníacas curvas). Pero todo eso es para protegerlas. Como cuando el Estado venezolano protege a los niños e impide, por Ley, que exploten su imagen en cuñas de la oposición. Claro, cuando una niña espontáneamente canta loas al proceso en transmisión en vivo y en cadena nacional, ese gesto de amor del pueblo hacia su líder merece la mayor cobertura.

Más de 150 mujeres son detenidas en Irán, todos los días, por no vestir correctamente como lo indican las severas leyes de la Revolución Islámica. Un denominado “plan para la lucha contra el mal velo”, que entró en vigencia el pasado 21 de abril, obliga a las mujeres a cubrirse de los pies a la cabeza. Usar calzado descubierto, que permita ver los dedos de los pies (ese fetiche sexual de algunos, que quién sabe qué abominable acción comete con esos deditos en la intimidad de su recuerdo), o usar ropa ajustada o que deje ver impúdicamente parte de las piernas, son motivos de detención. Las infractoras son conducidas a una comisaría y sólo podrán salir si un representante masculino -padre, hermano o marido- las reclama. Debe ser fácil deshacerse de una mujer en Irán. Con no reclamarla basta para que quede presa de por vida, por el severo delito de instigación a la agresión sexual y al pensamiento lujurioso. Durante el período Jomeini las flagelaban como castigo. El blando de Ahmadinejad (el hermano Ahmadinejad) no se decide a imponer castigos más ejemplarizantes, y hasta ahora se ha limitado a contemplar una charla de adoctrinamiento, impartida por los vigilantes del decoro islámico. Y un discrecional coquito, aquí o allá, que los maridos saben que es por su bien. Es decir, a las iraníes las salvan de la agresión del piropo subido de tono, con la agresión de la esclavitud de unas leyes que no caben en el mundo contemporáneo. Basta mirar una foto, para que cualqueir mujer chavista exija el cese inmediato de las relaciones entre los países. ¡Hermanos pinga!

De vuelta de una visita a Irán, el Jefe trajo la solución para reducir los accidentes de tránsito. Ojalá que no llegue a Consejo de Ministros las estadísticas de agresión sexual contra las mujeres. No al menos, luego de uno de sus viajes al hermano Irán. Porque todos sus allegados saben que, literalmente, su palabra es ley. ¿Se imaginan? Mami, ese chador sí te queda rico.

Cómo estamos de comida

Las motos, como siempre, ruedan por las aceras. Basta el más miserable atascamiento para que ellos tomen su vía alterna, sin asco. Ya los peatones están acostumbrados y se toman la cosa como si de un videojuego se tratara. Los buhoneros echan los modernos containers de Bernal a la calle, porque donde los colocaron, exactamente ahí, van sus puestos. Los autobuses, entonces, para no quedar atrapados entre containers, toman como parada el canal del medio de las avenidas. Eso deja un sólo canal para circular. El truco está, al bajarse del bus, en adivinar de dónde vendrá la moto (puede venir de cualquiera de los dos sentidos) que querrá llevárselo por el medio. Es parte del videojuego. Es parte del nivel de dificultad que se seleccionó. Lo que nadie sabe es quién seleccionó ese nivel tan rudo, tan brutal. Muchos jugadores amateurs se han quedado en la acera por no estar prevenidos. En las avenidas más congestionadas a diario alguien, clavado en la acera, lee en la pantalla que se apaga: Game over.
A golpe de seis, siete, las panaderías y abastos están llenos de jugadores que esta vez sí lograron saltar a la acera. Son los que vuelven de la jornada diaria y deben completar la faena con el pan y el queso de la cena. Ahí empieza el otro malabarismo. Ya sustituyeron la leche por chicha. Mañana sustituirán esa chicha por una vaina de avena que envasan bajo una marca que es como decir las Jaguar de los lácteos. No hablen de granos ni de quesos. Cuando falte el papel de baño hay que huir, caballero, le comentó un cubano que tiene años en Venezuela a un compañero de trabajo. El tipo ve hacia el estanto del papel y ve que todavía hay. Poquito, pero hay. ¿Y pa donde voy a coge yo?, se pregunta. Dentro de un bus, en pleno calor de mayo, una muchacha que viene de pie con sus tacones y su bolso y su termo del almuerzo, le pregunta a un tipo que tiene a un muchachito cargado que por qué la cola estará tan inusualmente larga. No deja de pensar que mientras más tarde más difícil se pone la panadería. Y el callejón donde vive. A los veinte minutos comienza a moverse la cola. Nunca sabrá que una moto militar se atravesó en medio de la avenida por largos veinte minutos, hasta que llegara la comitiva oficial de cuatro blazer que se iban a comer una flecha, en un cruce muy indebido. Las Razones de Estado no están al alcance del populacho. Mientras estuvo la moto atravesada sólo podían pasar motos de la PM (que las usan tipos vestidos de civil para pasear con las novias o llevar a los muchachos al colegio) y todo aquel que tuviera en la cartera algo metálico con la inscripción República Bolivariana de Venezuela.
Los que al fin llegan al barrio se encerrarán y no asomarán ni las cejas por las ventanas. Así se mueran de calor y así lo que haya en el televisor sea otra cadena de amenazas e insultos. Como si no bastara con el jefe gritón. Ahora al barrio no suben los camiones de cerveza, porque los amenazaron con quitarles la concesión. Yno fueron precisamente los malandros. Ahora, para tomar cerveza, hay que sentarse en una tasca de La Candelaria. Coño, ni que fuera diputado, dice un gordo mentando madre y apagando el televisor. Pero es mejor quedarse sano. Cada vez que amanece Radio Bemba da cuenta de otro vecino que se mudó para El Cementerio. Y ni muerto tendrá suerte, porque es muy probable que el Sistema Automatizado del CICPC lo registre bajo el rubro Ajuste de cuentas, y eso no cuenta como homicidio. Es decir, olvídense de averiguaciones, ni de aplicación de justicia. Y en medio de tanto desmadre contenido, en ese mar de coñuesumadre de gente frente a los anaqueles, frente a las motos en la acera, frente a los malandros que se montan en los buses para atracar, frente al televisor con la cadena, frente (aunque disimulado) al jefe que le dice que se tiene que inscribir en el partido de la revolución, frente a este coro gregoriano de coñuesumadres susurrados, un gobierno habla de magnicidio, de que el partido de la revolución va a ser el más grande de Latinoamerica, de que la jornada de ayer fue exitosa, de que la Copa América va a estar del carajo, de que a un viejo que soltaron los gringos va a entrar a Miraflores sigilosamente (como si fuera McGiver) y va a cometer un acto horrendo contra la Patria, de que las horas de estudio de marxismo (y esas no cuentan como horas extras), de que a los Palestinos esto, de que a los hermanos africanos aquello, de que ese ombligo mío sí que es ancho y ajeno… Y mientras celebran la arrolladora inscripción y la bien que la mueven en el ajedrez del mundo, no escuchan lo que en la calle sí se escucha. Y cada vez más. Y a veces hasta de manera inquietante. El que se echa a un lado en estas aceras demenciales y aguza un poco, sólo un poco, el oído, puede escucharlo. Es un ruido sordo, ronco y lejano, que se distingue clarito entre ruidos de cornetas, de gritos, de peleas y desalientos. Un ruido que está latente y que, en el momento menos pensado, se desatará como cuando se abren las compuertas de una represa. Es ese ruido que hace que la gente, sin motivo, compre un paquete de Harina Pan adicional, o que las viejas caminen apuraditas buscando a los lados nadie sabe qué. Un ruido ubicuo que tiene su propio vaivén. Entre los nombres que le dan, hay uno contundente, gráfico: Arrechera colectiva.
Los que lo escuchan llegan a sus casa y preguntan: ¿Cómo estamos de comida?

Viernes en la tarde en un feudo cualquiera

Camarón canta una desgarrada historia de gitanos muertos. Su dolor es tan genuino que sería arduo mantenerse ecuánime. A su lado, robada del mundo, una chica siente que la vida se le va poco a poco en cada suspiro. En el apartamento de al lado, dos muchachos aprovechan que la abuela de ella no pudo con el sopor, para sumergirse en los océanos de sus humedades. Dos pisos más abajo, el tío soltero y desempleado esconde dentro de una revista de sudoku, una más pequeña, poblada por sus fantasías más bizarras, de cuero y dolor y metal; de sangre y fluidos a todo color. En el apartamento vecino una viejita le habla a la malamadre con verdadera preocupación. Desde hace días su salud decae y con ella la de su compañera. Si no mejoras, le dice, yo no sé qué vamos a hacer. Intenta hablarle con autoridad pero lo que le sale es un ruego, un graznido moribundo. El muchacho del primer piso, arrancado de la ciudad en la que vive, insiste en que esos poemas escritos con sus huesos ablandarán el corazón de esa enigmática flaca de la que apenas conoce su nombre. A unos cuantos metros de ahí, en la calle rebosada de ese viernes, entre las motos abusadoras y los buhoneros sin hogar, un muchacho se detiene y finge estar molesto sólo para que la novia lo cubra con los amapuches que saben dar las caraqueñas. Cuando quieren, claro. Una señora sorteando tarantines apresura al chico que trae de la mano, de unos seis años, porque se muere por llegar a casa a bajarse de esos tacones que no ayudan en nada a detener sus várices. Esta noche sí tendrá fuerzas para decirle al marido que ese seguro autobús que siempre lo llevó, decidió hace tiempo andar solo. Dos chicas entran a la panadería y ponen sus caras de duras, porque saben que son la delicia de los panaderos, ninguno de los cuales les llevará más de cinco años, sólo que ellos cumplen jornadas de doce horas y ellas sólo tienen que meter sus caderas en esos pantaloncitos y bajar a mover al mundo, comprando el pan y alegrando panaderos. Un perro, luego de tanto patear aceras sucias, encontró al fin algo digno de mordisquear. En el edificio de enfrente, una señora guardó bajo la almohada el pote de pastillas, porque escuchó que intentaron abrir la puerta. Posterga así, por quinta vez, su sueño más largo. Los mismos borrachos alegres de siempre, paran frente a su ventana el carro, para abastecerse de su combustible, más cercano al etanol que al patriótico derivado fósil. Una cuadra, una calle, una urbanización, una parroquia, una ciudad entera, construida con cientos, miles, millones de razones personales, de ambiciones secretas, de decisiones postergadas, de anhelos lujuriosamente acariciados, de historias propias y no robadas. Y en un punto de esa ciudad, un diminuto monarca, poseso, grita sus delirios a una multitud más bien pequeña. Habla de cosas ajenas a la vida: de imperios, de atronadoras guerras, de juramentos, de delirios faraónicos. Llena el espacio con promesas donde debió poner hechos, felicidades reales. Ajeno a esa ciudad, celebra su historia como si fuera la historia del mundo, junto al puñado de seguidores que, esa tarde de viernes, postergaron sus vidas por lealtad, ignorancia, conveniencia o vacío. Celebra y vocifera ajeno a veinticuatro millones de seres que suelen dedicar los viernes a beber cervezas, amar, escuchar música, llorar, descansar, pelear con la mujer, tomar decisiones trascendentales, darse otra oportunidad, o ver pasar la vida, entre el bullicio y la suciedad y la energía y la incomprensible belleza, que no se arredra ante el avasallante entorno.