Ahora, en Banesco: Depósito a plazo fijo “voluntario”
Una cosa es que en Venezuela la tendencia irreversible sea que el servicio (tanto público como privado), sea cada vez sea más malo, y otra es que los encargados de prestar servicio compitan por la mediocridad en la prestación del servicio y la mala educación y la falta de seriedad y el más absoluto irrespeto al cliente. Pero otra muy distinta es el caso de Banesco, que está pasando de mal servicio a actitud sospechosa.
Hace quince días, alguien intentó sacar su dinero de su cuenta Banesco, en un cajero automático de un banco cualquiera. La operación fue cancelada por el cajero y los 150 bolívares fuertes (que no enriquecen, pero cómo hacen falta cuando es lo último que se tiene para pasar esos días), además de las respectivas comisiones, desaparecieron de su cuenta.
Convencido de que se debía a un pequeño error que se solucionaría apenas se asomara a su banco, se quedó esa noche sin su dinero pero con la esperanza de resolver el asunto en cuanto se dirigiera a la agencia bancaria en la que tiene su cuenta. Al día siguiente, y con la característica displicencia del que no quiere ser molestado por nimiedades, algún funcionarillo menor (en la monstruosa pirámide jerárqueca del banco) le dijo que debía esperar 48 horas para ver si la operación se revertía automáticamente (nunca lo hace, no lo va a hacer y ellos lo saben) y “sólo después de este lapso de tiempo”, es que debía acudir a una agencia a hacer el requerimiento (los mundos militares y banqueros tienen en común el gusto por las jergas pomposas y de ridícula apariencia técnica). Se resigna a esperar ver cumplidas las 48 horas a las que se ve sometido arbitrariamente, pensando que si después de todo ese es su dinero, nadie debería ponerle plazos para devolverle un dinero que le pertenece. Pero, ya sabe cómo funciona el servicio en Venezuela.
Se anota en una lista larga que pone a prueba su paciencia y su civilidad. Es atendido tres o cuatro horas después por una funcionaria que le dice que esas cosas se deben procesar es por este número de teléfono, y le extiende un papelito escrito a mano por ella, y que no podía ayudarlo. Que lo siento. Que (y esto es el colmo del cinismo) si lo puede ayudar en alguna otra cosa… El agraviado se dice que Banesco no va a lograr convertirlo en un energúmeno y trata de mascullar un buenas tardes y se va a su casa a llamar por teléfono (lo que pudo haber hecho cinco horas antes si el funcionarillo se lo hubiese informado cuando le preguntó, dos días antes). Al décimo intento de comunicarse, alguien le ordena anotar un número y le dice que en 20 días hábiles le darán respuesta acerca del destino de sus miserables 150 bolívares ¿fuertes? Es decir: un mes sin derecho a réplica ni explicaciones. Un monto que el banco debería tener como seguro de garantía y devolverlo de inmediato al cliente, porque el mal servicio de las operaciones técnicas es responsabilidad del banco, no de la víctima (perdón, cliente) que tiene su dinero allí, creyendo en la publicidad llena de caras sonrientes que dicen que le van a dar el trato que se merece (¿que se merece? ¿Alguien se merece ese trato?).
La persona espera resignada a que el banco haga uso de su dinero todo ese mes y se lo devuelva (¿se lo devuelva?) cuando le dé la gana, poniendo plazos arbitrarios y sin explicación alguna a la devolución de su dinero. Espera tratando de no impacientarse y, a la semana, recibe una llamada de su esposa desde su celular:
¿Amor? ¿puedes revisar un momentico mi saldo en mi cuenta Banesco?
Sí, el lector es muy astuto. Las novelas policiales ya lo han entrenado a reconocer lo obvio. 200 Bolívares fuertes que desaparecieron de sus cuentas. Otra víctima de Banesco. Otras 48 horas. Otro mes sin por qué. Otra desazón y otra desesperanza y otra percepción de que en Venezuela todo el que puede hace lo que le dá la gana con el tienpo, con el dinero, con la vida de los demás. Que esa potestad no parece ser exclusivamente del gobierno. Que cualqueir que ponga una taguara y se esconda detrás de un empleado anónimo y unas reglas arbitrarias, hcae lo que le da la gana con los demás.
Ahora, sería interesante que Banesco promocionara ese nuevo servicio, para los amantes de las aventuras: la del depósito voluntario. Aleatorio. Un depósito forzado a plazo fijo por 30 días, sin derecho a pataleo, y sin que el cliente y dueño del dinero se gane medio por la operación. Va una propuesta de publicidad:
Si usted es amante de los riesgos y las aventuras, únase ya a Banesco y sude cada vez que va a sacar su dinero de un cajero. Hoy le puede tocar a usted. Banesco, sólo para los que saben que la vida es azarosa.
Qué fácil es ser banquero en la Venezuela del Socialismo del siglo XXI. Por esa falta de controles sobre el dinero de los ahorristas y sobre las normas de operación (siempre favorables para ellos) es que los banqueros son el gremio más silencioso y cauto a la hora de fijar posiciones políticas.
Un gobierno tan paranoico como este, que en todo ve una conspiración, que nunca logró establecer mecanismos de comunicación con la población que lo adversa (lejos de eso, acentuó sus ataques y su acorralamiento a la disidencia), ayer (1 de noviembre) dio dos muestras de su verdadero talante para gobernar, y demostró por qué se quiere quitar de encima el estorbo del debido proceso y la libertad de prensa en estados de excepción (vale acotar que en el traje a la medida que se confecciona Chávez, él puede decir cuándo ameritamos estar ante un estado de excepción). Chávez, como lo ha demostrado durante estos nueve largos y penosos años, desdeña las formas y los trámites que signifiquen control a su gestión. Siempre supuso que gobernar es hacer lo que le da la gana y, como buen malandro, todo el que rechace esa forma de actuar, es un enemigo, catalogado en una de las miles de formas que usa para ello: traidor, apátrida, peón del Imperio, loro del imperio, escuálido, afligido, oligarca… Ayer se demostró lo peligroso que resulta esto para una democracia. Ayer se demostró cuánto está en juego cuando se juntan estos factores. Dos eventos separados representan el mejor ejemplo de cómo Chávez nos pretende gobernar de por vida.
Premio 11 de abril otorgado por 














