Las revoluciones

Toda revolución que tenga por objetivo fundamental la toma del poder político (es decir, el control de sus conciudadanos; o el control, a secas), tiene de revolución sólo el nombre.
La revolución es permanente transformación. Ideas revolucionando lo establecido. Son nuevas formas de hacer las cosas, nuevas ópticas, que suponen cambios que podrían calificarse de visionarios, de anticipados.
Por tanto, las verdaderas revoluciones son utópicas, están más en el terreno de las ideas que en el de los hechos concretos.
Las revoluciones son insaciables y sólo buscan romper lo establecido.
La revolución es la búsqueda no el resultado. La empresa Google no es revolucionaria, lo es la permanente búsqueda de innovación de sus brillantes equipos de trabajo.
Las revoluciones son, hasta cierto punto, inocentes. La revolución, por ser búsqueda, no tiene por objetivo en sí revolucionar; sino encontrar. Revolucionar es la consecuencia de una actitud.
Copiar una “revolución”, unos dogmas, con el fin de consolidar el poder hegemónico sobre la población, no tiene nada de revolucionario y sí mucho de dictadura, de totalitarismo. De antirrevolucionario.
Establecerse, perdurar, mantenerse, afianzarse, son los verbos menos revolucionarios que existen. Los más reaccionarios.

Tipica “revolución” bananera: Hay que tomar el poder para poder ejercer los cambios que logren una sociedad más justa. Luego, hay que tomar el control total, porque si la reacción tiene un mínimo de espacio desde dónde bombardear la revolución, ésta se verá obligada a desgastarse defendiéndose. Luego, hay que tomar el control de la región en pleno, porque el imperio buscará sabotearlas desde los países que controla, por lo que hay que llevarla al continente todo. Luego, mientras el imperio exista no será posible la revolución, ya que aquel siempre podrá ejercer su influencia para impedirla. (Desde el punto de vista de lo insaciable y lo de permanente búsqueda, esa es una revolución. Lo único es que jamás va a resolver los problemas del pueblo, ni a lograr equidad social, ni aligerar las necesidades de los más necesitados, ni nada).
Si alguien habla del control político y luego habla de revolución (o viceversa) o se contradice o miente, que es lo mismo.
La “revolución” venezolana es tan reaccionaria, que aspira a un poder absoluto sin controles. El gasto de las monarquías europeas está controlado por el parlamento. Sería, en vez de revolución, la monarquía más absoluta de que se tenga conocimiento en la actualidad.

Las revoluciones son posibles básicamente en el terreno del arte, del pensamiento, de las ideas. Un pensamiento único, una sociedad con acceso restringido y filtrado sobre los acontecimientos que la rodean, jamás podrá producir revoluciones.

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