Ahora sueña con una guerra
A una muchacha la atropelló un carro que, como suele suceder, se dio a la fuga. Por falta de insumos no pudieron practicarle la apendicitis a la señora que llegó anoche a la emergncia del hospital de Coche. Un niñito tuvo la desdicha de que el camino del abasto a la casa fuese el mismo de la trayectoria del fuego cruzado entre dos bandas. Por no entregar la Jaguar recién comprada, a un motorizado le metieron seis tiros (pero no se la llevaron, dijo en su moribunda soberbia). Subiendo una de las 80 escaleras para llegar al callejón donde vive, una señora que sufría de la tensión se desvaneció y no se paró más. Al viejo que tenía tres días desaparecido, lo encontraron en la morgue…
En nuestra violenta realidad, la lucha por la vida no es una manida metáfora, ni una frase trillada; es un asunto doloroso, agotador y constatable, cuyo saldo se revisa cada noche en cada hogar venezolano. Y se lamenta la derrota, pero no se celebra la victoria.
Curiosamente, el único venezolano que tiene muy pocas probabilidades de sentir siquiera un rasguño de nuestra violencia cotidiana, el único que morirá podrido por su veneno interno, pero no por un accidente o tragedia cotidiana, es el único que chilla eventualmente que lo quieren matar.
Suerte que tiene. A los demás, a los cientos que mueren cada semana, no los preparó una supuesta amenaza, sino que les llegó la muerte de forma súbita, bajo la forma de una bala anónima, de un conductor irresponsable, de un país petrolero en el que nada funciona.
Y ese único venezolano que no tiene que lidiar con la búsqueda del pan ni con los malandros de la zona ni con los carros y motos que no ven niñitos que caminan por aceras estrechas para ir a la escuela; ese privilegiado que todos mantenemos para que, en su paz y seguridad, en el confort de su vida de rey, trabaje sin descanso todos los días para que proporcionarnos unas condiciones menos duras; ese, ahora quiere una guerra.
Ludópata audaz, al que le salieron bien las cosas durante demasiado tiempo. Tanto, que un catarro de ego le tupió el olfato, y ahora sobredimensiona sus circunstancias y sus posibilidades. Como en la Argentina de Galtieri, calcula que una guerra con Colombia cohesionará en torno suyo a un pueblo que mayoritariamente lo rechaza. Grave error de cálculo. Las Malvinas, en el sentimiento patriótico de los argentinos, eran territorio argentino. Así lo percibía una herencia histórica. Nuestro ludópata se alía con gente que le ha hecho mucho daño al país, se alía a los enemigos de ambos pueblos (Colombia y Venezuela) y ataca de forma desproporcionada y grosera a Uribe Vélez, que goza del respaldo de amplios sectores, no sólo de colombianos, sino incluso de venezolanos. Fonemas como FARC, Chávez, guerra, mentira, crimen, narcotráfico, terrorismo, están encadenadas de una forma invisible pero indudable.
Asoma la palabra Guerra, prepara el terreno, y la gente se pregunta: ¿Estará en la vanguardia del asunto, donde mueren los primeros, o como lo hizo durante su chapucero golpe, se quedará en la retaguardia, donde no alcanzan las balas ni el espanto?
No sabe nuestro ludópata que la guerra es de las últimas utopías que anhelan esos millones de cuidadanos que respiran aliviados cada noche, luego que trasponen las puertas de sus casas. No sabe que el problema es que se está acabando esa providencial reserva de alimentos y los anaqueles de los mercados lucen cada vez más vacíos. Que la empresa donde trabaja el sostén de hogar se va del país, a instalarse en Panamá. Que esta semana ¿por fin? mataron al malandro que se la tenía jurada al hijo de la señora. Que el metro es insuficiente, que la comida es insuficiente, que el sueldo es insuficiente.
Que el pueblo no quiere más guerra que la que ya vive a diario. Que el pueblo sólo quiere que no estorbe. Que si no va a ayudar, que no estorbe. Que su ineptitud, su irresponsabilidad, su ego infantil, su distorsionado sentido de la realidad, se vayan lejos y ya. Que se vaya y ya. ¿Por qué no se calla?
Premio 11 de abril otorgado por 














Héctor uno de mis deseos después del No fué que el hombre no inventara mas nada. Que llegara al 2013 sin avanzar pero sin jorobar, sin brillo pero sin excesos: como que es mucho pedir. Saludos.
Comment de Martha Beatriz — 23 January, 2008 @ 11:01 pm
Héctor, realmente este hombre quiere una guerra. Y creo que hasta le gustaría morir en ella, claro, es sus ensoñaciones al estilo Tom y Jerry, donde a los personajes (al gato, seamos sinceros), les cae un piano de cola o los aplasta un camión y en un instante están corriendo de nuevo, prestos a seguir divirtiéndonos. El problema es que este señor no divierte. Al verlo, no puedo dejar de pensar en la canción “Los macarras de la moral”, pues si no fuera tan dañino, debería darnos lástima. Héctor, algo habrá que hacer.
Comment de David — 24 January, 2008 @ 11:11 am
Algo de eso debe haber, David. Querrá morir en esa guerra, buscando ese estigma triste del incomprendido. Sólo eso explicaría que mientras Uribe tiene un 80 % de aceptación entre su pueblo, Chávez desciende al 30% en el nuestro (es decir, están ensus puntos más extremos desde que ambos gobiernan). Nadie con sentido de la realidad se buscaría ese contendiente en esas condiciones.
Comment de ChamanTower — 24 January, 2008 @ 2:22 pm
Las glorias pasadas (pero de otros, no suyas, porque no existen) lo embelesan. Ah, dice, quién pudiera ser arrecho y demostrarlo.
Comment de David — 27 January, 2008 @ 1:47 am
“Ah, dice, quién pudiera ser arrecho y demostrarlo”. Qué envidia, poder decir en una línea lo que necesité todo un post.
Comment de ChamanTower — 27 January, 2008 @ 2:05 am
Cortinas de humo, de poca altura en realidad, para tratar de desviar la atención de los graves problemas internos. Tal como lo dices, la “guerra” que el megalómano de Miraflores plantea ahora como posibilidad no sólo se traduce en un rechazo absoluto por parte de ambas naciones, sino que en nuestro caso golpea severamente más de un siglo de paz, uno de los mayores logros que alcanzó la sociedad venezolana en su historia. Pero era de esperarse una salida malcriada e irresponsable de este calibre. Se trata del hombre que utiliza el erario público como papel sanitario, o en su defecto, como barajitas de pokemón, sin consultar con nadie. Estas son palabras cortas para convencer a cualquiera, en este caso no es mi finalidad, los hechos están ahí afuera. Como digo últimamente, el ególatra que se sotiene con las uñas en el poder ha acelerado el paso en la profundización de su tumba política. La demencia pronto lo empujará dentro de ella.
Comment de Gerardo — 27 January, 2008 @ 10:33 pm
realmente ¿por qué no se calla? ya casi nadie le está haciendo caso, a excepción de aquellos países que simplemente se les está regalando el dinero venezonalo
Comment de josue — 1 February, 2008 @ 11:37 pm
me uno a tu dolor, a tu sentimiento, a tus exigencias… bravo!!! excelente texto.
Comment de Andrea — 4 February, 2008 @ 5:01 pm
Me fui de Venezuela hace cuatro anos, decepcionado, impotente y amargado. Asi como el que deja alguien quien ya no te quiere mas. Y estando lejos pense que seria mas facil aguantar, olvidar y dejar atras lo que no puede cambiarse, esa realidad absurda que parece estar imposibilitada a un cambio.
Leo este post y me doy cuenta que no estoy solo, que hay cientos, probablemente miles que sienten lo mismo, el mismo dolor, la msima impotencia, la misma indignacion. Entonces, me contento de ser venezolano.
Comment de exciliado — 6 February, 2008 @ 9:29 pm
Son muchos, son miles. El que detenta el pdoer en Venezuela está totalmente deslegitimado. Y son muchos también los que han despertado.
Comment de ChamanTower — 6 February, 2008 @ 11:34 pm