El mundo no sabe detenerse (comienza la batalla final, y parte 7)

Quienes esperan cosechar las bondades de la libertad deben soportar la fatiga de defenderla / Thomas Paine
Y esa generación del 2000, ese sector de la sociedad que, como colectivo, se había mantenido en silencio durante estos ocho años de gobierno de Chávez, hizo su contundente aparición. Y el gobierno no ha podido estar más desconcertado. Para empezar, todos esos jóvenes eran niños o adolescentes cuando Chávez llegó al poder. Muchos no han podido tener una visión crítica de gobierno anteriores, más allá de las referencias de terceros. Y en eso el gobierno creía que ya había hecho el trabajo de reinventar la historia. Si hasta el calendario escolar oficial, inventado por Aristóbulo Istúriz, incluía la celebración a la gesta heroica de Chávez el 4 de febrero, en contra del gobierno dictatorial de CAP, por nombrar una perlita (vamos, CAP no es una joya, pero fue defenestrado políticamente y salió del poder sin intentar maniobras en contra del hilo constitucional). Ocho años de hablar del puntofijismo y de las cúpulas podridas. Ocho años hablando de los lacayos del imperialismo y de los gobiernos apátridas. Ocho años hablando de la revolución bonita, para arrullar a estos niños con el alimento de sus fuegos épicos, para que vengan a salir con esa.
Al día siguiente al cierre de RCTV comenzaron las manifestaciones. Las primeras fueron marchas casi espontáneas (diga lo que diga el gobierno, de ese rayado disco de un agente de la CIA repartiendo cestatickets en los pasillos de Ingeniería), que probablemente hubiesen perdido su fuerza de manera inercial de no haber sido por: a) la represión de la cual fueron objeto en un inicio, y b) el torpe manejo del gobierno, que las satanizó con un lenguaje soez y agresivo. Ambas cosas condujeron a que las protestas encontraran nuevas razones para existir, y que ya estén en su tercera semana, cada vez más numerosas, cada vez más organizadas, cada vez más ingeniosas.
El gobierno, torpezas van, torpezas vienen, apeló a los habitantes de los cerros a que combatieran a los estudiantes, insultando la dignidad de los más pobres, al insinuar que, por ser pobres, eran perros de presa, brigadas violentas delincuenciales dispuestas a agredir a alguien que no les ha hecho nada, tan sólo porque esa era la voluntad del amo. Craso error cometió Chávez, al dejarse ver las costuras sobre el valor estratégico que ve en los más pobres. Ya saben para qué les pasa la mano y les alimenta el odio y el resentimiento: para que sean un fuerza de combate incondicional, dispuesta a hacer el trabajo sucio que no le quedaría bien, ante las cámaras del mundo, a efectivos uniformados. Pero no previó dos cosas: que la gente se dejará comprar un rato, pero su dignidad tiene su punto de reacción, y que los niños más queridos de todos los barrios, las envidias de todas las doñas, la esperanza de los más pobres, son los muchachos que llegaron a la universidad. Son lo que pudo haber sido y no fue para muchos. Los que aprendieron a triunfar respetando las leyes del juego, sin trampas ni arrebatones. ¿Atacarían los barrios a los hijos pródigos, a los futuros ingenieros, a los médicos, a los abogados en los que el pueblo ve lo mejor de sí mismo? Qué poco conoce Chávez a ese pueblo.
Luego, al ver que no hubo ataques masivos contra el estudiantado, insistió en sus gastados métodos (ancianos, envejecidos métodos, pese al poco tiempo). Cada vez que la sociedad civil le reclama asuntos específicos, cada vez que la población le pone un freno a sus abusos, llama a concentraciones oficialistas (al estilo Castro) para intentar apabullar con número y descartar cualquier necesidad de diálogo, de entendimiento con el colectivo. Miles de empleados públicos, beneficiarios de las misiones (muchos de ellos obligados) y simpatizantes radicales, son llamados a la avenida Bolívar, un corredor vial no muy ancho en el que acaso caben 150.000 personas, y una vez frente esa marea uniformada de rojo, se emborracha la vista y, en su delirio, acentúa su radicalismo, se envalentona, amenaza, y profundiza el error que produjo el conflicto inicial. Las tácticas son las mismas. Ya no hay novedad ni creatividad. Autobuses venidos de todas partes del país. Globovisión dando con las decenas de autobuses estacionados en las calles adyacentes y mostrándolos en cámara, reparto de franelas rojas, "pase de listas" en los puntos de concentración de los entes públicos, uso de todos los bienes del Estado a su alcance (camiones, autobuses, sedes, partidas presupuestarias) y, una vez embebido de soberbia ante la masa anónima que plebiscitariamente le da la razón (eso es lo que se pretende hacer ver) sigue avanzando en su proyecto pretendiendo aplastar las distintas voces, borrar el detalle, desdibujando las necesidades reales de la gente, la fibra de la ciudadanía.
Esto, que ha hecho Castro durante 50 años, para callar las voces de los disidentes, de los presos políticos, de los pisoteados por las brigadas de choque (CDR) es lo que han aplaudido, sistemáticamente, inmoralmente, durante años, ciertos intelectuales de la rancia y oxidada izquierda europea y latinoamericana, y los jóvenes radicales de cada generación que, a lo largo de estos cincuenta años, han crecido con esos entusiasmos castristas y se han hecho adultos descubriendo que fueron cómplices de la última dictadura del continente (por ahora). Es la lucha entre el siglo XIX y el siglo XXI. ¿Vencerá en Venezuela, como venció en Cuba, ese pasado? Cuando se instauró en Cuba nos encontrábamos a mitad del siglo XX. En Venezuela nos agarra en el albor del siglo XXI. En Cuba la hicieron muchachos de veinte y treinta años (que envejecieron, sí, en el poder, deteniendo al país entero en esa época), que no se dan cuenta que son el pasado. En Venezuela, en cambio, la dirigen militares reaccionarios por naturaleza y ñángaras sesentosos que se quedaron anclados en el paleolítico. Venezuela, pese a Chávez, llegó al siglo XXI. No había manera de no hacerlo, somos un país snobista por naturaleza, con una costa inmensa y a dos pasos de Panamá, la ruta obligatoria de toda la tecnología que produce el mundo moderno.
Alguien comentó en una ocasión que, en cuanto mandas tu primer mensaje SMS y recibes respuesta, en cuanto ejerces ese inocente prodigio de la era de las telecomunicaciones, tu vida cambia radical e imperceptiblemente, y asistes a un antes y un después de la Humanidad: entras al siglo XXI. La era de las comunicaciones. ¿Cómo se puede, en la era del chat, del skype, de la webcam, del youtube, de los SMS, de los celulares con conferencia, de los blogs (todo esto muy económico, al alcance de una porcentaje altísimo de la población mundial, democrático y de acceso libre); cómo se puede, entonces, sostener un régimen en el que se pretende dirigir las comunicaciones y filtrar las contenidos? ¿Cómo, pretender acabar con la multiplicidad, la diversidad, para imponer un canal único, unidireccional de comunicaciones, para establecer un pensamiento único? Los gobernantes de estos tiempos, forzosamente (y no precisamente porque lo deseen) tienen que ser más democráticos, más inteligentes, más amplios. Ya no hay un sólo canal, un único medio. Las comunicaciones se han vuelto ubicuas y, lo más importante, multidireccionales. RCTV, que es una forma vieja de comunicación (la televisión unidireccional de señal abierta: un emisor incansable y un receptor pasivo), aunque no representa la realidad de estos tiempos, sí simboliza el más alto valor de la población del siglo XXI: la comunicación. Esa es la necesidad más sensible y la que cuidan más los ciudadanos de estos tiempos. La diversidad, la posibilidad de escoger entre los cientos, miles de caminos y de vías, por dónde le llega la verdad que desean conocer. Atrás quedaron los "padrecitos" que decidían por nosotros que era lo que debíamos saber. El conflicto que se plantea se parece más a la trama de la película Matrix, que a la guerra fría. El anarquismo, la guerilla urbana, la insurrección civil no se hará con armas, se hará con instrumentos de comunicación. Por eso China comienza a ablandarse y deja que la gente se distraiga haciendo dinero, por eso Cuba es una pesadilla digna de museos del horror, por eso Irán protege (en vano) su oscurantismo de las corrientes modernas de Occidente. Por eso en Venezuela el conflicto se desató por, precisamente, un canal de televisión, un medio de comunicación. En adelante se iniciará una larga lucha. ¿El líder premoderno con sus historias de su infancia en el campo o la sociedad ubicua y virtual? Tarde o temprano prevalecerá, inevitablemente, lo segundo. La sociedad moderna, adulta e hiperinformada. La sociedad libre y, por tanto, responsable de sus actos.
Chávez viejo, con sus historias de comer mango en una mata cuando era niño, tutelado por un fósil como Fidel Castro, cuyo conocimiento del mundo no basta para entender las realidades modernas, no llega al meollo de las aspiraciones de ese sensible sector de la sociedad: los jóvenes. Por eso sólo les resta reprimir. Militar frustrado de verdaderas batallas, cree que las batallas son concentraciones de ejércitos que se confrontan, en las que vence el que tenga más soldados y menos escrúpulos.
Y en esa lucha los estudiantes se han vuelto profundamente subversivos a los planes oficiales, porque están apuntando a cambiar los referentes que le han resultado exitosos a Chavez. No es una lucha de este contra oeste. Ni de pobres contra ricos. O de revolucionarios contra escuálidos. Se trata de que ya Chávez no le habla a los jóvenes. No los puede conmover. No produce pasión con ese discurso de la unicidad, la patria y el imperialismo (a los chavistas les encanta viajar a Nueva York a deleitarse con las últimas novedades de los colosos Estados Unidos y Japón). Ese discurso del enviado de Dios. Pero esta generación cree en muy pocas cosas. Su derecho a decidir, es una de ellas. Que no los jodan de más, es otra. Que ser competitivo pasa por ser mejor persona puede que sea otra. Pero Chávez los aventó a la militancia. La de pelear por el derecho a decidir. Ya se declaró la ruptura, se dibujó la grieta. Ya no se trata del cuento del lobo. Ya dio el primer paso. En adelante sólo se trata de una lucha entre un estamento envejecido y un mundo que es capaz de equivocarse pero que no sabe detenerse. Nunca.
Premio 11 de abril otorgado por 















Tower,
En una escena sacada directamente de una versión bizarra de un cuento de Ciencia Ficción, Venezuela tiene una semana siendo el país con mayor cantidad de ciberataques a nivel mundial.
Mira este mapa:
http://www.akamai.com/html/technology/dataviz1.html
(selecciona la opción Attacks en el mapa)
Esto, mai frien, es el siglo xxi.
Comment de Der Pratter — 14 June, 2007 @ 1:12 am
Qué tal, Héctor, cómo estás? Muy bueno tu artículo. En la escuela de Letras se nos instaló una “Asamblea para Todos los Estudiantes”, donde se demuestra, que como que los agentes pagados son otros. Igual seguimos con manifestaciones, y a seguir cosechando las bondades de la Libertad, y no las bondades de un grupo de personas que por ahora está en el poder. Un abrazo, nos vemos mañana en El Buscón.
Mario Morenza
Comment de Mario Morenza — 18 June, 2007 @ 1:17 pm