Una caricatura de sí mismo

Durante la semana posterior a la derrota del 2 de diciembre, un grupo pequeño pero significativo de partidarios del chavismo se estuvo reuniendo en las afueras de la vicepresidencia para exigirle a su líder que hiciese “limpieza” en su entorno. Es decir, que les demostrara que él estaba haciendo una revolución para los más pobres, y que, para demostrarlo, saliera de esas caras que durante casi diez años lo que han hecho es hacerse millonarios y adquirir extravagantes gustos de nuevos ricos. Pero “el líder” está muy desgastado. Ya no es capaz de reinventarse, de producir ideas originales. Ya no es capaz de sorprender. Quedó atrapado en el discurso de la confrontación que le sirvió un buen tiempo. pero el que se convirtió en una prisión para sí mismo. Chávez no puede ofrecer caras nuevas ni nuevas estrategias. Sólo le queda intentar golpes mediáticos faraónicos (como que Oliver Stones lo fime rescatando niños de la selva colombiana, que siempre será más exótico que rescatar niños de las calles de Caracas). De allí que el “sacudón” ministerial que ofreció a principios de año se limitó a otro de los lamentables enroques de siempre. Sólo este gabinete de “superhombres” hace posible que el que está al frente de la economía hoy, mañana pueda estar al frente de la distribución de alimentos, y pasado mañana a cargo de la infraestructura vial. De esos enroques vale destacar tres en particular: en la vicepresidencia pone al tipo que ha dirigido el más nefasto e incapaz de los programas de gobierno (el que es responsable del menor número de viviendas construidas por período alguno): Ramón Carrizales; en el Ministerio del Interior pone al “Rambo” Rodríguez Chacín, quien ya estuvo en ese cargo durante el oscuro episodio del 11 de abril; y en el Minci pone a Andrés Izarra, el responsable de traerle estrellas de Hollywood con desvencijadas fascinaciones izquierdosas, y el mismo de la teoría de la hegemonía mediática. Ah, y la “Asamblea” ratifica a Cilia Flores en la presidencia de la misma.
Y para que no queden dudas de que no hay novedad posible, en el relanzamiento del “Aló, presidente”, volvió con el cansón discursito de que “Quiero poner a todos en situación para que no perdamos ni un día ni un minuto en el trabajo de conciencia y organización. Es un año de ofensiva. Por eso pedí instalar lo más pronto el Congreso Fundacional del Partido Socialista”.
Es decir, como buen reincidente crónico, Chávez no sabe rectificar (él siempre ha dicho que frenar es una jugada táctica). Chávez siempre dirá lo que considere necesario a la espera de mejores momentos. Chávez no tiene otra ideología o proyecto que permanecer en el poder. Chávez se atrinchera. Viene un año de protestas sociales (del seno del chavismo descontento) y pone a un “duro” frente al ministerio del Interior, y a otro “duro” (pero de la propaganda) frente al MINCI. La verdad será la que nosotros proclamemos.
Chávez no entiende, no puede entender, que la gente no quiere pretenciosas revoluciones, ni luchas contra el imperio, ni batallas imposibles, ni escenificar canciones épicas de revoluciones trasnochadas. Que la gente está cansada de las machaconas y llorosas cancioncitas del altiplano con las cuales Alí Primera vivía lamentándose del mundo. La gente quiere seguridad, un poquito de orden, que los motorizados respeten las señales de tránsito, que los policías vigilen el cumplimiento de la ley y no se dediquen a matraquear; que haya víveres en los anaqueles. Y un poco de estabilidad económica. Sólo eso. La gente quiere cosas tan sencillas y trascendentes como salir de su casa con un mínimo de certeza de llegar a ella sano y salvo esa noche, luego de una dura jornada en la que se ganó el pan. Llegar a sus casas a revisar tareas y a preparar comida para el día siguiente y luego ver la telenovela es la única guerra diaria que la gente tolera.

A primera vista no parece notarse, pero el mundo se ha venido hartando de un sistema que ha imperado en los últimos cincuenta años: los rezagos insepultos de la Guerra Fría. Esos a los que Chávez, tristemente para él, llegó tarde. Ya los Bush, los Castro, los Marulanda, las Tatcher, los Pinochet, los Chávez no caben en el mundo de hoy. La bota sirve acaso como un acccesorio de moda, y la guerra más encarnizada se libra en el mundo tecnológico. Los países que quieren entrar en este siglo no retratan a sus indiecitos en guayuco para publicitar un indigenismo retrógrado y demagogo, les ponen internet a sus comunidades.
Durante nueve años, Chávez fue una caricatura de un mundo que se desmoronaba. Llegó tarde al papel del militarote nacionalista que enfrentaba imperios. Tanto se ha desgastado que, peor que aquello, ahora es sólo una caricatura de sí mismo.

4 comentarios »

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  1. Vivi como niño un año en Caracas y espero poder visitarlos luego. Me duele ver los problemas que tiene Venezuela, siendo una nación tan rica en realidad. Teniendo la experiencia en Chile con Pinochet les deseo mucha suerte en recuperar la democracia. Totalitarismo, del lado que sea, no es aceptable.
    Como deciamos nosotros: Y va a caer!

    Comment de Luis — 11 January, 2008 @ 7:56 pm

  2. Bueno hasta el tercer párrafo estuve de acuerdo contigo. Yo creo que la gente sí quiere un cambio definitivo, si a eso se le llama Revolución, entonces eso es lo que quiere el pueblo. Y sí hay un pueblo que quiere por lo menos amarrarle la cara al capitalismo, al consumismo desmedido que nos devora día a día y deshumaniza las sociedades. No sé si son muchos, o mejor dicho si son la mayoría. Pero son, pero los hay y tienen su fuerza.
    Ahora, la gente quiere eso que tú dices: pan, trabajo, seguridad. Uno que van un poquito más allá quiere cambios más profundos: igualdad social, presos por corrpción, mejorar este maldito sistema educativo ineficiente y ridículo. JUSTICIA, EQUIDAD.
    Lamentablmente, Chávez no parece ser garantía de todo eso. Ni siquiera de un porcentaje ínfimo.
    Lo cual me lleva a lo que siempre ppensé de adolescente: las revoluciones la hacen los pueblos, la gente común organizada. Los gobiernos están hechos de excremento!!
    Saludos.

    Comment de More — 13 January, 2008 @ 7:24 pm

  3. No sé, More. Respeto mucho tu opinión, por supuesto. Pero que el pueblo quiera revolución, que quiera amarrar al consumismo desmedido, no sé, de verdad. De hecho, no me parece. Vivo cerca de Lídice, del 23 de enero, de Catia, y créeme que no parecen muy interesados en reducir el consumismo. Son ávidos de cuanto perol sale, son expertos en novedades. Les encantan los TV de mil pulgadas, las motos más caras y los celulares más sofisticados. El consumismo en Venezuela, país caribeño la fin, se lleva en el ADN. Aquí la gente gasta millones en unos quince años y al día siguiente piden prestado para comer. Créeme, el venezolano común, el de la calle, no quiere socialismo. Los veo a diario. Los conozco. Ese soy yo que no me desvelo con los lujos, pero la gran mayoría de mis vecinos sí. Y se entiende, yo puedo permitirme utopías personales como metas en la vida. El que trabaja quince y último y no tiene ilusiones propias, sólo se contenta con gastar en novedades. Con vivir la ilusión que le produce lo nuevo. Como no sueñan con una casa, gastan hasta el último centavo de la quincena. Y no soy yo quién para reprocharles eso. Que gasten su dinero, pero que lso funcionarios del gobierno no gasten el nuestro.

    Comment de ChamanTower — 15 January, 2008 @ 10:15 pm

  4. I guess that to get the loan from banks you must have a great reason. Nevertheless, one time I have received a auto loan, just because I was willing to buy a building.

    Comment de JulianaLogan — 11 December, 2011 @ 9:43 am

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