De lo que pasó ayer con la multitudinaria marcha que se concentró en la avenida Bolívar, vale destacar dos aspectos, además de que el lleno fue indiscutible, a pesar de lo que dijo el canal de todos los venezolanos:
1) Los estudiantes se salieron con la suya. Cuando la gente del gobierno, atacar por el terror frente al obvio rechazo que tiene una reforma cuyo contenido se negaron a debatir, comenzó a cambiar los días de su cierre, decidieron (por ventajismo) quedarse con el último día. Juran que el que cierra gana, pero resulta que ya la semana pasada los muchachos había dicho: “… y el jueves, pa la Bolívar”. Y así fue. Mantuvieron la claridad de su objetivo y ganaron credibilidad al asumir el reto y salir airosos del mismo. Con creces.
2) La lenta vuelta a la normalidad. El lleno de la Bolívar, considerada la iglesia del sacerdote de los oprimidos y sagrado sitio de encuentro de los chavistas de todo el país, parecía una temeridad cuando los estudiantes lo anunciaron. El riesgo era alto: el desprestigio al no poder cumplir su propuesta, y la desmoralización del voto no. De inmediato el gobierno activó el laboratorio de guerra sucia, hablando de golpe, de violencia, de planes de la CIA, de desestabilización, de fascismo… Durante toda la semana hemos podido presenciar los ojos desorbitados de Rodríguez, el frío desdeñoso de Cabello, el lenguaje de borracho de botiquín de Chávez… Y llegó al fin el día que tanto se temía. Todo el que asistió tenía sus temores sobre lo que sucedería, pero asistió. Una vez allí, contagiados por la alegría y la energía de un pueblo que no quiere vivir bajo una monarquía tropical, se despejaron todos los temores. La gente marchó, caminó con sus pancartas alusivas al no por las avenidas Universidad y Bolívar, por Parque Central, por las cercanías de La Hoyada… Por todos los territorios otrora prohibidos. Y no pasó nada. Se conjuraron todos los temores, todos los fantasmas de la violencia, todos los argumentos y excusas del gobierno. Es decir, eso que la semana pasada sonaba temerario, hoy, de vuelta a casa, entendemos que no es más que la paulatina y lenta vuelta a la normalidad. Vuelven a asomarse las premisas de la normalidad: La ciudad es de todos. no nos queremos matar. Vamos a contarnos. Discutamos argumentos…
Chávez ya cansó a un importante sector de sus seguidores, a los que les ofreció redención y lo que ahora les promete es guerra, violencia, enfrentamientos y destrucción. Les ofreció el paraíso y les exige ahora es que vayan al infierno por él (no con él, que es lo peor del asunto). Subió tan alto que dejó de escuchar que es lo que quiere su pueblo.
Y ese importante paso hacia la vuelta a la normalidad, se lo debemos, a los estudiantes, que se lanzaron ese reto, y al pueblo que, con todos sus temores, no rehuyó a su compromiso, sellando el pacto de repetirlo el próximo domingo.

La primera foto es de Reuters. En ella se puede ver que la tarima está ubicada justo delante del Bolívar civil, al principio de la avenida Bolívar. Esta otra está tomada desde el puente que comunica Parque Central, al final de la Torre Este (esa, que era sede del Minfra y sospechosamente se quemó) con el Caracas Hilton (ahora Alba), frente al Teresa Carreño. Debajo del puente del que está hecha la toma, por la vía que conduce a la avenida Bolívar desde Plaza Venezuela, paralela a Los Caobos, todavía se quedó gente que no pudo seguir avanzando. Yo lo sé, porque estuve ahí.
A pesar de eso, a Diosdado Cabello(*), gobernador de Miranda, parece que los cuatro helicópteros que hacían tomas aéreas sólo le llevaron una de las 5:30 de la tarde, cuando ya se había terminado la concentración. Basándose en esa imagen, dijo que allí que había eran 500 personas. Ese estilo de invisibilizar a la mitad de la población es la constate de estos 9 largos años. Esa mitad invisible de la población, votará no para no ser eternamente invisibles.
Post-post:
Cabello, Rodríguez, y otros candidateables, son íntimos apostadores por el no. ¿Qué político no tiene aspiraciones? Ellos saben que, al día siguiente después de ganar el no, y luego de públicamente adoptar la actitud conveniente, se comenzarán a frotar las manos gozosos para ver quién será el candidato presidencial del oficialismo para el próximo período. Ese sueño lo acaricia todo el que está en el poder, y ellos no serán la excepción. Vota no, Cabello, y aspira.