Cerrando el círculo
Como el que vuelve derrotado del sitio de donde salió. Como ese pueblerino que iba a comerse al mundo y la vida, como dice Sabina, se lo merendó. Como el otrora animal herido que ahora está moribundo y vuelve a su querencia, a ese sitio seguro y confortable donde puede bajar la guardia y esperar la muerte en paz. Como ese imbécil que no se da cuenta que todo se marchitó, que todo lo estropeó para siempre, y cae en el torpe truco de llamarla por ese nombre que le puso cuando se conocieron, cuando tenían ilusiones comunes. Como el que busca revivir pasiones perdidas poniendo aquella pieza o cocinando aquel plato. Como el que busca desesperadamente reavivar esa llama apagada. Sin darse cuenta que, por adulantes, por necios, por vividores, por mentirosos, por cínicos, ellos mismos mataron la fe. La esperanza vive en un período específico de tiempo. Luego de eso sobreviene la decepción. Y ellos gobernaron o con excesiva incapacidad o con deliberada intención de sabotear el proyecto.
Sin darse cuenta, ellos mismos cierran el círculo. Buscan revivir una gloria vieja, pero ya la gente sabe de qué está hecha esa gloria (dígalo ahí, comandante). Por ahora no, ahora a gobernar. Ya la gente no puede esperar más. A gobernar. Ahora. No con lemas ni slogan de millonarios con discurso revolucionarios. A poner orden en este caos y en esta criminalidad.
Ya llenaron sus respectivas botijas, señores. Ya visten y viven como nunca lo soñaron. Ahora, por favor, tengan un poquito de decencia y gobiernen el tiempo que les queda, para esos millones de pobres que tiene el país.
Post-post:
El RIF que aparece a un costado de las vallas es el G-20003090-9, que corresponde al MINCI. ¿A cuenta de qué William Lara gasta mi dinero en unas vallas personales que no tienen nada que ver ni con el Estado ni con el país? Definitivamente nada han aprendido. Ahora si es verdad que ese organismo es un Ministerio de Propaganda.
Post-post 2:
Lula trata, a su manera, de civilizarlo. Le comenta, como al descuido, que “tenemos que trabajar duro”, que “a mi me quedan tantos años y a ti te quedan tantos”. En ese momento, el que se atavía de presidente, se siente chévere, estadista, un hombre generoso e importante, un demócrata. Pero los fantasmas son los fantasmas, y los monstruos de la noche atacan sin piedad. En esos momentos, en esos frecuentes momentos, vuelve a ser él, ahora cada vez más él: El caudillo sin popularidad, el general sin pelotón… ¿devenido forzosamente en tirano?
Premio 11 de abril otorgado por 














