Adiós a la Veintiuno
Cerró la Veintiuno. Más allá de las explicaciones oficiales, nadie sabrá qué motivó a cerrar un espacio tan útil a la difusión de la literatura venezolana. O más bien, cualquiera podría suponer las razones, pero nadie las admitirá oficialmente. Una publicación que ahora es cuando iba a ser necesaria. Sobre todo en un momento en el que autores y lectores comenzaban a vivir un mutuo y fructífero reconocimiento. La revista Veintiuno, que dirigían Antonio López Ortega (quien, frente a la Fundación Bigott, logró abrir espacios a la literatura y dejar un importante catálogo literario en esa institución) y Edmundo Bracho (cuyo libro de entrevistas El oponente bastaría para situarlo en un importante lugar en la historia del periodismo cultural en Venezuela) al frente de un equipo muy creativo, y que fue un experimento de periodismo colectivo muy importante, dejó de circular durante este mes, luego de casi tres años que dejaron como testimonio infinidad de reseñas y reportajes sobre la actualidad artística y cultural del país.
Como muchas cosas buenas de la vida, se fue sin despedirse. Ya antes nos habíamos enterado del cierre de Macondo y de la Librería de Monte Ávila (sí, aunque digan que eso no fue un cierre sino un cambio de administración). Se van extinguiendo esas iniciativas que le daban al asunto ese necesario sabor de la pluralidad, del debate, del no siempre estar de acuerdo. La realidad aplasta en silencio. Apenas caído el Ateneo de Valencia y ya enfilaron contra el de Valera. Deben definir “su papel en este proceso de cambios”, como dijo el ministro de Cultura, que ya hasta habla como militar. Van por los demás. Trabajar en colectivo se hace marchando y al son de un único redoblante. No hay sino una única forma de hacer patria, de hacer cultura, de hacer el bien. Sólo una cara extiende las manos. Los demás son parte de un engranaje. Humildes tuerquitas del proceso. Eso se llama unidad. En ese ambiente, la Fundación Bigott se concentra nuevamente en la difusión del folklore. Peligrosos, los intelectuales. Subversivos los que escriben. Las nuevas técnicas eliminaron la feroz violencia de la trampa que se abre y deja a la víctima a expensas de esa lucha entre la gravedad, su peso y una soga en torno al cuello. Ya no se ahorca. Ahora se asfixia lentamente. Es lo nuevo. Es más humanitario. Toda iniciativa privada es personalista. Y aquí sólo cabe un personalismo. Por ahí, en el paroxismo de su vanidad y su arrogancia y su infantilismo enfermizo, un ministro asomó que los bienes culturales no deberían ser mercantilizables. ¿Qué dirá de eso el comunista Benedetti, que vive de mercantilizar sus poemas, es decir de sus capitalistas royalties? ¿O Saramago? ¿O el laureado García Márquez, amigo de reyes tropicales? ¿Cuánta caña cortaría García Márquez durante las zafras, en el período especial? ¿O es que en la práctica no todos somos tan iguales?
Después de los ateneos, ¿irán por las editoriales privadas? ¿Por los centros culturales? ¿Por los grupos de música? ¿Qué quedará, en unos años? ¿Un “si te portas bien, te doy una bequita para que enseñes en una misión”? ¿Un “con esta tarjetica, diciendo que eres un excelente camarada, te publicarán tu librito en la imprenta popular del pueblo soberano”? ¿Un “tranquilo, que yo moví una y te borraron de la lista del prócer Tascón”?
¿Y luego? ¿Los alojamientos, para asegurar que, así como el espectro radioeléctrico forma parte de la soberanía del pueblo, el almacenamiento en disco dentro de la república bolivariana también deba serlo? Cuando te piden la cédula, en momentos en que llamas a CANTV para reportar una falla, ¿No te entra un hilito de frío por la espalda? Le llaman paranoia, y no tengas miedo, no estás loco. Te lo han inculcado lentamente. Recuerda, ya no se ahorca, ahora se asfixia. Poco a poco. Pronto sólo van a quedar, en internet, las páginas a lo Venevisión (Las de chistes y espectáculos) y las páginas a lo VTV (las que hacen cánticos al proceso). Y las riñas de enanos en los foros literarios, esas de ataques supurantes y discusiones estériles, que dan un toque de locura al asunto. De libertad.
Mi más sentido adiós a la Veintiuno.
Revisa a ver ¿Todavía tienes internet?
Post-post (actualizado):
Mil gracias a Irreflexiones (Juan Raffo), a Unocontodo, y a Cagá e país por seleccionarme en el Thinking Blogger Award, así como a Maléfica (qué diseño para despertar perversas curiosidades el de su blog) por incluirme en su lista de finalistas. Me honran hondamente, de verdad. A pesar de las sospechas, sí voy a cumplir mi parte y haré mi lista. De hecho, estoy escribiendo el post para ello. Lo que pasa es que el afecto no tiene la garra punzante que tiene la rabia, disculpen.
Premio 11 de abril otorgado por 















Leí el domingo entes de regresar en “El Universal” : maestro que no se acople en los talleres de la revolución debe renunciar. Y por alli seguimos, la educación y la cultura deben “saludar” y “cuadrarse”. Un saludo, será la próxima vez, te respondí
Comment de Martha Beatriz — 9 August, 2007 @ 6:58 pm
Macondo me dí cuenta justamente el lunes: unos minutos para hacer una diligencia y subo rapidito a ver que veo… y no ví nada, ni libros, ni estantes ni siquiera un esperanzador aviso que indique una mudanza. Nada, que vender libros no es negocio en Venezuela.
Comment de Juan R — 9 August, 2007 @ 8:24 pm
“Peligrosos, los intelectuales. Subversivos los que escriben”.
Fue Millán-Astray quien dijo:”¡Muera la inteligencia!”. El país que vivimos se impregna de ese olor. El adiós de Veintiuno deja ese sabor. Un muestra de calidad que abona con su ausencia un vacío lamentable.
Pero también, como dijo Sábato: “A la vida le basta el espacio de una grieta para renacer”.
Comment de Andres F. Guevara B. (Tupi) — 10 August, 2007 @ 1:06 am
Qué bonita frase la de Sabato. La lucidez, como siempre, lanzándonos una cuerda.
Comment de ChamanTower — 11 August, 2007 @ 5:58 pm
Que triste!
Se van cerrando los espacios…
Comment de Mariale divagando — 12 August, 2007 @ 9:36 pm
Bueno, Chaman/Héctor, Es cierto, se cierran los espacios, se cortan las alas, se cae en picada. Al parecer todo empeora sin remedio. Es una verdadera lástima el cierre de esa revista. Y es una lástima que al enfermo no se le vea mejoría. A dónde iremos a parar en Latinoamérica que, a fin de cuentas, todos sufrimos los mismo males.
Comment de Pretérito — 13 August, 2007 @ 6:24 pm
Para los que no tenemos cable el país es definitivamente otro. Una cadena como la de ayer - cuatro horas, record - hace que se planten una fila de nubes negras sobre el cielo. Pasa algo, algo va a pasar, esto huele mal, hasta aquí llegamos, ahora sí es verdad que nos jodimos. ¿Cuántas de ellas se habrán dicho anoche? Y mientras tanto un terremoto en otra parte de nuestro continente, y mientras tanto miles de personas quedándose sin casa, mientras tanto quizá más maletas y más dólares rodando. Pudimos ser nosotros, pero no nos dimos cuenta por estar sumergidos en nuestro propio aguacero. No nos dimos cuenta porque la lluvia no para desde hace mucho en este país, porque tenemos nuestra propia desgracia, porque aquí ya muchos se han quedado sin casa, sin tierras, sin sol, sin voz…
Gracias por este texto, aunque duela.
Comment de Anémona — 17 August, 2007 @ 12:01 am
¿Otra puerta mas que se cierra?…. y se seguirán cerrando. Saludos y tu Blog se merece muchos premios.
Comment de unocontodo — 17 August, 2007 @ 1:32 am