El clamor de Blanco La Cruz

“¿Cuándo en este país se va a sancionar, a multar, por todas esas mentiras que se dicen en los medios? El llamado es a los que tienen la responsabilidad, a Conatel, todos los que dijeron esa mentira generando un problema internacional”, dijo un indignado Ronald Blanco La Cruz, militar (¡qué raro!) al que el dedo imperial puso al frente de la Gobernación del fronterizo estado Táchira, en relación a la información aparecida (inicialmente en foros públicos y en la página de TRT, la televisora local) acerca de un extraño personaje recluido en una clínica de la población tachirense de Rubio, el cual se especuló que fuese un guerrillero herido.
Según la información, la Guardia Nacional trasladó en un helicóptero a un misterioso paciente y de inmediato cercó el sitio impidiendo la entrada, al hospital en general, y a la habitación en particular.

En una democracia (de esas, de las viejitas, las representativas) cualquiera podría solicitar una investigación a este sospechoso incidente. Claro, en las democracias viejitas, burguesas, etc., existen instancias a las que acudir, mientras que en las democracias revolucionarias participativas y protagónicas, el único recurso que le queda a la gente es la denuncia pública. Armar un alboroto, pues.
El indignado clamor de Blanco La Cruz lo hace, por cierto, en VTV, canal que no se caracteriza por su objetividad y ponderación en el tratamiento del material informativo, vale acotar. Luego, de paso, lanza esta perla: “Así como se persigue la corrupción, así como se hace un esfuerzo, hay que sancionar a los medios ya que también son un cáncer, dicen mentira sobre mentira”, dejando en la mente del televidente (incluso del chavista) una frase rebotando y haciendo bulla dentro de las paredes del cráneo: “Así como se persigue la corrupción…” ¿En serio? ¿Me estás jodiendo?
Todo el escándalo de Blanco La Cruz (que hace de juez en este asunto, inmiscuyéndose en cuestiones que no le competen) parte de su fe en unas declaraciones del ministro del Interior, el inefable Rodríguez Chacín, quien aseguró que “las autoridades colombianas informaron hoy a las venezolanas que las huellas dactilares del hombre que permanece hospitalizado en una localidad fronteriza no corresponden a las de ningún líder de las FARC”.
Nótese que este es el individuo que se despide de los guerrilleros que le entregan a los rehenes con una palmadita cariñosa mientras les dice: Sigan con esa lucha, sigan con ese ánimo… El mismo que dijo tener la computadora de Jabón (a las dos o tres semanas de la muerte de aquel, sin haber hecho antes alusión a la existencia del equipo). El que está en todas las movidas extrañas, pues. ¿No es de presumir entonces que ese ministro amigo de las FARC, quien niega enfáticamente que el misterioso hombre custodiado por la Guardia Nacional en una clínica de una población fronteriza sea un líder guerrillero, esté ocultando algo?
Rodríguez Chacín, experto en montajes chimbos aprendidos en sus cursos de contrainsurgencia y guerra sucia en los países imperialistas, señaló que había mandado al DAS las huellas dactilares del herido, al que tenían bajo custodia no sea cosa que se trate de un guerrillero, y para tranquilidad del colectivo, le habían llegado de Colombia las buenas nuevas: ese pobre hombre sometido a una fuerte custodia policial, no llegaba ni a rematador de caballos. Está limpio de todo prontuario, pues. Luego de que el gobierno colombiano le diera de alta, paciente, guardias nacionales (y hasta el médico que lo atendió, según dicen) se esfumaron de la escena sin dejar huellas.
Ahora viene la otra parte de la mentira imperialista y apátrida de los medios golpistas y oligárquicos: El DAS, organismo colombiano de inteligencia estatal y extranjería, señaló por medio de un comunicado que “no es cierto” que se hayan verificado las huellas digitales de la persona hospitalizada en Venezuela, ya que las tarjetas enviadas no sirvieron para estudios técnicos. “No es cierto que Interpol Colombia haya dado veredicto sobre las tarjetas decadactilares de Jesús Castro y José Antonio Ortiz Barrera, porque las huellas remitidas por Caracas no son aptas para estudio técnico dactiloscópico”, puntualiza el comunicado. Es decir, que era imposible que la hubiesen estudiado, y mucho menos que hubiesen descartado que se tratara de un jefe guerrillero.
Sancionar a los medios, que dicen mentira tras mentira, ¿ah, Blanco La Cruz? Qué cómodo sería para esta banda un mundo sin prensa libre husmeando y sacando a la luz pública las triquiñuelas del poder. Por eso es que son tan maletas, tan militares, tan chapuceros, tan mediocres y fofos. En el resto del mundo, el poder (que siempre juega sucio) hace sus trampas cuidándose de la prensa, no atacándola.

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