Algo muy cercano a la náusea
Los gobiernos “revolucionarios” (al parecer, por este término hay que entender a los totalitarismos de izquierda) son prisioneros de sus babosas retóricas. Lo único que revolucionan es el significado del lenguaje, convirtiendo en blanco lo que es negro, y en espeso lo que es aguado. Flotan en un charco de contradicciones, e intentan navegar a punta de una lógica absurda que sólo tiene su exégesis en el universo que ellos plantean, que ellos invocan. Por eso es que todo pasa por el caprichoso filtro de lo que “es bueno” y lo que “es malo”, cuyo fiel -no faltaba más- es arbitrario y sólo ellos pueden descifrar. Así es como un día un presidente bananero respondió a un periodista extranjero las diferencias entre el golpe que él dio al intento de golpe que le fue dado, diciendo que “nosotros éramos golpistas de la luz, mientras que ellos eran golpistas de la oscuridad”.
Los totalitarismos son fundamentalistas, porque parten de un excluyente y arbitrario principio que reza que dentro del círculo todo, fuera de él, nada. Así, en Venezuela no hay presos políticos sino políticos presos. En Cuba, otro de los dinosáuricos ejemplos que quedan de estos gobiernos, aunque existe un partido único, existe también la mayor democracia del mundo.
Es así como en ese contexto de “mundo al revés”, los jueces sobran, las verdades demostrables son inválidas, la prensa es incómoda, los que opinan distinto son enemigos, el pueblo que se harta de abusos es pitiyanqui. Es así, como en ese contexto, Cabrices, Peñalver y todos esos execrables nombres que quedarán en la más triste historia de una Venezuela que fue de todos, son héroes; mientras que once funcionarios policiales (entre comisarios y policías) siguen presos luego de varios años en los que todo el poder de la Fiscalía (que es decir, el gobierno) no ha podido vincularlos con muerte alguno ni endilgarles ningún crimen. Es tanto que en un sistema totalitario no es necesario juez alguno, que a los citados funcionarios policiales se les niega la inclusión en la decretada amnistía, argumentando que la misma no incluye a los acusados de delitos de lesa humanidad. Si luego de tres y cinco años presos no se les determina culpabilidad sobre la muerte de nadie en particular (de siquiera una de las personas que murieron ese 11 de abril de 2002), ¿cómo es que aún se les acusa de delitos de lesa humanidad? ¿Cómo es que si hubo muertos también en la marcha opositora, no hay detenidos por investigación de los que disparaban desde arriba? ¿Es que los que estaban en contra no son ciudadanos? ¿Es que se les acusa es de haberse opuesto a sus planes de disparar contra la población civil, incluso si estaban cumpliendo con su deber? ¿Es que en ese mundo de locos, civiles armados pueden caerse a tiros con uniformados policiales? Claro, porque en ese mundo religioso hay buenos y malos, ángeles y demonios. Y ya se sabe que ubicando a los ciudadanos en la respectiva categoría, el resultado de las investigaciones es automático. Nosotros: inocentes; ustedes: culpables. Once funcionarios policiales presos por capricho de uno, el que dirige todos los hilos, el que dictamina la verdad. Once funcionarios policiales secuestrados por el poder, por haberse atrevido a cumpir su deber, aunque ese deber incluyera repeler el fuego de civiles armados.
¿Qué pasó con la Comisión de la verdad? Ya se dijo, en la religión del poder totalitario, no hace falta buscar verdades, sólo certezas: ellos son malos, nosotros somos buenos. Así robemos, así ejecutemos un saqueo sistemático del Erario público, así matemos. Ellos son los malos, nosotros los buenos. Eso es lo único que importa.
En esa lógica desquiciada del totalitarismo, el gobierno colombiano secuestra a los guerrilleros presos, y los guerrilleros son fuerzas beligerantes que merecen el respeto del gobierno venezolano. Vivas, Forero y Simonovis, a los que nadie vio disparando; son criminales. La guerrilla de las FARC, esa que pone collares bomba, que secuestra venezolanos y que cobra vacuna en nuestro territorio “no son ningunos cuerpos terroristas, son un ejército que ocupan un espacio en Colombia”. Son “fuerzas insurgentes con un proyecto político, un proyecto bolivariano que aquí es respetado”.
En ese contexto de lenguaje con significado propio, equidistante al que conocemos los demás, se puede decir que “en el mundo hay quienes no les interesa la paz, que buscan la división entre los pueblos”, sin que siquiera un parpadeo los delate. Allá. Acá, de este lado del Castellano, suena a algo parecido al cinismo, se escucha con algo muy cercano a la náusea.
Premio 11 de abril otorgado por 














La paz es para los otros. Los recursos, algunos en maletines, para lso otros. Como dice Karelia, es una eterna campaña en la búsqueda de algo (reeleción, el Premio Nobel, reconocimiento internacional), todo menos GOBERNAR para todos los venezolanos. Náuseas y mucha tristeza. Un saludo.
Comment de Martha Beatriz — 16 January, 2008 @ 3:24 pm
Me da pena ajena la cosa. Para los que creímos en el proyecto, en una palabra dicha, en un ofrecimiento dado, en fin para los que creímos y apostamos sino la vida, al menos nuestros mejores esfuerzos, para nosotros es más que terrible descubrir que esto es más de lo mismo. Tal vez peor.
Saludos.
Comment de More — 23 January, 2008 @ 12:42 am