La vanguardia democrática

Durante la madrugada del lunes, luego de varias horas de retraso con respecto a sus propias proyecciones, luego de un angustioso silencio y hasta de un altercado con los representantes del NO ante el CNE, Tibisay Lucena anunció en cadena nacional, luego de totalizadas el 90% de las actas, el resultado del referendo sobre la Reforma Constitucional, el primer boletín oficial, arrojó los siguientes números:
Bloque A
NO: 4.504.354 (50.70%).
SÍ: 4.379.392 (49.29%).
Total de votos válidos 8 millones 883 mil 746.
Total de votos nulos 118 mil 693.
Total de votos escrutados 9 millones 2 mil 439.
Bloque B
NO: 4.522.332 (51.05%).
SÍ: 4.335.136 (48.94%).

Ya desde las 10, 11 de la noche, ambos comandos de campaña conocían los resultados. En varias ocasiones, ante el retraso de los resultados oficiales, miembros del comando por el NO afirmaron conocer los resultados y exigieron al CNE celeridad en mostrarlos. Una agencia internacional, ya había comentado incluso la noticia del triunfo del NO, detallando, además, que en Miraflores habían desmontado la tarima que habían colocado en las afueras. Y el CNE seguía en silencio. Y la gente haciéndose conjeturas nada alentadoras. Los síntomas de la derrota gubernamental se leían, sin embargo, en crípticas señales: los canales del estado, al mejor estilo de los “canales golpistas”, transmitían programación variada que incluía comiquitas, mientras Globovisión y (hay que decirlo) Venevisión, estaban atentos al desenlace del referendo. Cuando ya comenzábamos a recordar aquel oscuro madrugonazo del referendo revocatorio, Lucena ofreció los resultados ya mencionados.

Estos comicios tuvieron una abstención de 44.11%, que es prácticamente la mitad del electorado. Un 45% que prefirió no opinar (sea porque fueron chavistas que no quisieron votar ni a favor ni en contra de Chávez; u opositores que no insistían en no querer perder su voto; o porque hay un sector de la población que no entendió nunca lo transcendental de lo que estaba en juego). Sin embargo, no fue el abstencionismo el único escollo que tuvo que superar ese triunfo popular. Una avasallante, costosísima, abusadora campaña oficial intentó venderle al electorado una reforma que no pidió, que no era necesaria y que no lo beneficiaría ni resolvería ninguno de sus problemas más graves: escasez de alimentos, inseguridad, inflación, entre otros.
En los canales estatales de TV, un grupo de estudiosos llegó a contabilizar hasta 53 cuñas diarias a favor del si, muchos funcionarios públicos de alto nivel (el superintendente Vielma Mora, el vicepresidente Jorge Rodríguez, los gobernadores y ministros) hacían actos proselitistas a favor del si, todas las páginas web del gobierno hacían campaña descaradamente, y hasta el Metro de Caracas (otrora inmaculado de campañas políticas) y las edificaciones gubernamentales fueron prácticamente tapizados con pendones y afiches alusivos al si. ¿Cuánto nos costó esa monstruosa campaña? ¿Cuántas casas se hubiesen construido con esa costosísima suma, que incluye los millones de bolívares invertidos en el acto de cierre de campaña por el si, en la avenida Bolívar, con autobuses traidos de todos los rincones del país? ¿Por qué gastar esa fortuna en una reforma que nadie necesitaba y que pocos de los electores del gobierno conocían a fondo, ya que Chávez la convirtió en una elección “entre yo y Busch”?
Eso sin contar con las dificultades a las que se vieron sometidos los observadores internacionales. Carlos Iturgáiz, dirigente del Partido Popular Español, miembro de la delegación de observadores internacionales, afirmó que “nos movemos con dificultad y nos han puesto todos los problemas posibles”, además de señalar que las diferentes delegaciones internacionales están “sujetas a un sistema de acreditación partidista; una acreditación para los que apoyan el SÍ del referéndum, y otra para los que apoyan el NO, mucho más restringida”. O los abusos y presiones a los que sometió al electorado que cerró campaña el pasado jueves, con hasta cuatro helicópteros haciendo un irresponsable juego de amedrentamiento sobre las cabezas de los presentes en la concentración.
Y todo eso con los dineros de todos los venezolanos.

Al reconocer la derrota en cadena nacional, durante la madrugada de hoy, Chávez le dijo a la oposición que supiera administrar esa victoria. Y aunque el consejo vale, cabe preguntarse: ¿Sabrá leer él esa derrota? ¿Sabrá que exigió una lealtad a un electorado que se vio obligado a deslindarse de sus deseos, porque ya es hora de pensar en resolver los problemas reales del país? ¿Nunca entendió que el cierre de RCTV causó molestias en sus seguidores, sobre todo luego de ver la pésima programación del canal que sustituyó al canal más antiguo del país? La palabra arrogancia comenzaba a dibujar un personaje visto como generoso por sus seguidores. ¿Qué hacemos con ese patria, socialismo o muerte que se usa hasta en los cuarteles militares?
Porque una cosa es cierta, aunque el peligro de que Chávez intenté decretar mediante la habilitante algunas de las leyes que quiso meter en la reforma, tres cosas al menos quedaron conjuradas definitivamente: la obligatoriedad del carácter socialista del estado y la sociedad venezolanos, la reelección perpetua y el poder popular no nacido de la escogencia plural y democrática. El “patria, socialismo o muerte” que era la cabeza de playa de su proyecto totalitario deberá ser eliminado de las paredes de los cuarteles y de los comunicados de las oficinas públicas.

Leopoldo López, desde el Comando del NO, les recordó a quienes apoyan a Chávez que este “sigue siendo el presidente, que los queremos abrazar, este es el momento para encontrarnos. A partir de mañana eso es lo que queremos, encontrarnos con todos (…) Se acaba la división y se acaba la fractura en nuestro país”, agregando que “mañana amanece el mismo Presidente, la misma Asamblea, los mismos poderes públicos, y aunque él (Chávez) quiso convertirlo en un plebiscito, el pueblo supo diferenciar entre él y un proyecto de país. Ya basta de conflicto, de un desgaste que nos ha llevado casi al aislamiento internacional”, en referencia al uso que hizo Chávez del tema internacional durante su radical campaña, llegando al paroximo de declarar que si gana el PP en España, los bancos españoles tendrán que irse del país.

Chàvez sabe recuperarse. Eso nadie debe ponerlo en duda, pero algo siempre hemos dicho en este sitio: con el futuro no hay quien pueda. Entre un caudillo premoderno que vive de sueños megalómanos y recuerdas de viejas glorias y una generación rebelde que vive en el mundo actual, la historia siempre se inclinará a favor de lo segundo. Los líderes mesiánicos no pueden durar para siempre sin reprimir, sin exigir sumisión y fidelidad, sacrificando la libertad y, lo que es peor, al individuo.
Ver a un grupo de funcionarios envilecidos, enriquecidos y envejecidos, que ya no suscitaban ninguna emoción, declarando desde el lado del gobierno; y a un grupo de jóvenes de veinte años, llenos de esperanza en su futuro y de creatividad y valor ante los retos que enfrentaban, por el otro, no ayuda mucho al gobierno. El siguiente paso es que el chavismo, que ya le dijo a Chávez que no lo acompaña en todas sus aventuras, entienda que tiene espacio en la construcción de un país plural sin necesidad de desfasadas pesadillas caudillescas.
Volvemos a repetir lo que, con respecto al cierre de RCTV comentamos en este sitio:

¿Bastarán las armas, el dinero y el poder mediático para que una visión medieval de la relación del poder con la sociedad prevalezca sobre la sociedad de youtube, del ipod, del messenger y de los mensajes sms? ¿El líder premoderno con sus historias de su infancia en el campo o la sociedad ubicua y virtual? ¿El jefe militar con sus soluciones militares o la sociedad plural y contestataria con su necesidad de ser escuchada? Definitivamente, nada está escrito. Por el contrario, la historia apenas comienza.

Sin embargo, ya esa sociedad que lucha en absoluta desventaja, conoció su primera victoria.
Nos despedimos, luego de estos agitados días, con una afirmación que hiciera el académico chileno Fernando Mires en relación a estos acontecimientos:

Ellos, disidentes, estudiantes, representantes civiles del orden social, están luchando para salvar una democracia. Su objetivo no es derribar al gobierno, pero sí que ese gobierno se acoja a la constitución y a las leyes. Y vencerán, que duda cabe. Vencerán. Con trampas o sin trampas, son lo mejor de la nación venezolana, y en estos momentos, ellos, sin quererlo, ya son la vanguardia democrática de todo un continente.

Doris Lessing: Mucha gente continúa apostando al fracaso

El periodista venezolano Edmundo Bracho (autor, entre otros títulos, de El oponente, uno de los libros de entrevistas más ambiciosos producidos en Venezuela) entrevistó hace algunos años a la más reciente Premio Nobel de Literatura, Doris Lessing. En la entrevista aseguró que el mundo de colonos blancos explotadores en el que se crió, en su natal Rodesia del Sur (actual Zimbabwe), era tan opresivo que necesitó abandonarlo para poder hacerse escritora. También le confesó que ese mundo era tan indolente, tan frívolo, tan vulgar que se metió al Partido Comunista, a los veinte años, porque entre los militantes del PC encontró gente que “había leído lo mismo que yo”. Luego de haber vivido la Segunda Guerra Mundial, y haber estado al tanto del acontecer político e histórico del siglo veinte, dejó algunas reflexiones interesantes. Acá se pued eleer un extracto bastante significativo:

–¿Considera que la utopía sólo puede construirse en el ámbito de la ficción literaria, de las artes?
–Nuestro mundo social y nuestra historia deja ínfimo espacio para cualquier utopía. El hombre no ha dejado de enfrascarse en guerras desde siempre. Y la guerra trae consigo la mentira. Durante la segunda Guerra Mundial yo pertenecí a un grupo que se reunía semanalmente para analizar las noticias sobre la guerra. Creíamos tener una idea clara de lo que estaba pasando, pero al terminar la guerra nos dimos cuenta de que todo lo que habíamos leído era mentira. Vivimos en un mundo de engaño. Aunque a veces, se dan eventos maravillosos, impredecibles. Como en 1990, cuando recién caía el Muro de Berlín, colapsó la Unión Soviética, se derrumbó el apartheid en Sudáfrica. Nadie pudo prever esta serie de eventos. Y pudimos soñar un rato.
– Es un tipo de sueño diferente al que tenía cuando militó como comunista: ahora dice que eventos puntuales y súbitos se convierten en cuasi-útopicos debido a su carácter imprevisible.
– Sí, y la pregunta que me hago desde hace años es cómo gente inteligente y lúcida creyó en esa psicopatología masiva que es el comunismo. No puedo negar que fue emocionante ser parte de ese grupo en aquella época, y que cuando me reunía con mis amigos creíamos estar salvando el mundo. Pero era pura basura. No tardé en darme cuente de eso. No queríamos ver lo que realmente estaba pasando en el mundo. Nos obsesionábamos con lo que creíamos sucedía en la Unión Soviética. Éramos incapaces de ver que, como todo socialismo, aquello era un desastre, un fracaso.
–Estaban, sin querer saberlo, apostando a un fracaso.
–Bueno, claro. Y lo triste es que aún existe mucha gente que, a pesar de las evidencias, continúa apostando al fracaso, hablando en nombre de un pensamiento progresista, que no es otra cosa que anti-progresista.

El fragmento publicado fue cedido por el autor de la entrevista.

Las revoluciones

Toda revolución que tenga por objetivo fundamental la toma del poder político (es decir, el control de sus conciudadanos; o el control, a secas), tiene de revolución sólo el nombre.
La revolución es permanente transformación. Ideas revolucionando lo establecido. Son nuevas formas de hacer las cosas, nuevas ópticas, que suponen cambios que podrían calificarse de visionarios, de anticipados.
Por tanto, las verdaderas revoluciones son utópicas, están más en el terreno de las ideas que en el de los hechos concretos.
Las revoluciones son insaciables y sólo buscan romper lo establecido.
La revolución es la búsqueda no el resultado. La empresa Google no es revolucionaria, lo es la permanente búsqueda de innovación de sus brillantes equipos de trabajo.
Las revoluciones son, hasta cierto punto, inocentes. La revolución, por ser búsqueda, no tiene por objetivo en sí revolucionar; sino encontrar. Revolucionar es la consecuencia de una actitud.
Copiar una “revolución”, unos dogmas, con el fin de consolidar el poder hegemónico sobre la población, no tiene nada de revolucionario y sí mucho de dictadura, de totalitarismo. De antirrevolucionario.
Establecerse, perdurar, mantenerse, afianzarse, son los verbos menos revolucionarios que existen. Los más reaccionarios.

Tipica “revolución” bananera: Hay que tomar el poder para poder ejercer los cambios que logren una sociedad más justa. Luego, hay que tomar el control total, porque si la reacción tiene un mínimo de espacio desde dónde bombardear la revolución, ésta se verá obligada a desgastarse defendiéndose. Luego, hay que tomar el control de la región en pleno, porque el imperio buscará sabotearlas desde los países que controla, por lo que hay que llevarla al continente todo. Luego, mientras el imperio exista no será posible la revolución, ya que aquel siempre podrá ejercer su influencia para impedirla. (Desde el punto de vista de lo insaciable y lo de permanente búsqueda, esa es una revolución. Lo único es que jamás va a resolver los problemas del pueblo, ni a lograr equidad social, ni aligerar las necesidades de los más necesitados, ni nada).
Si alguien habla del control político y luego habla de revolución (o viceversa) o se contradice o miente, que es lo mismo.
La “revolución” venezolana es tan reaccionaria, que aspira a un poder absoluto sin controles. El gasto de las monarquías europeas está controlado por el parlamento. Sería, en vez de revolución, la monarquía más absoluta de que se tenga conocimiento en la actualidad.

Las revoluciones son posibles básicamente en el terreno del arte, del pensamiento, de las ideas. Un pensamiento único, una sociedad con acceso restringido y filtrado sobre los acontecimientos que la rodean, jamás podrá producir revoluciones.

El subrayado es nuestro

A veces uno se niega que hasta el propio pensamiento lo tengan colonizado. A veces uno se harta de la prensa y de las infinitas muestras de arrogancia de los que detentan un poder temporal. A veces vale recordar que el país seguirá en pie después de ellos (como lo estuvieron todos los países luego de tantos salvadores de la patria y tantos alucinados). A veces uno se acuerda de que las naciones no son los edificios que albergan las instituciones públicas ni las arcas del Estado; que hay algo más allá, inmaterial, inasible, que seguirá allí cuando los lunáticos se encuentren con su pared, con esa pared inmensa que los esperó pacientemente desde cuando se creían inmortales. En esas ocasiones, se acuerda uno de que hay cosas imperecederas y superlativamente más importantes. Está la literatura, por ejemplo, con esa magia cotidiana de todos los días; con ese universo vibrando latente en cada línea, esa que hace que tu vida cambie para siempre a partir de ese encuentro. Por esa inmensa esperanza, por esa devoción que tenemos en suerte, abrí ahora “El subrayado es nuestro“. Allí estarán mis notas sobre literatura, las presentaciones y reseñas que he hecho, mis impresiones sobre los libros que estoy leyendo, las citas que dejan su sabor en el recuerdo, todo lo que -por formato o enfoque- no cabe en Ficción Breve Venezolana. Allí estarán esas notas, públicas gracias a la revolución del internet, para el quiera conversar sobre esos temas. Bienvenidos desde ya.

La guerra / la bandera

Ya lo había advertido Paul Valery: La guerra es una masacre entre gentes que no se conocen para provecho de gentes que sí se conocen pero que no se masacran. Es un viejo expediente, llamar a la guerra. Y un negocio, también. Un jugoso negocio. Curioso, ¿no? Nuestro líder denuncia a los cochinos perros de la guerra americanos, y va y se abastece de armas con los cochinos perros de la guerra rusos. Y es que, ya se dijo, la guerra es un expediente muy útil. Pero peligroso, también. Si no, pregunten a Galtieri, que de muy poco le valió arengar al pueblo oprimido con aquello de que “Las Malvinas son argentinas”. Sí, siempre el nacionalismo funciona. Es de los recursos más eficaces, combustible barato para almas baratas. Por ahí, por exaltar el nacionalismo, se empieza. Un enemigo común, preferiblemente poderoso. Luego, se amalgaman los símbolos de esa unidad. Ya empezamos: en el metro ponen cada dos canciones la horrible gaita de la bandera. “Quien voltea a su bandera / no es un buen venezolano / se comporta cual villano / y no quiere a Venezuela”. ¿Habrase visto revolucionarios más mojigatos, ridículos, cursis, reaccionarios y conservadores? Si hasta se parecen a las viejas maestras que presidían la Sociedad Bolivariana. ¿Para eso dimos tantas vueltas? Cursi e hipócrita: Prefiero ver banderas volteadas y no erarios públicos volteados en bolsillos de boliburgueses que entonan el Patria, socialismo o muerte.
¿O es que la ridícula cancioncita es parte de un plan preparatorio? ¿Será la carta bajo la manga para atascos y resabios libertarios? ¿Será por eso que compramos a Rusia cinco submarinos en vez de darle casitas a los más pobres? ¿Será por eso que en vez de contratar más obreros para hacer carreteras aumentamos la reserva militar? Oteamos en el horizonte, a la espera del ejército invasor y resulta que entró en la noche: miles de funcionarios cubanos trabajando en los cuarteles, en las aduanas, en las telefónicas, recibiendo órdenes directas de La Habana. Ya tomaron sus posiciones y no pudimos hacer nada. No en vano Bierce escribió que la guerra se complace en venir como un ladrón en la noche; y la noche está hecha de promesas de amistad eterna.
Y seguimos oteando el horizonte en espera del invasor: Con nuestros helicópteros nuevos, nuestros submarinos en su caja y nuestros fusiles a la espera de ser repartidos a la población que ondeará su bandera y dará su sangre por ella. Las casa, las carreteras, los hospitales, las escuelas y ateneos, eso puede esperar para tiempos mejores. Ahora sólo se escuchan cánticos de guerra. Arengas y dianas. La cuadra, la urbanización, la ciudad, el país; todo es un cuartel. “Ni aún podemos optar entre vencer o morir”. La paz puede esperar…

En estos tiempos idiotas, vale la pena abastecerse. Pero de claridad: Leer El diario de Thura, por ejemplo. O ver Nacido el 4 de julio. Son miles las historias que nos recuerdan como Valery, que el que convoca a la guerra no va a la guerra. Leer y ver. Y escuchar a Jorge Drexler, recordando lo obvio:
La guerra es muy mala escuela…



…No importa el disfraz que viste
Perdonen que no me aliste
Bajo ninguna bandera
Vale más cualquier quimera
Que un trozo de tela triste

A un mes del cierre (opiniones diversas)

El día antes. Reitero la preocupación que he venido manifestando desde hace varios meses por las declaraciones de altos funcionarios públicos conforme a las cuales los motivos de la decisión podrían incluir la línea informativa del canal. La línea editorial de RCTV ha sido cuestionada de manera pública por las más altas autoridades. No se deben tomar decisiones que impliquen políticas discriminatorias por la línea editorial de los medios de comunicación, pues con ello se atenta contra la libertad de expresión. Asimismo, me preocupa el impacto de la decisión en la situación general de la libertad de expresión en el país. Ignacio Álvarez (Relator Especial para la Libertad de Expresión de la CIDH)

El cliché más gastado. En Venezuela no se están cerrando medios. Eso es mentira. ¡Digan la verdad! Aquí lo único que hay es la no renovación de una concesión. Wiliam Lara (ministro de Comunicación)

Preciso. Más allá de la legalidad o no, en lo que queremos hacer énfasis es en que se está violando la Declaración de Chapultepec, en lo relacionado con el hecho de que la renovación de las concesiones no debe ser un castigo o un premio por su línea de información. Gonzalo Marroquín (Vicepresidente de Libertad de Expresión de la SIP)

Y él no es fascista. Nuestro socialismo necesita una hegemonía comunicacional y todas las comunicaciones tienen que depender del Estado como bien público (William Izarra, ideólogo del gobierno)

Cerca de la anhelada hegemonía. Puedes hacer una prueba, prende Venezolana de Televisión (VTV) y tienes Aló Presidente; a las 9 de la noche el canal de la Asamblea Nacional (ANTV) a esa hora está pasando Aló Presidente, Telesur pasa fragmentos de Aló Presidente, en Ávila TV y Vive TV están pasando Aló Presidente, y si te tomas la molestia de sintonizar algunas emisora comunitaria, verás que están pasando Aló Presidente, es decir, no hay una democratización, sino lo que hay es un monopolio de la palabra. Marcelino Bisbal (director del programa de posgrado de Comunicación Social de la Universidad Católica Andrés Bello).

Ilusiones. Cuando veamos los numeritos muchísima gente se sorprenderá. Cuando se cuenta con una televisión que entretiene, respeta y dignifica, se logran éxitos en el rating. Jorge Rodríguez (vicepresidente ejecutivo)

Desengaños. La audiencia de TVES no alcanza por supuesto, nunca al nivel de lo que es hoy Venevisión. Jesse Chacón (Ministro de Telecomunicaciones, a casi un mes de la salida de TVES). 

La izquierda suramericana. Ustedes saben que para Chile la libertad de expresión es la regla de oro, dada nuestra historia política, por lo tanto, garantizar libertad de expresión es un elemento principal. Michelle Bachelet (presidenta de Chile)

La arenga al viento. ¡Tú hermano que estás allá en los cerros de Caracas, en Petare, en Catia, 23 de Enero, aquí en Vargas sí tuviéramos que lanzar otro 13 de abril yo comandaré el 13 de abril (…) para defender nuestra revolución de esta nueva arremetida fascista! (…) Alerto al pueblo y a los enemigos de la patria, a los que están detrás de las bambalinas, lo digo con nombre y apellido: Globovisión. Hugo Chávez (presidente de Venezuela, a propósito de las primeas manifestaciones populares de apoyo a RCTV).

El odiado imperio. La decisión del presidente Hugo Chávez de no renovar la licencia de Radio Caracas Televisión para silenciar críticas, es exactamente el tipo de acción que levanta preocupaciones sobre su liderazgo. Nancy Pelosi (presidenta de la Cámara de Representantes de Estados Unidos)

No sólo fascista sino además de la corriente talibán. No podemos hablar de conciliación con sectores que están conspirando y que no han querido entender que tenemos la mayoría. El sábado mostraremos al mundo que una fuerza mayoritaria respalda el proceso. La minoría tiene que aprender a vivir en democracia. Si no ha aprendido, entonces con la presencia del pueblo en la calle deben aprender, el pueblo le dará un ejemplo. Darío Vivas (diputado del gobierno, antes de la concentración oficialista más pobre de los últimos años)

Aunque tímido irrebatible. La democracia permite que la prensa diga lo que mejor le parece, en el momento que mejor le parece, y ser juzgada por el único juzgador: los oyentes, los telespectadores y los lectores. Luiz Inacio Lula Da Silva (presidente de Brasil)

De tal palo… Este gobierno sería un grandísimo irresponsable si le renueva esa concesión a un operador de telecomunicaciones que se ha portado como RCTV, que ha estado detrás del golpe continuado permanentemente. Andrés Izarra (presidente de Telesur, e hijo de William Izarra)

Antes hermanos ahora neocolonialistas. Hemos expresado nuestro deseo y nuestra voluntad de que se pueda volver a obtener para todos aquellos venezolanos que quieran utilizar los espacios informativos las garantías de libre información y expresión. Miguel Angel Moratinos (Canciller español)

¡Otra amenaza más! Una concesión puede terminar incluso antes del tiempo establecido por violaciones a la Constitución, a las leyes, por el terrorismo mediático, etc., hay muchas causas. He hecho un llamado a medios de comunicación privados, sobre todo a los que se prestan a la desestabilización y al golpe suave. No se equivoquen, miren bien a dónde van a a llegar porque si la burguesía se desespera y continúa arremetiendo contra el pueblo venezolano, seguirá perdiendo sus reductos uno a uno. Hugo Chávez (en clara alusión a Globovisión)

Un razonamiento frío. La mayor prueba de una democracia es la libertad de crítica. Por más desagradable que resulte ser criticado, la crítica da fe de una democracia que funciona y de una verdadera libertad de expresión. Jonas Gahr Store (ministro de Relaciones Exteriores de Noruega)

Descendiente de El Zorro. No está justificado el cierre de ningún medio de comunicación social y en el caso de RCTV no existe justificación. No es razonable (…) porque nosotros no somos partidarios de este tipo de acciones. María Teresa Fernández de la Vega (vicepresidenta española)

¿Cómo hay gente que no razona esto? El Partido Socialista se extraña de que estas graves acusaciones no hayan tenido desde el 22 de abril de 2002 consecuencias legales ante los tribunales competentes. Ante la ausencia de una acción judicial la no renovación de la concesión a RCTV aparece como una sanción política que afecta el derecho de expresión. (Comunicado de la Secretaría Internacional del Partido Socialista de Francia)

¿Me estás amenazando? Las inquietudes de la sociedad radican en acumular libertades civiles. Cerrar un canal con un amplio share, genera un rechazo de casi 80%. Si se llegasen a repetir acciones que toquen las fibras emocionales como esta medida, sin duda alguna la figura presidencial puede quebrarse, incluso activar la bomba de tiempo en las zonas donde el oficialismo acumula mayorías. Oscar Schemel (presidente de la encuestadora Hinterlaces)

El aprendiz de brujo. Les digo muy claro, si después de probar que un canal apoyó un golpe de Estado y que estuvo al lado de los golpistas, como lo hizo RCTV en Venezuela, yo cancelo ese canal automáticamente. Rafael Correa (presidente de Ecuador)

¿Y dónde está el juez?, parte XIV. Radio Caracas Televisión estuvo involucrada en el golpe de Estado, allí se ha debido haber cerrado luego de ese golpe y se tuvo la paciencia infinita durante cinco años, y resulta que no se modifica la actitud. Hay una concesión y se terminó esa concesión, esa es una atribución del Estado venezolano, es una atribución que tiene que ver con nuestra soberanía nacional. Aurora Morales (diputada)

Los otros son los buenos estudiantes. Entonces, como no tienen las mismas intenciones, como no son serios, como no se han comportado como personas que se ganen la confianza de las instituciones del Estado, porque siempre trabajan con cartas tapadas y con cartas bajo la manga, lo que andan tratando es de subvertir el orden interno. Pedro Carreño (ministro del Interior, en ingenioso y críptico trabalenguas para referirse a los estudiantes venezolanos)

Pero si yo no he dicho perro. Vivimos los tiempos de la vergüenza y el terror, de la corrupción y la guerra, del olvido, de la xenofobia, de las mordazas, de las mentiras, por eso generar un discurso sectario y excluyente para encadenar conciencias, reivindicar la exclusiva de la salvación, considerarse superior y heredero legítimo del patrimonio ajeno o convertir en mesiánicas las sentencias humanas son algunas de las fuentes de la violencia que día a día amenazan a muchos pueblos. Baltazar Garzón (juez español)

Lucidez intelectual. Cada vez que los gobernantes han hablado de democratizar los medios, la libertad de expresión ha entrado en receso y ha desaparecido. Mario Vargas Llosa (escritor)

Otra del fascismo: tener siempre la verdad de su lado. Llamamos a los periodistas y a todos los venezolanos para que este miércoles nos acompañen a celebrar el rescate del espectro radioeléctrico (…) para demostrar -de una vez por todas al pueblo y a aquellos que no quieren ver la realidad del país- por dónde andan los periodistas que creen en la ética y en la verdad. Marcos Hernández (presidente de Periodistas por la verdad, asociación no gubernamental, pero pro-gubernamental)

El alto precio. Tengo la impresión de que con el caso de Radio Caracas Televisión se ha modificado la forma en que el resto del mundo ve a Venezuela, no sólo los demás gobiernos, sino la opinión pública. El hecho de que el canciller español, antes considerado amigo del proceso chavista, haya tenido que pronunciarse en esa forma, expresando su preocupación por la libertad de expresión en Venezuela, es una prueba de ello y de que en el ámbito europeo ningún país puede sustraerse de la crítica. Demetrio Boersner (internacionalista)

Equilibrio informativo. Cabe señalar que los mensajes gubernamentales ocuparon 8% de la programación superando a los noticiarios (6%), es decir, que la propaganda gubernamental en 42 horas de análisis es más importante que los espacios informativos. Gustavo Hernández (director del ININCO, luego de una evaluación hecha a TVES)

Casi los escucha el invitado. Consideramos "especialmente preocupante" el hecho de que la decisión de no renovar la licencia a RCTV fuera adoptada por un decreto presidencial, por lo que la emisora no puede recurrirla. Federación Internacional de Periodistas -FIP- (posición leída durante su Congreso Mundial, en Moscú)

¿Tú también me amenazas? Chávez en algún momento tendrá que pagar lo que ha hecho. Lech Walessa (Premio Nobel de la Paz)

El verdadero golpe. Normalmente los padres suelen reprender a sus hijos prohibiéndoles ver la televisión, sin embargo los cubanos, cuando sus hijos se portan mal, los amenazan con obligarlos a ver la televisión estatal. Chávez ha cometido un grave error al cerrar un canal opositor que llevaba medio siglo al aire. Guste o no, esto no fue un ataque al poder mediático capitalista sino un golpe a la identidad cultural venezolana que tendrá severas implicaciones sobre su Gobierno. Pretender sustituir las telenovelas y el entretenimiento de los pobres por una patética programación "revolucionaria" es tan grave como dejarlos sin comida. Joaquín Villalobos (ex-líder guerrillero centroamericano)

La ventana cerrada. La gente más pobre, la que vive en los barrios, está sometida a un estado de sitio que le obliga a estar en casa desde la tarde. En esa televisión abierta tiene acceso a información y a entretenimiento gratuitos. Por eso esta medida es perversa, porque afecta a ese colectivo. Esto sigue teniendo impacto porque la gente se ha quedado sin nada. Oscar Lucien (Cineasta y experto en comunicación)

Tatuajes de ciudad (*)

Portada de Tatuajes de ciudad

Probablemente el primer concurso literario del que se tenga conocimiento, o el antecedente más remoto de concurso que haya llegado hasta nosotros, sería aquel que, hace muchísimos años, protagonizara una virgen de apetitosas formas (al menos así me gusta imaginarla) que respondía al musical y misterioso nombre de Scheherezade. Un concurso con un único participante, un único juez y un premio de nula recompensa en metálico, pero de inestimable valor: Mientras convenciera a ese juez de sus dotes literarias (mientras no lo aburriera) seguiría conservando la cabeza sobre sus hombros. Según cuenta la historia, así lo hizo durante mil y una noches, asegurándole al Sultán Shahriar, al amanecer de cada una de esas jornadas, que la historia no sólo continuaría, sino que además prometía prodigios mayores y más fantásticos.

Ese remoto precursor, ese hechizo en frágil equilibrio, esa vertiginosa metáfora de la historia que pende de una tensión en perpetuo incremento, legado de la mitología Persa, nos deja invalorables pistas para abordar el arte de escribir cuentos para concursos. Una de ellas podría traducirse como: "el más mínimo parpadeo de tu historia bastará para que estés muerto". Otra, más inquietante, radicaría en el hecho de que nunca sabrás cuál es el motivo que te mantiene con vida, ni cuál el que te sacará del juego. Pero hay una fundamental, amenazadoramente tangible en el caso de la maliciosa virgen (que dejaría de serlo, por cierto, para convertirse en reina): se debe escribir como si es la vida lo que está en juego. O, como sentenciara aquel alemán misógino y amargado (disculpen la redundancia): "Entre todo cuanto se escribe, yo amo sólo aquello que alguien escribe con su sangre".

Aunque para nuestra fortuna las condiciones han cambiado ostensiblemente, el fondo del asunto permanece inalterable: Como nos lo recordara Bolaño, en los concursos literarios se dispone de un sólo cartucho para llevar a casa la cena, y hay cientos de cazadores hambrientos tras el esquivo y apetecible búfalo. La puntería, el pulso, la serenidad, dirán quién se acuesta esa noche con el estómago lleno y quién deberá esperar hasta la próxima.

Y, con todo lo frustrante que puede resultar la experiencia para esa inmensa mayoría que vuelve a casa derrotada, los concursos literarios no pierden su irresistible encanto. A pesar de lo duro que resulta acumular participaciones fallidas y lo injusto que resulta enfrentarse al veleidoso gusto de un tercero, que termina imponiendo sus prejuicios y sus caprichos. Y no pierden su encanto porque la literatura es, también (y aquí estoy tentado a agregar básicamente), un hecho social; y porque escribir bien supone necesariamente seducir. Por tanto el escritor, sobre todo el escritor principiante, necesita exponer sus textos al juicio de alguien con un poco más de objetividad que la novia o la mamá. Con los riesgos que entraña la derrota que, según dicen, enseña más que la victoria; y a pesar de lo sensible que suele ser el ego durante los inicios. Todo, tras esa remota esperanza de seducir a ese exigente verdugo que perdonará una sola vida. La vida que, en rito ancestral, invocará al espíritu de la astuta Scheherezade en cada nuevo veredicto. "Entre todo cuanto se escribe, yo amo sólo aquello que alguien escribe con su sangre", piensa, casi sin darse cuenta, el verdugo de turno. Y emite su dictamen.

Es muy común escuchar, entre autores desconocidos, la amarga letanía de que "en este país si no eres conocido no te publican". Cuando los escucho me limito a responder indistintamente con alguno de estos verbos: Concursa, exponte, asómate, insiste. Los que así se quejan desconocen uno de los capítulos clásicos en la historia de la literatura universal. Desconocen que grandes obras fueron tajantemente rechazadas por grandes editoriales. Que nombres de mitológica estatura se toparon, y no una vez, con los prejuicios y caprichos de avezados editores. Que ningún camino que no haya proporcionado angustias, frustraciones, alegrías, obsesiones, insomnios, borracheras y cuestionamientos a la moral propia, vale la pena transitarse ni produce nada que se sostenga en el tiempo. Que el camino de la literatura, por modesto que sea, se hace de la suma de esas dolorosas derrotas y esas pequeñas pero merecidamente celebradas victorias. Que se concursa más por un ejercicio de temple y resistencia, que en busca de reconocimiento. Que no existe otro método que ese de hacerlo cada vez mejor, y en eso los concursos son herramientas inigualables, porque obligan a medir la evolución del trabajo propio con el de los contemporáneos. Sobre todo en esa etapa en que creemos que todo cuanto escribimos es maravilloso.

Y es por un concurso, precisamente, que estamos reunidos esta noche. Por un concurso y sus resultados. Por ese concurso y para celebrar el libro que documenta su historia. Un libro que aglutina cinco ediciones, y manifiesta un compromiso. Ya el nuevo formato nos da indicios acerca de cómo el Concurso Nacional de Cuentos de SACVEN quiere ser un militante activo de este buen momento que vive nuestra narrativa. Un concurso nacido al calor de las más recientes generaciones. La bitácora de un proyecto que ha recibido mil cuentos participantes en sus cinco ediciones. Apenas uno menos que en la vieja leyenda Persa. Mil historias que han querido seducir, mil cartuchos en cacería, mil textos que han dejado, con mayor o menor eficacia, su testimonio de una ciudad, de un país, del imaginario en movimiento de una generación. Mil cuentos representados en los 47 textos que componen el volumen, constituido por los ganadores y finalistas de esas cinco primeras ediciones, los cuales exponen sin complejos una gran diversidad de estilos, tendencias, búsquedas estéticas y temáticas. Un libro al que se podrá acudir cuando se esté tras los inicios de muchos nombres que conformarán el panorama narrativo venezolano de los próximos diez años.

Aunque institucionalizado en nuestro ámbito literario, el Concurso Nacional de Cuentos de Sacven tiene la ventaja de que su corta existencia permite que Tatuajes de ciudad ofrezca un panorama bastante homogéneo de la narrativa emergente venezolana. Y además contribuya, junto a otros proyectos nacidos durante la última década (el Concurso de Autores Inéditos de Monte Ávila, El Concurso Literario Universitario, la Semana de la Nueva Narrativa Urbana y los cientos de páginas y blogs que están cambiando la cara a la discusión y la difusión literaria en nuestro país) a armar el mapa de la narrativa venezolana de las décadas futuras.

Y es por eso, y por la fe inmensa que tengo en la literatura venezolana, por sus ganas, por la seriedad con la cual asume su oficio, por esa generación que sabe de dónde viene y honra sin mezquindad su propia historia, que celebro el motivo que esta noche nos reúne. 

En adelante, sólo resta reencontrarnos con el milagro cotidiano del vino, seguir participando y seguir celebrando la consolidación de más espacios para la literatura.

* Palabras de presentación de Tatuajes de ciudad, edición especial de ls diez años del Concurso Nacional de Cuentos de SACVEN

El mundo no sabe detenerse (comienza la batalla final, y parte 7)

Quienes esperan cosechar las bondades de la libertad deben soportar la fatiga de defenderla / Thomas Paine

Y esa generación del 2000, ese sector de la sociedad que, como colectivo, se había mantenido en silencio durante estos ocho años de gobierno de Chávez, hizo su contundente aparición. Y el gobierno no ha podido estar más desconcertado. Para empezar, todos esos jóvenes eran niños o adolescentes cuando Chávez llegó al poder. Muchos no han podido tener una visión crítica de gobierno anteriores, más allá de las referencias de terceros. Y en eso el gobierno creía que ya había hecho el trabajo de reinventar la historia. Si hasta el calendario escolar oficial, inventado por Aristóbulo Istúriz, incluía la celebración a la gesta heroica de Chávez el 4 de febrero, en contra del gobierno dictatorial de CAP, por nombrar una perlita (vamos, CAP no es una joya, pero fue defenestrado políticamente y salió del poder sin intentar maniobras en contra del hilo constitucional). Ocho años de hablar del puntofijismo y de las cúpulas podridas. Ocho años hablando de los lacayos del imperialismo y de los gobiernos apátridas. Ocho años hablando de la revolución bonita, para arrullar a estos niños con el alimento de sus fuegos épicos, para que vengan a salir con esa.
Al día siguiente al cierre de RCTV comenzaron las manifestaciones. Las primeras fueron marchas casi espontáneas (diga lo que diga el gobierno, de ese rayado disco de un agente de la CIA repartiendo cestatickets en los pasillos de Ingeniería), que probablemente hubiesen perdido su fuerza de manera inercial de no haber sido por: a) la represión de la cual fueron objeto en un inicio, y b) el torpe manejo del gobierno, que las satanizó con un lenguaje soez y agresivo. Ambas cosas condujeron a que las protestas encontraran nuevas razones para existir, y que ya estén en su tercera semana, cada vez más numerosas, cada vez más organizadas, cada vez más ingeniosas.
El gobierno, torpezas van, torpezas vienen, apeló a los habitantes de los cerros a que combatieran a los estudiantes, insultando la dignidad de los más pobres, al insinuar que, por ser pobres, eran perros de presa, brigadas violentas delincuenciales dispuestas a agredir a alguien que no les ha hecho nada, tan sólo porque esa era la voluntad del amo. Craso error cometió Chávez, al dejarse ver las costuras sobre el valor estratégico que ve en los más pobres. Ya saben para qué les pasa la mano y les alimenta el odio y el resentimiento: para que sean un fuerza de combate incondicional, dispuesta a hacer el trabajo sucio que no le quedaría bien, ante las cámaras del mundo, a efectivos uniformados. Pero no previó dos cosas: que la gente se dejará comprar un rato, pero su dignidad tiene su punto de reacción, y que los niños más queridos de todos los barrios, las envidias de todas las doñas, la esperanza de los más pobres, son los muchachos que llegaron a la universidad. Son lo que pudo haber sido y no fue para muchos. Los que aprendieron a triunfar respetando las leyes del juego, sin trampas ni arrebatones. ¿Atacarían los barrios a los hijos pródigos, a los futuros ingenieros, a los médicos, a los abogados en los que el pueblo ve lo mejor de sí mismo? Qué poco conoce Chávez a ese pueblo.
Luego, al ver que no hubo ataques masivos contra el estudiantado, insistió en sus gastados métodos (ancianos, envejecidos métodos, pese al poco tiempo). Cada vez que la sociedad civil le reclama asuntos específicos, cada vez que la población le pone un freno a sus abusos, llama a concentraciones oficialistas (al estilo Castro) para intentar apabullar con número y descartar cualquier necesidad de diálogo, de entendimiento con el colectivo. Miles de empleados públicos, beneficiarios de las misiones (muchos de ellos obligados) y simpatizantes radicales, son llamados a la avenida Bolívar, un corredor vial no muy ancho en el que acaso caben 150.000 personas, y una vez frente esa marea uniformada de rojo, se emborracha la vista y, en su delirio, acentúa su radicalismo, se envalentona, amenaza, y profundiza el error que produjo el conflicto inicial. Las tácticas son las mismas. Ya no hay novedad ni creatividad. Autobuses venidos de todas partes del país. Globovisión dando con las decenas de autobuses estacionados en las calles adyacentes y mostrándolos en cámara, reparto de franelas rojas, "pase de listas" en los puntos de concentración de los entes públicos, uso de todos los bienes del Estado a su alcance (camiones, autobuses, sedes, partidas presupuestarias) y, una vez embebido de soberbia ante la masa anónima que plebiscitariamente le da la razón (eso es lo que se pretende hacer ver) sigue avanzando en su proyecto pretendiendo aplastar las distintas voces, borrar el detalle, desdibujando las necesidades reales de la gente, la fibra de la ciudadanía.
Esto, que ha hecho Castro durante 50 años, para callar las voces de los disidentes, de los presos políticos, de los pisoteados por las brigadas de choque (CDR) es lo que han aplaudido, sistemáticamente, inmoralmente, durante años, ciertos intelectuales de la rancia y oxidada izquierda europea y latinoamericana, y los jóvenes radicales de cada generación que, a lo largo de estos cincuenta años, han crecido con esos entusiasmos castristas y se han hecho adultos descubriendo que fueron cómplices de la última dictadura del continente (por ahora).  Es la lucha entre el siglo XIX y el siglo XXI. ¿Vencerá en Venezuela, como venció en Cuba, ese pasado? Cuando se instauró en Cuba nos encontrábamos a mitad del siglo XX. En Venezuela nos agarra en el albor del siglo XXI. En Cuba la hicieron muchachos de veinte y treinta años (que envejecieron, sí, en el poder, deteniendo al país entero en esa época), que no se dan cuenta que son el pasado. En Venezuela, en cambio, la dirigen militares reaccionarios por naturaleza y ñángaras sesentosos que se quedaron anclados en el paleolítico. Venezuela, pese a Chávez, llegó al siglo XXI. No había manera de no hacerlo, somos un país snobista por naturaleza, con una costa inmensa y a dos pasos de Panamá, la ruta obligatoria de toda la tecnología que produce el mundo moderno.

Alguien comentó en una ocasión que, en cuanto mandas tu primer mensaje SMS y recibes respuesta, en cuanto ejerces ese inocente prodigio de la era de las telecomunicaciones, tu vida cambia radical e imperceptiblemente, y asistes a un antes y un después de la Humanidad: entras al siglo XXI. La era de las comunicaciones. ¿Cómo se puede, en la era del chat, del skype, de la webcam, del youtube, de los SMS, de los celulares con conferencia, de los blogs (todo esto muy económico, al alcance de una porcentaje altísimo de la población mundial, democrático y de acceso libre); cómo se puede, entonces, sostener un régimen en el que se pretende dirigir las comunicaciones y filtrar las contenidos? ¿Cómo, pretender acabar con la multiplicidad, la diversidad, para imponer un canal único, unidireccional de comunicaciones, para establecer un pensamiento único? Los gobernantes de estos tiempos, forzosamente (y no precisamente porque lo deseen) tienen que ser más democráticos, más inteligentes, más amplios. Ya no hay un sólo canal, un único medio. Las comunicaciones se han vuelto ubicuas y, lo más importante, multidireccionales. RCTV, que es una forma vieja de comunicación (la televisión unidireccional de señal abierta: un emisor incansable y un receptor pasivo), aunque no representa la realidad de estos tiempos, sí simboliza el más alto valor de la población del siglo XXI: la comunicación. Esa es la necesidad más sensible y la que cuidan más los ciudadanos de estos tiempos. La diversidad, la posibilidad de escoger entre los cientos, miles de caminos y de vías, por dónde le llega la verdad que desean conocer. Atrás quedaron los "padrecitos" que decidían por nosotros que era lo que debíamos saber. El conflicto que se plantea se parece más a la trama de la película Matrix, que a la guerra fría. El anarquismo, la guerilla urbana, la insurrección civil no se hará con armas, se hará con instrumentos de comunicación. Por eso China comienza a ablandarse y deja que la gente se distraiga haciendo dinero, por eso Cuba es una pesadilla digna de museos del horror, por eso Irán protege (en vano) su oscurantismo de las corrientes modernas de Occidente. Por eso en Venezuela el conflicto se desató por, precisamente, un canal de televisión, un medio de comunicación. En adelante se iniciará una larga lucha. ¿El líder premoderno con sus historias de su infancia en el campo o la sociedad ubicua y virtual? Tarde o temprano prevalecerá, inevitablemente, lo segundo. La sociedad moderna, adulta e hiperinformada. La sociedad libre y, por tanto, responsable de sus actos.
Chávez viejo, con sus historias de comer mango en una mata cuando era niño, tutelado por un fósil como Fidel Castro, cuyo conocimiento del mundo no basta para entender las realidades modernas, no llega al meollo de las aspiraciones de ese sensible sector de la sociedad: los jóvenes. Por eso sólo les resta reprimir. Militar frustrado de verdaderas batallas, cree que las batallas son concentraciones de ejércitos que se confrontan, en las que vence el que tenga más soldados y menos escrúpulos.
Y en esa lucha los estudiantes se han vuelto profundamente subversivos a los planes oficiales, porque están apuntando a cambiar los referentes que le han resultado exitosos a Chavez. No es una lucha de este contra oeste. Ni de pobres contra ricos. O de revolucionarios contra escuálidos. Se trata de que ya Chávez no le habla a los jóvenes. No los puede conmover. No produce pasión con ese discurso de la unicidad, la patria y el imperialismo (a los chavistas les encanta viajar a Nueva York a deleitarse con las últimas novedades de los colosos Estados Unidos y Japón). Ese discurso del enviado de Dios. Pero esta generación cree en muy pocas cosas. Su derecho a decidir, es una de ellas. Que no los jodan de más, es otra. Que ser competitivo pasa por ser mejor persona puede que sea otra. Pero Chávez los aventó a la militancia. La de pelear por el derecho a decidir. Ya se declaró la ruptura, se dibujó la grieta. Ya no se trata del cuento del lobo. Ya dio el primer paso. En adelante sólo se trata de una lucha entre un estamento envejecido y un mundo que es capaz de equivocarse pero que no sabe detenerse. Nunca.

Tves muy sospechoso (comienza la batalla final, parte 6)

Mientras avanzaba el 2007, los ataques contra RCTV arreciaban en la misma medida en que la omisión del nombre de Venevisión en el tema del golpismo mediático se hacía cada vez más evidente. Atrás quedaría, en el discurso oficial y en el imaginario del chavismo, las alusiones a Venenovisión y el difuso recuerdo de una reunión solicitada por el magnate cubano Gustavo Cisneros a Chávez con la mediación del ex presidente estadounidense Jimmy Carter. Reunión, por cierto, de la cual nunca se supo mucho. Chávez, que desconoce palabras como pacto, acuerdo, negociación (sólo se pacta con iguales, y él no tiene iguales en 912.050 kilómetros cuadrados), apenas aludió a ella en tono dramático al decir algo así como "Me reuní con el demonio mismo". O una de las teatrales frases a las que echa mano cuando teme que se le vean las costuras. En adelante, paulatinamente, el noticiero de Venevisión comenzó a parecerse cada vez más a un micro institucional del Ministerio de Comunicación e Información (Minci), en vez de ser el noticiero de un canal propiedad de un cubano anticastrista, el canal del Premio Rey de España.
Luego vino la sostenida campaña en contra de Radio Caracas Televisión. Si un rasgo tienen en común los regímenes totalitarios es que suelen sentirse moralmente superiores a sus adversarios, los que convierten en enemigos a los que se justifica aniquilar. Es así como los cubanos que no quieren vivir en dictadura son "gusanos" (¿habrá algo más repulsivo e insignificante y, por tanto, más digno de aplastar que un gusano?). De tal manera, durante el primer semestre del año, los voceros del gobierno no perdían ocasión de dirigir, sistemáticamente, ataques contra ese canal. De las acusaciones de golpismo, se pasaba a las de que transmitía pornografía; de estas, a las de que incitaba a la violencia; de allí a la de que promovía falsos valores… Lo cierto es que Radio Caracas podía rebotar todas esas acusaciones que venían desde diversos voceros del gobierno, hacia el antes Venenovisión, como en ese conocido golpe larense: Usted es golpista / Usted también / Usted es vulgar / Usted también / Usted es malformador / Usted también / Usted explota el sexismo / Usted también / Usted promueve el dinero fácil / Usted también / Usted es soez / Usted también… Eso, sin contar que todas las perversiones y la trasmisión de las más reprochables conductas que puedan tener existencia en la televisión venezolana de todos los tiempos, ocurre precisamente en un escatológico programa de Venezolana de Televisión, bandera de su programación y el cual fue señalado por el presidente venezolano como el mejor programa de la televisión venezolana. Un programa donde las acusaciones sin fundamentos y los más procaces insultos se enmarcan en una adoración casi enfermiza por las imágenes de Ernesto Guevara, Fidel Castro y, por supuesto, Hugo Chávez. Se entiende la emocionada aseveración presidencial.

¿Golpismo? ¿Promoción de falsos valores? ¿Faltas a la Ley Resorte? Como nada de eso lucía muy sustentable, hubo que recurrir a otro expediente. Venezuela necesita una "televisión de servicio público" fue el nuevo argumento, y como se le vencía la concesión a Radio Caracas Televisión (a usted también), el gobierno había decidido no renovarla y, en su lugar, promover el nacimiento de una televisión de servicio público. Ese estado dueño de Venezolana de Televisión, Vive TV, Catia TV, Ávila TV, CMT, ANTV y Telesur decía que necesitaba la frecuencia que usaba RCTV para cumplir "ese viejo anhelo de la sociedad". A ese argumento acudieron con mucha fuerza durante el último mes, antes de que en el alma del chavismo de base cogiera forma una idea: el último capricho del líder máximo suponía la desaparición de un canal que existía antes de que Chávez gobernara, antes de que naciera la adoración que sentían por él, y antes incluso de que naciera, allá en Sabaneta de Barinas, el último prócer de Venezuela. De inmediato, sin escuchar opiniones, sin celebrar licitaciones, sin consultar absolutamente con nadie, decretaron el nacimiento de esa nueva televisión. Su nombre se supo a última hora: TVES. Su junta directiva estaba conformada por siete miembros: cinco de ellos nombrados (y libremente removidos por) el gobierno. Éste finaciaría completamente sus operaciones. En un alarde de cinismo, el embajador venezolano ante la OEA, Jorge Valero, señaló que "el gobierno de Venezuela va a administrar el uso de la frecuencia, pero no va a definir la línea editorial". Ahhhh, bueno, me quedo más tranquilo.
Sacada debajo de la manga de ese mago que gusta jugar en la cuerda floja, nacía la última excusa para quitarse de encima esa incómoda espina llamada Radio Caracas Televisión, la televisora con más alcance dentro del territorio nacional, la de mayor rating, la de más experiencia en el negocio y una de las pocas que ejercía una línea editorial de abierto enfrentamiento en contra de un gobierno particularmente corrupto, particularmente incapaz, particularmente sensible a la crítica. Es decir, un gobierno muy fácil de criticar.

La encuestadora Hinterlaces, la misma cuyos números en los sondeos coincidieron con más precisión con los resultados electorales, había dado a conocer la opinión del electorado sobre el tema del cierre de Radio Caracas Televisión. Un contundente 80% de la población se mostraba en desacuerdo con la medida. A pesar de eso, el domingo 27 de mayo en la mañana, Venezuela amaneció en un día particularmente extraño, inédito. Amaneció en la cuenta regresiva. A pesar de la clara expresión de la mayoría, y a pesar de que nadie podía concebir claramente el momento de la llegada de la hora cero, pocas personas esperaban un "perdón imperial". Al no haber juicio en el cual el acusado pudiese defenderse, ni mecanismo administrativo, todo se limitaba a una orden (o contraorden) presidencial. El gobernante le cogía el gusto a la habilitación de una asamblea subordinada. Sus deseos eran leyes de absoluto y obligatorio cumplimiento. Como en un cuartel, pues. Ese domingo el rating del canal (que usualmente está en torno al 40%) estuvo en un promedio de 46.4%, alcanzando el hito histórico de 80% a partir de las 11:45 pm. No era para menos. Ese 27 de mayo de 2007 Venezuela asistía, por primera vez en su historia, no al cierre definitivo de un canal; ni siquiera a la primera demostración irrebatible de la intolerancia del gobierno a la crítica y hasta dónde era capaz de llegar la soberbia del gobernante; asistía al primer paso en firme hacia la consolidación de un proyecto totalitario, que acababa de un plumazo con las nociones de libertad, propiedad privada e igualdad ante la ley que todavía algunos insistían en percibir.
Muestra de ello fue la cantidad de recursos de amparo introducidos ante el Tribunal Supremo de Justicia, con vistas a impedir por la vía judicial el cierre del canal. Uno de ellos, demuestra la peculiaridad de una manera de gobernar que, si no fuese indignante, fuese acaso pintoresca: un Comité de usuarios de RCTV introdujo un amparo para que la corte hiciera valer sus derechos de ver el canal que han visto durante 53 años, pero no recibieron respuestas del TSJ. Días después, otro Comité de usuarios, esta vez de un canal que nadie había visto todavía (TVES), solicitó un amparo similar, pero para que el tribunal les garantizara su derecho a ver el canal naciente en el último rincón de Venezuela. El viernes anterior al cierre de RCTV, el Tribunal Supremo de Justicia dictó la medida en favor de estos usuarios, y para poder garantizar esos derechos, ordenaba a RCTV "prestarle" las antenas y las repetidoras a TVES, para que esa señal pudiese llegar a todo el país. Es decir, a los usuarios de un canal con 53 años nunca se les dio respuesta, mientras que los hipotéticos usuarios, los difusos espectadores, el improbable público de un canal inexistente, fue protegido en sus derechos, para lo cual TVES usaría, sin pagar por ello, los equipos de transmisión de RCTV. Ah, y los operarios de RCTV debían colaborar con la transferencia de la señal.

Hasta ese momento, 27 de mayo a las 12 de la noche, mientras los venezolanos asistían el espectáculo más extraño que les ha tocado ver en los 53 años de la historia de la televisión en Venezuela, el gobierno pensaría que se enfrentaría a unas cuantas escaramuzas de actores maquillados y que, en dos semanas o un poco más, si acaso, ya encontraría motivos para cerrar a Globovisión, y así alcanzar el paraiso de la revolución. Un paraiso donde no habría delincuencia, ni corrupción, ni burlas en las entregas de casitas, ni desabastecimiento, ni abusos policiales con la gente que protesta a las puertas del Ministerio de la Vivienda, ni cárceles amotinadas por las paupérrimas condiciones, ni decenas de asesinatos todos los fines de semana, ni calles rotas ni pueblo descontento. Un mundo perfecto donde el gobierno pondría el pan, magnificado y repetido en todos los canales de los que dispone, y Venevisión pondría el circo. Eso, claro, por ahora. Mientras se avanzaba a la siguiente fase. La fase en la que el gobierno mismo también pondría el circo y el respetable empresario de las telecomunicaciones, volviese a tornar, como por arte de magia, en un gusano imperialista.

Pero apareció la generación del 2000. La que es senisble al tema de las telecomunicaciones. Pero ese tema se conversará en la siguiente y última entrega.

Más blackout harás tú (comienza la batalla final, parte 4)

“Este gobierno sería un grandísimo irresponsable si le renueva esa concesión a un operador de telecomunicaciones que se ha portado como RCTV, que ha estado detrás del golpe continuado permanentemente”, señaló Andrés Izarra, presidente de Telesur, el pasado 2 de junio durante una entrevista concedida a El Universal. Con esta afirmación, el también ex ministro de Comunicación e Información se ciñe rigurosamente al manido discurso que el gobierno ha usado, con la tozuda repetición de la propaganda ideológica, para justificar la salida del aire de RCTV, basándose en las actuaciones de los canales (de todos los canales) comerciales, durante los días 12 y 13 de abril de 2002. Para los que llegaron tarde (siempre quise escribir esa tonta frasecita), vamos a hacer un breve recuento de los hechos:
Durante el confuso episodio de la efímera salida de Chávez del poder, se sucedieron manifestaciones de protesta en su respaldo, tanto en Miraflores como en Fuerte Tiuna, el principal cuartel de Venezuela, ubicado en Caracas. Simultáneamente, en varios sectores de la ciudad, las protestas devinieron en saqueos. Tal fue el caso de la avenida Sucre, zona de mueblerías de libaneses y sirios, las cuales fueron totalmente saqueadas durante el principio del fin de semana, mientras existía la incertidumbre de la suerte del defenestrado líder. Argumentando que ya durante los saqueos de 1989, a los medios se les había acusado de fomentar y propagar la violencia con la emisión de imágenes de saqueos, los cuales se multiplicaron luego de la salida al aire de esas noticias, los canales se escudan en ese argumento y deciden (mientras no está muy claro si el retorno de Chávez es un hecho consumado) transmitir comiquitas y películas viejas, manteniéndose al margen de los sucesos que devolvieron a Chávez al poder. Ese fue el llamado blackout informativo. Ese fue el plan golpista. Ese y los acontecimientos previos a la salida de Chávez, dos días antes.
Lo que, por supuesto, no dice Izarra, ni ningún personero del régimen, es el ambiente que se respiraba en Venezuela luego de los duros sucesos del 11 de abril. Sucesos inéditos y totalmente ajenos a la manera en que los venezolanos entendíamos el ejercicio de la política, durante las cuatro décadas de la llamada cuarta república. Sucesos que dividieron la historia del país en un antes y un después, quitándonos para siempre la inocencia. La historia se puede refrescar en el post La historia oficial, aunque, a grandes rasgos, se puede resumir así:
Una inmensa marcha (inmensa, superlativa, la más numerosa vista en esta tierra que ha visto las marchas más apoteósicas que muchos lugares jamás han visto) se dirige a Miraflores. Era época de marchas y protestas. En las adyacencias de Miraflores, la Guardia Nacional intenta en vano dispersarla. Se dice que el presidente ordena la activación del Plan Ávila (sacar al ejército a la calle a “poner orden a cualquier precio”). Esa especie la confirmaría un general llamado Rosendo Rondón, el cual se desconectó de las comunicaciones militares para no tener que cumpirla. La marcha sigue su curso hasta las puertas de Miraflores. En la puerta principal de Miraflores se concentran activistas del oficialismo, preparándose para una guerra. Un grupo de ellos, se apuesta en Puente Llaguno y (según el video de Venevisión, que ganó el Premio internacional de periodismo rey de España y que, obviamente, fue acusado por el gobierno de ser un montaje de la CIA), desde allí, comienza a disparar al cuerpo de la marcha opositora, ubicada a unas cuatro cuadras. Frente a Miraflores, donde se encontraba la cabeza de la marcha, separada apenas por un par de barricadas y una delgada capa de efectivos militares, se encontraba la masa chavista, dispuesta al enfrentamiento, con l oque tuviese a la mano. comienzan a caer las primeras víctimas. No se sabe de dónde venían las balas. Todas las televisoras (obvio, era un suceso histórico) transmitían los hechos. En medio del fragor, con la noticia de los primeros muertos, Chávez encadena para hablar largamente al país. ¿Por qué esa cadena? ¿Por las mismas razones que luego esgrimirían los canales de televisión? ¿Algún tribunal habrá solicitado las razones de esa cadena? ¿O el poder no da razón de sus razones? Chávez hablaba como fuera del tiempo. Afuera, se sucedía una verdadera batalla campal que, entre Guardias nacionales, soldados de la Guardia de Honor, opositores y adeptos al gobierno, sumaban unos cientos de miles de personas. Adentro, en palacio, Chávez hablaba y hablaba, mientras se veía que una mano, que apenas entraba en plano, le pasaba papelitos y aquel los leía, asentía imperceptiblemente, y seguía hablando. Los canales, al ver que la cadena se sigue extendiendo mientras la noticia histórica se sucede afuera, deciden picar la pantalla en dos ventanas. En una, Chávez habla y habla al país, de cosas que ya nadie recuerda. En la otra, los muertos, la gente exaltada, la guerra civil a punto de estallar. El gobierno se entera de que las transmisiones están saliendo picadas, y ordena tomar las antenas repetidoras y tumbarles la señal. A partir de ese momento, mientras los venezolanos dejaron de ver la noticia en vivo por las señales abiertas de Venezuela, otros seguían, a través de CNN y otros canales extranjeros, los acontecimientos más sangrientos de la historia contemporánea de Venezuela. En adelante, alguno se enlazaría con su señal internacional y, mientras Chávez se hacía el desentendido y afuera del Palacio moría decenas de compatriotas, los comandantes de los componentes, a título personal, asumían la responsaibilidad de desconocer la autoridad de Chávez. A las siete de la noche, la fuerza armada en pleno, a través de las cámaras de televisión (el segundo golpe), le había retirado el apoyo a Chávez. Acompañado sólo de un puñado de radicales, le tocó recibir a los emisarios que lo escoltarían a Fuerte Tiuna a negociar su rendición. A medianoche, el misimísimo Inspector General de la Fuerza Armada, general trisoleado Lucas Rincón, hombre de confianza de Chávez, saldría en televisión anunciándole al país que le solicitaron la renuncia a Chávez.
Luego de esta lectura, que fue la que hizo un sector importante de la población, la presunción de culpabilidad de Chávez flotaba en el ambiente, como los gases que rodearon Miraflores durante esa luctuosa tarde de abril. ¿Quién que lleva una marcha multitudinaria a las puertas del Palacio de Miraflores, logra colar agentes encubiertos a escasos metros de allí, en una zona de alta seguridad,, para asesinar a sus adeptos con el fin de involucrar al gobierno? ¿No hubiese sido más fácil intentar el tan cacareado magnicidio del cual no hemos visto ni un rasguño? ¿Quién organizó la masacre de venezolanos? El actual embajador de Venezuela ante la ONU, comandante Francisco Arias Cárdenas, uno de los conjurados en la logia de 1992, no dudó en señalar (bendito Youtube) al que en ese momento, según su percepción, era el definitivo culpable.
Pero, en fin, esos muertos penarán en ese eterno limbo (ya en desuso) ya que jamás será posible determinarse responsabilidades penales en torno al autor intelectual de los disparos que, venidos nadie sabe de dónde, asesinaron a unos cuantos venezolanos aquella tarde de abril. Los de la entrada de Miraflores, claro, porque los de la avenida Baralt, a una cuadra de allí, Venevisión dio pistas interesantes, que fueron desechadas una vez que Chávez volvió al poder, y se excarceló a los participantes reconocidos en el video.
Puestos los acontecimientos en la mesa, tenemos dos blackouts fulminantes a relevantísimas noticias. Es decir, los canales no hicieron otra cosa que pagar con la misma moneda. Es decir, he allí dos blackout: uno, escodiendo el asesinato de venezolanos; el otro, silenciando el apoyo de un sector de la población al retorno de Chávez. En ninguno de los dos casos hubo investigación judicial. En ninguno de los dos casos se pudo establecer responsabilidades. Sólo quedó el costosísimo cabildeo y la reducción absurda de la verdad, que repite una y otra vez que RCTV y Globovisión son golpistas. ¿Por que no lo son Televen y Venevisión? La respuesta la dio un vocero del gobierno: Venevisión estuvo en esa, pero rectificó.
Chávez fiscal, Chávez investigador y Chávez juez, determina la culpabilidad de los venezolanos, sin derecho a juicio ni a defensa. Sólo se vale del empalamiento moral ante sus electores, cuando se encadena en un monólogo sin derecho a réplica. La justicia tumultuaria. Los buhoneros y motorizados repitiendo “golpistas, golpistas”. Los alumnos de la Bolivariana gritando, alborozados, “Ahora le toca a Globovisión”. Si algún tribunal hubiese determinado que callar un suceso relevante es golpismo, ¿que tribunal imparcial no huibiese condenado a Chávez por la cadena del 11 de abril? Al menos por encubrimiento.
Pero en ese entonces funcionó el discurso repetido hasta el cansancio: RCTV fue cerrada por golpista. Incluso ahora, con la distancia que da el tiempo, se escuchan voces de “cultos intelectuales europeos” repetir esa pobre verdad que no soporta la más frívola revisión: RCTV fue cerrada por golpista.
Es la historia, de la cual se ha dicho hasta el hartazgo, que la escriben los vencedores. Y los canales venezolanos son golpistas, son golpistas, son golpistas… Como se ve, de dónde menos se espera salta la barbarie.