El todo o nada del régimen: jueves próximo

La mueca descompuesta lo delata más allá de lo que el siquiatra quisiera. Él, tan cerebral. La mueca acompaña el sentido real de sus palabras, de su desdén, de su odio visceral, de su terror. Anunció el plan B: la concentración de cierre de campaña del gobierno va a ser en el mismo sitio y en el mismo día que los estudiantes que se oponen a la reforma habían convocado la suya: el próximo jueves en la avenida Bolívar. Luego, entre ademanes desdeñosos y epítetos insultantes, afirmó que la oposición “tenía previsto que para esta fecha el país estaría encendido, pero no lo ha logrado y Ricardo Sánchez, nuevo presidente de la FCU de la UCV, delató el plan del Comando Nacional de la Resistencia y sus amos, por lo cual lo regañaron y lo sustituyeron como vocero”.

Las encuestas son reveladoras. A estas alturas difícilmente se voltean las tendencias. Entonces, esa estrategia no está llamada a demostrar mayoría, ni a buscar inclinar el voto de los indecisos. Esa estrategia es el macabro plan b. Saben que cada vez se quedan sólo con los má radicales y están buscando que el estudiantado, harto de bajar la cabeza, acepte el reto. Es decir, que se produzca el definitivo baño de sangre. Es decir, este es el plan C. El plan b fracasó: llegó a Chile groseramente pidiendo mar para Bolivia, insulta a Aznar hasta irritar a la delegación española, va a la OPEP a pedir que se use el petróleo coimno herramienta política, viola el espacio terrestre y aéreo de Guyana y deliberadamente fue haciendo insostenible su mediación en Colombia con cosas como declarar con el jefe guerrillero desde Miraflores, anunciar a la prensa compromisos verbales privados con Uribe, y por último, contravenir la condición de que no entrara en contacto con los militares colombianos. Fracasó el plan B (el que empleó Galtieri, que puso a los argentinos que lo odiaban a apoyarlo). Ahora viene en plan C: provocar un baño de sangre entre venezolanos. Se agota el tiempo para el enemigo externo, ahora viene el del enemigo interno, como lo reza el manuel fascista.
Como se expresa Jorge Rodríguez, como se expresa Chávez, como se expresó en días recientes Diosdado Cabello, es obvio que estamos ante los jefes de una facción del país; una facción violenta e inescrupulosa. No ante sus autoridades. La balcanización definitiva del asunto. Quieren provocar a Baduel, ver qué es lo que tiene bajo la manga. Ya tienen el discurso del golpe fascista redactado en los discos duros de sus agentes difusores. Están a un tris de mandarlo a las agencias de noticias y a los grupos de apoyo del mundo entero. Saben que no pueden contarse. O es baño de sangre con el respectivo discurso desestabilizador, o es toque técnico de militares (si es verdad que tras Baduel hay lealtades en la FAN). Es malandreo para desanimar: “Si en la cara te negamos los espacios y te amenazamos y te ninguneamos ¿Qué te hace pensar que nos va a dar la gana de reconocer la derrota”, dice esa cara de malandro de Altamira de Jorge Rodríguez (en adelante, como no actúan en nombre de los venezolanos, no se les puede nombra con el cargo del que fungen).
¿Será que él en persona va a poner el pecho al enfrentamiento, cuerpo a cuerpo? ¿Va a arriesgar su pellejo? ¿Oo el de los tontos útiles, violentos por naturaleza, alimentados con el tetero del resentimiento regalado en Mercal? Están, descaradamente, denigrando a sus seguidores. Los están llamando a que sean hampones del régimen, esbirros. Los obligan a reconocerse como asesinos.
Sólo una cosa vale acotar para la historia, a la prensa del mundo y a la opinión pública: si se llegase a consumar un baño de sangre en Venezuela el próximo jueves, y si después de eso el régimen irresponsable de Chávez sale violentamente del poder, echen un ojo a las declaraciones de los principales exponentes del régimen, y entiendan que ellos no gobiernan para todo un país, que son los jefes de un clan que quiere perpetuarse en el poder, sometiendo sistemáticamente a las mayorías. Ya basta de ingenuidad con Chávez. Ya basta de repetir algo sobre un golpe de Estado. No más complicidades. Jorge Rodríguez sabe que es todo o nada. Que si esa previsible avalancha del NO es inocultable, comienzan a armarse los expedientes a los juicios de lesa humanidad. Así de sencillo. Todo o nada.