La brizna de paja al viento

Humilde, sencillo, “una brizna de paja en el viento de la revolución” como el mismo gusta definirse. Un hombre del pueblo, ese, que algún día se va a retirar al campo y va a colgar su chinchorrito mientras compone coplas por la patria. Hoy los venezolanos salimos a votar. Y él, como buen patriota, también ejerció su derecho al voto. Tres tiunas, una decena de motorizados, varias camionetas blindadas y otras de apoyo, además de otros cuerpos policiales forman parte de la comitiva que lo acompaña cuando se “llena de pueblo”.
Allí se le puede ver, en la secuencia fotográfica, manejando el carro rojo (una pregunta, fuera de joda: ¿De dónde saca esos vehículos? Antes se desplaza en un volkswagen rojo, ahora lo hace en este. ¿Él no donó su sueldo a dos estudiantes? Parecerá un hecho irrelevante, pero si ese vehículo no parece pertenecer a ningún organismo oficial -al menos, no tiene ninguna calcolmania que lo identifique-, ¿de dónde salen? ¿Se los prestan los panas, tipo valijeros, como dice la prensa argentina?). Como se puede ver, después del carro rojo (y antes también) se ven las camionetas blindadas colmadas de guardaespaldas, luego los tiunas rojos y las pick-up blancas.
A “su pueblo” (casi 50-50 con la cantidad de guardaespaldas que está en la esquina,con camisas rojas y caras blindadas) le encanta verlo pasar, como un niño repentinamente rico, como un muchacho del barrio que llegó a las grandes ligas, como alguien “de nosotros” que “le fue bien”. Disfrutan de ver cómo “ese muchacho que vivía aquí, en la casa de la esquina” se da esa vida de millonario. Verlo arrogante cuando viene a visitar a la mamá. Se complace sus caprichitos. Tiene avión, carros, historias con mujeres famosas, amigos “importantes”, enemigos de temer… Por eso les encanta verlo pasar. Además, no ha perdido sus maneras de cuando vivía en el barrio: contestón, retrechero, habla golpiao y dice lo que se le pasa por la cabeza.
Así esperen una hora bajo el sol, soportando el mal humor de los guardaespaldas, pero bien vale ese “brevísimo instante” de verlo manejando “él mismo”, como dicen asombradas las sencillas mujeres que todavía creen en él, su carrito rojo. El último caprichito de nuestro muchacho, al que le ha ido bien. Mientras siga ahí sentimos que “uno de nosotros coronó“. Por eso, y sólo por eso, votan si.
Aunque al rato se den la vuelta, suban de nuevo a sus casas y, buscando aquí y allá, de pronto consigan hacer una sopa con huesos.
Contentos porque, si uno de los suyos llegó. Es como si ellos hubiesen llegado.
Aunque los separe una montaña (grande de verdad) de billetes.
Premio 11 de abril otorgado por 















Interesante reflexión que proyecta el aspecto totémico de toda política. Parece que en otros países, a pesar de que este tipo de cosas se hagan (el chantaje y el personalismo) hay como una ley tácita, basada en el respeto al oponente, que indica que golpes bajos sí, pero no demasiados. Acá, en Venezuela, todo se vale para revolcar al adversario, manipular, amenazar y utilizar dineros comunes para avanzar un sólo proyecto y negarle cabida al otro.
Triste. Sobre todo el relativismo político según el cual se vale todo mientras sea en mi bando y a mi favor, si es Pinochet o Uribe Velez quien manipula las elecciones hay que denunciarlo.
Comment de Krisis — 16 February, 2009 @ 12:29 pm
esta situación descrita creo muestra el surrealismo
revolucionario pues la verdad refleja que lo que importa
es la diferenciación por el poderio sociopolitico y eco-
nómico del sujeto no se ve el “todo por el pueblo”.
Comment de Isabel Peña Oconn — 27 December, 2009 @ 1:21 am
That is understandable that cash makes us free. But what to do when someone has no cash? The one way only is to receive the loans and small business loan.
Comment de Cherry25Vonda — 4 February, 2012 @ 2:14 am