Caracas hasta el último de mis días

Intentaron cambiar el nombre a la Urbanización Menca de Leoni por algo tan cursi como Urbanización 27 de febrero, y los vecinos entraron en cólera. No tenían nada a favor del personaje histórico, la gran mayoría no era adeco, quizá ni sabían que se trataba de una primera dama venezolana de cuando los albores de la democracia. Es decir, no era un asunto político, ni histórico, era un asunto de identidad. Y de sentido práctico. No iban a cambiar su dirección de toda la vida por el capricho oportunista de unos cuantos legisladores locales.
Le quitaron al parque del Este el nombre de Rómulo Betancourt (¿Ah, se llamaba así?) y le colocaron Francisco de Miranda. Y nada ha cambiado. Sólo que ahora le rinden menos honor al homenajeado, porque el mantenimiento del parque (con el consabido populismo de abolir el simbólico pago por el disfrute de sus instalaciones) es mucho más pobre. Los usuarios de antes, de cuando se llamaba Rómulo Betancourt, le llamaban Parque del Este, y los de ahora le llaman parque del este.
Le pusieron a Venezuela el adjetivo de bolivariana, y además de ser una muestra de lo folklóricos que son los tipos que nos gobiernan, el asunto apenas sirve para marcar ese período histórico en que se registró un incremento brutal de la corrupción en el Estado. Los bolivarianos, como se les llama a los funcionarios de ahora, son mucho más corruptos que sus predecesores. Los ministerios ahora intercalan “del Poder Popular” en su razón social, y nunca la gente ha estado más lejos del poder (asómense y vean la cantidad de vehículos de seguridad que acompañan a los representantes de ese poder popular).

En esa búsqueda inútil de borrar la memoria de los venezolanos de todo acontecimiento anterior al advenimiento del Rey Sol criollo, ahora se toparon con el nombre de nuestra ciudad: Santiago de León de Caracas, que ha recibido a lo largo de su historia afectuosos (e incluso cariñosamente irónicos) epítetos como La de los techos rojos, La sucursal del cielo, La sultana del Ávila, y conocida simplemente como Caracas (o La Capitar, según el imaginario de los caraqueños de antaño sobre cómo era nombrada su ciudad por los pobladores del interior del país), ahora la suman a esa larga lista de oprobiosos y ridículos intentos por desnaturalizarla, de hacerla aliada (cómplice, creación, obra de gobierno) de una revolución a la que no se le han visto ni se le verán las bondades: Ahora proponen llamarla “la Cuna de Bolívar y Reina del Guaraira Repano”. ¿Habrase visto tamaña ridiculez? ¿Semejante cursilería inútil? ¿Se acabará el hampa, el abuso de los motorizados, la indolencia de sus habitantes, con el cambio de nombre? ¿Respetarán los policías a sus conciudadanos a partir del nuevo bautizo? ¿Dejarán de matraquear los fiscales? ¿Se resiprará un ambiente más humano, la gente no botará basura en sus calles, dejarán de comprarle a los buhoneros? ¿Habrá menos desnutrición si le ponemos la Reina del arroz con pollo? ¿O menos violencia si la bautizamos Hogar espiritual de Gandhi? ¿Y a los alrededores del Paseo Vargas, le pondremos: “Tierra sagrada de indias harapientas y descalzas que piden limosnas para sobrevivir mientras dan teta a cinco indiecitos barrigones”? Cuando uno los ve por la calle, y piensa que unos vivos están usando su imagen para saquear al Estado, no se puede sentir sino asco. Y medir el talante espiritual de esos tipos que nos gobiernan. Y la sede del poder ejecutivo, ¿que tal si la mudamos para La Planicie? ¿O la sede de la Asamblea para el Nucleo Endógeno Fabricio Ojeda? ¿O los ministros y diputados, mudarlos a un bloque del 23 de Enero? Eso sí sería revolucionario.
Todo ese afán de cambiar nombre recuerda la milmillonaria campaña de Telcel por obligar a sus clientes a que la llamen Movistar, y sin embargo la gente va a un quiosco y pide una Telcel de quince mil, y el quiosquero, impávido, entrega la mercancía solicitada. El alma de una ciudad no se legisla. Como todo organismo vivo, depende de miles de factores que escapan de las manos de los gobernantes. Ponle Bushtown a Manhattan y seguirá siendo Manhattan. Ponle Leningrado a San Petesburgo y sus habitantes recuperaron su nombre.

El problema con estos tipos es que creen que tiene derecho a hacer lo que les da la gana con el país porque usurpan el coroto. Que creen ingenuamente que se puede escribir la Historia en el alma de los ciudadanos. Que creen que la Historia y sus vidas son una sola cosa. Que juran que por escribirlo, por decretarlo, se siente, se asimila, se produce el cambio. El problema con estos tipos es la desconexión con el sentir de la gente real. Es que dejaron de sentir como esos que cobran quince y último, que se apilonan en el metro, que van al cine los lunes y que hablan mal del gobierno, de la suegra y del jefe. Que no saben que el gobierno, la suegra y el jefe siempre estarán en la acera del frente, así se hagan los locos, así compartan la mesa y celebren los chistes. Que no hay nada más reaccionario que pensar como los poderosos, que hacer las cosas no porque genera felicidad sino porque se tiene con qué. Porque entrañan la caudillesca noción de que el poder se debe demostrar, y cuanto mas arbitrario mas evidente.
El problema con estos tipos es su intrínseca infelicidad. Su suprema infelicidad.

Para mí Venezuela será sólo Venezuela y Caracas será Caracas aún en el último de mis días. Porque no hay nada más subversivo, más insolente con el poder, que el corazón.

10 comentarios »

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  1. “Los bolivarianos, como se les llama a los funcionarios de ahora, son mucho más corruptos que sus predecesores.”

    ¿Ésta no es una generalización un poco desafortunada, Héctor querido? Me refiero a que hay muchos funcionarios, como para generalizar su corrupción de forma tan (perdona la franqueza) irresponsable. Yo te puedo decir, de manera objetiva y sincera, y desde adentro, que tal vez haya más corrupción absoluta que antes (que no sé si hay manera de medirla, pero en todo caso yo no lo he hecho) pero está en manos de muchos menos que antes. Antes robaba hasta el barrendero, ahora sólo roban los de arriba. Y los de abajo, palabra de honor, somos muy honestos. O al menos en las dos instituciones del Estado en las que yo he trabajado. Y

    No lo tomes como atauqe, nada más lejos de mi intención (sabes que yo te quiero mucho). Tómalo más bien como un intento de darte una visión algo distinta, como te dije antes, desde adentro.

    Besos,
    Su

    Comment de Susana Sussmann — 30 August, 2007 @ 11:05 am

  2. Bueno, yo también soy funcionario aunque no bolivariano ;)

    Pero claro, como todas las generalizaciones, es peligrosa, pero igual ocurre con “Y los de abajo, palabra de honor, somos muy honestos” que te puedo echar unos cuantos cuentos.

    Al final pareciera que la cosa es como dice Jorge de Abreu; claro que No Volveran..nunca se ha ido :)

    Comment de Juan R — 30 August, 2007 @ 1:06 pm

  3. Querida Susana, básicamente el texto se refiere a los que usan el manto de ser “revolucionarios” para hacer negocios sucios. Los “bolivarianos” son esos que se dicen rojos-rojitos y repiten los argumentos de Chávez, usando el discurso de los pobres, para corromperse. Creo que en el texto la intencionalidad es clara. Hasta donde sé tú no estás en un cargo público por palanca ni por tener carnet del PUS. Lo que pasa es que, como dice acertadamente Juan R, toda generalización es peligrosa. Yo también sé de guisitos de funcionarios medios. Cada quien debe responder por sí mismo. Un abrazo.

    Comment de ChamanTower — 30 August, 2007 @ 1:12 pm

  4. Sí, Héctor, yo lo sé, que no te acuso de estar hablando de mí :-)

    Pero las generalizaciones son peligrosas porque tú no sabes qué persona puede leer tus palabras y quizá no captar la intencionalidad de lo que quieres decir. El día de mañana alguien las repite por la calle y más de uno habrá que piense que todos los funcionarios son corruptos. (Como de hecho ya piensan que todos los funcionarios son bolivarianos. Nada más lejos de la verdad.)

    Hace 7 años, cuando entré a trabajar para el Estado, mi padre me dijo: “Mucho cuidado con los sobornos, que te puedes meter en un problema”. Prejuicio. Él asumió enseguida que yo iba a estar expuesta a la corrupción desde el día que yo entrase a ser funcionario.

    El problema de las generalizaciones es que fomentan los prejuicios.

    Y no, no estoy por palanca. Pero tampoco soy nadie. Supongo que los que son alguien dentro de la maquinaria estatal, como mínimo, habrán sido recomendados. Sí te digo que donde yo trabajo a nadie han obligado a entrar al partido, ni nos han hecho ir a las marchas. Puedo asegurarte que aquí no se ha despedido a nadie por firmar. Así que hay de todos los colores políticos, aunque unos hablen más alto que otros.

    Lo malo es que la gente de afuera no lo sabe. Y prejuzga.

    Hace un par de meses, un amigo me envío, creyendo hacer un chiste, una viñeta que atacaba la inteligencia de los funcionarios de Ciencia y Tecnología. Y, caray, eso me dolió, porque de rebote, y gracias a la generalización, me estaban diciendo idiota.

    Bueno, lo dejo por acá, que corro el riesgo de encadenarme, jejejeje. No tengo ánimos de levantar debate, en realidad, porque yo respeto mucho tus ideas y tu espacio virtual (y de hecho, salvo en contadas excepciones como ésta, suelo estar muy de acuerdo con tus opiniones.

    Así que eso, que te dejo un beso.

    (Me acabo de acordar, señor, qué difícil es hacer un guiso ahora. Yo he presenciado cómo se han desmontado guisos prerrevolucionarios. Por eso te decía que ahora no roban los de abajo, sino los de arriba.)

    Comment de Susana Sussmann — 30 August, 2007 @ 7:50 pm

  5. Lo de las marcas es cierto: no me veo pidiendo sino un Yoka de Ciruela si deseo un yogurt en Venezuela.
    Lo peor es quién cree en los sustancial de esos cambios y está de acuerdo con “botarlos” en bloque. La constitución roja-rojita que acorralará a todos (los que la favorecen y los que no). Un saludo!

    Comment de Martha Beatriz — 31 August, 2007 @ 1:00 am

  6. Viajo en breve a Venezuela (si es que todavía se llama así cuando llegue)y me puse a buscar blogs, la forma más osada del periodismo postmonopolio que nos queda. Y, vaya encuentro sin anestesia que he tenido con el tuyo! Pintas con tal crudeza la realidad, los pecados tercermundistas que tanto conocemos los argentinos, que te agradezco el pantallazo. Desde aquí se sabe muy poco, si bien la figura del “rey sol criollo” despierta desconfianza. ¿Populismo? ¿Demagogia? ¿Terquedad? ¿Megalomanía? Veo que es más grave, que la herida será profunda. Aquí también nadamos en la miseria ética y no hay escafandra que nos proteja.

    Comment de Fernanda García Lao — 31 August, 2007 @ 5:44 pm

  7. Estimado Héctor, cuánta sabiduría hay en tus letras…nada más duro que pretender cambiar los afectos que el pueblo guarda en el corazón… estuve en Puerto la Cruz y allí también están haciendo la revolución de gorra, franela y cambio de nombre: hay una avenida que se llama Vía Alterna… le cambiaron el nombre y no me acuerdo cuál es el nuevo nombre… Vía Alterna es lo que recuerdo.
    Saludos, Héctor.

    Comment de Yolanda Fernández — 5 September, 2007 @ 12:25 am

  8. Muy buen post, completamente de acuerdo.
    La corrupcion se ha generalizado de tal manera que ya se ha caido en la generalizacion, tal vez por aquello de que “todo el mundo tiene un precio” lo triste es ver el bajo precio que algunos tienen.

    Comment de Maria E. Staudy — 5 September, 2007 @ 6:28 am

  9. Sí, Fernanda, Latinoamerica siempre de conejillo de indias, centro de atención de excitados analistas, politólogos y periodistas del primer mundo. Y la gran mayoría de sus ciudadanos sólo quiere vivir sus vidas en paz. Bienvenida a lo que Kusturica llamó del suyo, “había una vez un país”. Aunque por los vientos que soplan, Bolivia parece estar más cerca de esa afirmación, con aires secesionistas incluida.

    Así es Yolanda. En muchos pueblitos de italia, por decir algún país, se sienten orgullosos de que ee minúsculo pueblito tenga su nombre desde hace cientos de años. ¿Cómo sentirse orgulloso de un pueblo, de una plaza, de una calle que cambia de nombre cada vez que un funcionario quiera?

    Y sí, María, la que se ha generalizado es la corrupción. De allí la percepción de la calle. Yo creo que la mejor defensa o acusación que se podrá esgrimir será el nivel de vida. Que alguien trabaje duro y se compre su apartamento, su carro, se entiende y se desea. Pero que de pronto tipos sin fortuna conocida, amanezcan en Hummer, en quintas, en apartamentos para sus familiares, vivan metidos en restaurantes de carnes tomando 18 años… Como decía una dama en una cola que hice en el Seniat: Lo que molesta es que los que más se llenan la boca con la demagogia del amor al pobre, son los más escandalosos. Saludos y gracias por tu visita y tu comentario.

    Comment de ChamanTower — 5 September, 2007 @ 2:18 pm

  10. me gusta tu página, sólo una observación, le faltan imagenes que la enriquescan. suerte.

    Comment de lourdes ortoz — 3 November, 2007 @ 10:13 pm

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