Ahora le tocó el turno a los “revolucionarios de pacotilla”

Luego de varias semanas de estruendosos reveses, Chávez aún no se repone de la derrota electoral del pasado domingo. Tres días después del día de la derrota, ayer le tocó el turno a sus seguidores, a los que reunió para graduarlos de una de esos títulos ilusorios con los que los calma mientras esperan el radiante futuro de la revolución, en vez de agradecerles el apoyo en esos duros momentos, el inmenso Ego Chávez los descargó duramente, culpándolos de su derrota, señalándoles, entre otras cosas, que “los mirandinos y caraqueños están en deuda conmigo, aquí la tengo anotada en mi agenda. Vamos a ver si me la pagan o no”, dijo en tono de reproche, para luego felicitar a los estados donde fue aprobada su propuesta.

Los siguientes párrafos, extraidos de un artículo aparecido en El Universal, firmado por la periodista María Lilibeth Da Corte, son una muestra irrebatible de la desconexión que sufre, con la realidad, el líder incomprendido con la realidad:

“Allí (en los estados donde ganó el si) se impuso la voz del pueblo. No se dejó confundir ni atemorizar. Ni tuvieron que ver con nada ni nadie ni con lluvia ni con viento. Los verdaderos revolucionarios no se paran ante nada”, destacó, para luego recordar que sin reforma su mandato termina en el 2013, lo que ocasionó que el público exclamara “¡noooooo!” y que Chávez intensificara el regaño a los abstencionistas de sus filas.
“Sí, me voy (…) .Una cosa son los gritos y otra es la realidad. No se aprobó la reforma, así que me tengo que ir del gobierno en el año 2013. Yo trabajaré sin descanso hasta el último día”, señaló.
“Por más que griten, la verdad es la verdad, el Sí se perdió. ¡Anótenlo! Se perdió en los barrios, millones que no fueron a votar, ustedes podrán decir lo que quieran, pero no tienen excusa, falta de conciencia por la patria, un revolucionario no busca excusa”, insistió el mandatario evidentemente molesto, para luego mofarse de las eventuales excusas esgrimidas para abstenerse: “Después empiezan que a mí no me gusta el alcalde. ¿Qué tiene el alcalde que ver con esto? No tiene nada que ver ni el alcalde ni el gobernador, esas son excusas de los débiles, de los cobardes y los flojos, de los que tienen faltan de conciencia”.
“El que venga a decirme a mí a estas alturas, después de 9 años de revolución, que no fue a votar porque no le llegó la beca a tiempo, porque su hija no consiguió cupo en la Universidad Bolivariana, no le dan el crédito, o tiene 3 años esperando una vivienda; el que diga eso, yo prefiero que se pase para la oposición, porque el que lo diga no es un revolucionario. Si al final yo me quedara con 4 verdaderos revolucionarios, ¡bienvenidos! Prefiero y quiero verdaderos revolucionarios, y no revolucionarios de pacotilla, que seamos capaces de abandonar nuestros intereses particulares”, dijo.

Viendo a ese Chávez sudoroso e hinchado de estos días, que intercala risas irónicas con efervescentes desplantes, le pregunté a un amigo, brillante psicólogo, sobre la salud mental de Chávez. “Chavez es un megalomano y los megalomanos no hacen duelos, no reconocen las perdidas, nos las lloran, por eso no logran reflexionar de las derrotas”. Es decir, que al creerse superiores a lo que realmente son, no pueden asimilar las derrotas (no las creen posibles) y no sacan conclusiones ni aprendizajes de ellas. Ellos nunca son culpables. Nunca fallan. Están por encima de todo y de todos. Supongo que el destino de todos los megalómanos es la autodestrucción. Como Maradona, por nombrar uno bastante conocido.

Sólo una tara mental, sólo un impediment psicológico, podría explicar ese regaño y ese desprecio y esa ausencia de capacidad de asimilar que el pueblo no quiere esa reforma y que no se siente correspondido en la lealtad que ha demostrado durante estos largos y penosos años. Después de nueve años de “revolución” la gente sigue sin casas, muchos damnificados aún están en refugios, mueren miles de personas cada año en manos del hampa, las ciudades están abandonadas y en ellas impera el caos, los boliburgueses han demostrado una impúdica desfachatez a la hora de mostrar su nueva condición social, y no se consiguen los productos más elementales para la dieta básica, poniendo en peligro incluso la salud futura de los niños venezolanos. ¿De verdad no sabe esto o no lo puede entender? Después de nueve años de “revolución”, Venezuela tiene las peores relaciones internacionales de los últimos cincuenta años, y la identidad venezolana hay que usarla con discreción en naciones como Bolivia, donde se corre el riesgo de ser linchado por la nacionalidad que se ostenta. Después de nueve años de “revolución”, hay más niños en la calle, hay más inseguridad y más inflación. Chávz incumplió con millones de electores que lo siguieron, creyendo en sus promesas de redención, en su futuro mejor, en su “ahora el poder es del pueblo”. Gente que hace de cada día vivo un prodigio, un milagro, que lucha contra fuerzas superiores y ubicuas para salir a trabajar y para llegar en la noche a su casa. Gente que ya se cansó del único voto que debe cumpir aquel que milite en esa amarga religión en la que él es el profeta es: “Con hambre y desempleo / con Chávez me resteo”.

Hasta la mujer más débil, hasta la más carente de personalidad, la más dependiente, recibe al fin el golpe que la hace reaccionar, el que la hacer rebelarse y recordar que es un ser humano.

Post-post:
Jesús Torrealba, de la organización “Radar de los barrios” escribió un interesante artículo al respecto: Inmaduros, débiles, flojos, cobardes…

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