Más blackout harás tú (comienza la batalla final, parte 4)

“Este gobierno sería un grandísimo irresponsable si le renueva esa concesión a un operador de telecomunicaciones que se ha portado como RCTV, que ha estado detrás del golpe continuado permanentemente”, señaló Andrés Izarra, presidente de Telesur, el pasado 2 de junio durante una entrevista concedida a El Universal. Con esta afirmación, el también ex ministro de Comunicación e Información se ciñe rigurosamente al manido discurso que el gobierno ha usado, con la tozuda repetición de la propaganda ideológica, para justificar la salida del aire de RCTV, basándose en las actuaciones de los canales (de todos los canales) comerciales, durante los días 12 y 13 de abril de 2002. Para los que llegaron tarde (siempre quise escribir esa tonta frasecita), vamos a hacer un breve recuento de los hechos:
Durante el confuso episodio de la efímera salida de Chávez del poder, se sucedieron manifestaciones de protesta en su respaldo, tanto en Miraflores como en Fuerte Tiuna, el principal cuartel de Venezuela, ubicado en Caracas. Simultáneamente, en varios sectores de la ciudad, las protestas devinieron en saqueos. Tal fue el caso de la avenida Sucre, zona de mueblerías de libaneses y sirios, las cuales fueron totalmente saqueadas durante el principio del fin de semana, mientras existía la incertidumbre de la suerte del defenestrado líder. Argumentando que ya durante los saqueos de 1989, a los medios se les había acusado de fomentar y propagar la violencia con la emisión de imágenes de saqueos, los cuales se multiplicaron luego de la salida al aire de esas noticias, los canales se escudan en ese argumento y deciden (mientras no está muy claro si el retorno de Chávez es un hecho consumado) transmitir comiquitas y películas viejas, manteniéndose al margen de los sucesos que devolvieron a Chávez al poder. Ese fue el llamado blackout informativo. Ese fue el plan golpista. Ese y los acontecimientos previos a la salida de Chávez, dos días antes.
Lo que, por supuesto, no dice Izarra, ni ningún personero del régimen, es el ambiente que se respiraba en Venezuela luego de los duros sucesos del 11 de abril. Sucesos inéditos y totalmente ajenos a la manera en que los venezolanos entendíamos el ejercicio de la política, durante las cuatro décadas de la llamada cuarta república. Sucesos que dividieron la historia del país en un antes y un después, quitándonos para siempre la inocencia. La historia se puede refrescar en el post La historia oficial, aunque, a grandes rasgos, se puede resumir así:
Una inmensa marcha (inmensa, superlativa, la más numerosa vista en esta tierra que ha visto las marchas más apoteósicas que muchos lugares jamás han visto) se dirige a Miraflores. Era época de marchas y protestas. En las adyacencias de Miraflores, la Guardia Nacional intenta en vano dispersarla. Se dice que el presidente ordena la activación del Plan Ávila (sacar al ejército a la calle a “poner orden a cualquier precio”). Esa especie la confirmaría un general llamado Rosendo Rondón, el cual se desconectó de las comunicaciones militares para no tener que cumpirla. La marcha sigue su curso hasta las puertas de Miraflores. En la puerta principal de Miraflores se concentran activistas del oficialismo, preparándose para una guerra. Un grupo de ellos, se apuesta en Puente Llaguno y (según el video de Venevisión, que ganó el Premio internacional de periodismo rey de España y que, obviamente, fue acusado por el gobierno de ser un montaje de la CIA), desde allí, comienza a disparar al cuerpo de la marcha opositora, ubicada a unas cuatro cuadras. Frente a Miraflores, donde se encontraba la cabeza de la marcha, separada apenas por un par de barricadas y una delgada capa de efectivos militares, se encontraba la masa chavista, dispuesta al enfrentamiento, con l oque tuviese a la mano. comienzan a caer las primeras víctimas. No se sabe de dónde venían las balas. Todas las televisoras (obvio, era un suceso histórico) transmitían los hechos. En medio del fragor, con la noticia de los primeros muertos, Chávez encadena para hablar largamente al país. ¿Por qué esa cadena? ¿Por las mismas razones que luego esgrimirían los canales de televisión? ¿Algún tribunal habrá solicitado las razones de esa cadena? ¿O el poder no da razón de sus razones? Chávez hablaba como fuera del tiempo. Afuera, se sucedía una verdadera batalla campal que, entre Guardias nacionales, soldados de la Guardia de Honor, opositores y adeptos al gobierno, sumaban unos cientos de miles de personas. Adentro, en palacio, Chávez hablaba y hablaba, mientras se veía que una mano, que apenas entraba en plano, le pasaba papelitos y aquel los leía, asentía imperceptiblemente, y seguía hablando. Los canales, al ver que la cadena se sigue extendiendo mientras la noticia histórica se sucede afuera, deciden picar la pantalla en dos ventanas. En una, Chávez habla y habla al país, de cosas que ya nadie recuerda. En la otra, los muertos, la gente exaltada, la guerra civil a punto de estallar. El gobierno se entera de que las transmisiones están saliendo picadas, y ordena tomar las antenas repetidoras y tumbarles la señal. A partir de ese momento, mientras los venezolanos dejaron de ver la noticia en vivo por las señales abiertas de Venezuela, otros seguían, a través de CNN y otros canales extranjeros, los acontecimientos más sangrientos de la historia contemporánea de Venezuela. En adelante, alguno se enlazaría con su señal internacional y, mientras Chávez se hacía el desentendido y afuera del Palacio moría decenas de compatriotas, los comandantes de los componentes, a título personal, asumían la responsaibilidad de desconocer la autoridad de Chávez. A las siete de la noche, la fuerza armada en pleno, a través de las cámaras de televisión (el segundo golpe), le había retirado el apoyo a Chávez. Acompañado sólo de un puñado de radicales, le tocó recibir a los emisarios que lo escoltarían a Fuerte Tiuna a negociar su rendición. A medianoche, el misimísimo Inspector General de la Fuerza Armada, general trisoleado Lucas Rincón, hombre de confianza de Chávez, saldría en televisión anunciándole al país que le solicitaron la renuncia a Chávez.
Luego de esta lectura, que fue la que hizo un sector importante de la población, la presunción de culpabilidad de Chávez flotaba en el ambiente, como los gases que rodearon Miraflores durante esa luctuosa tarde de abril. ¿Quién que lleva una marcha multitudinaria a las puertas del Palacio de Miraflores, logra colar agentes encubiertos a escasos metros de allí, en una zona de alta seguridad,, para asesinar a sus adeptos con el fin de involucrar al gobierno? ¿No hubiese sido más fácil intentar el tan cacareado magnicidio del cual no hemos visto ni un rasguño? ¿Quién organizó la masacre de venezolanos? El actual embajador de Venezuela ante la ONU, comandante Francisco Arias Cárdenas, uno de los conjurados en la logia de 1992, no dudó en señalar (bendito Youtube) al que en ese momento, según su percepción, era el definitivo culpable.
Pero, en fin, esos muertos penarán en ese eterno limbo (ya en desuso) ya que jamás será posible determinarse responsabilidades penales en torno al autor intelectual de los disparos que, venidos nadie sabe de dónde, asesinaron a unos cuantos venezolanos aquella tarde de abril. Los de la entrada de Miraflores, claro, porque los de la avenida Baralt, a una cuadra de allí, Venevisión dio pistas interesantes, que fueron desechadas una vez que Chávez volvió al poder, y se excarceló a los participantes reconocidos en el video.
Puestos los acontecimientos en la mesa, tenemos dos blackouts fulminantes a relevantísimas noticias. Es decir, los canales no hicieron otra cosa que pagar con la misma moneda. Es decir, he allí dos blackout: uno, escodiendo el asesinato de venezolanos; el otro, silenciando el apoyo de un sector de la población al retorno de Chávez. En ninguno de los dos casos hubo investigación judicial. En ninguno de los dos casos se pudo establecer responsabilidades. Sólo quedó el costosísimo cabildeo y la reducción absurda de la verdad, que repite una y otra vez que RCTV y Globovisión son golpistas. ¿Por que no lo son Televen y Venevisión? La respuesta la dio un vocero del gobierno: Venevisión estuvo en esa, pero rectificó.
Chávez fiscal, Chávez investigador y Chávez juez, determina la culpabilidad de los venezolanos, sin derecho a juicio ni a defensa. Sólo se vale del empalamiento moral ante sus electores, cuando se encadena en un monólogo sin derecho a réplica. La justicia tumultuaria. Los buhoneros y motorizados repitiendo “golpistas, golpistas”. Los alumnos de la Bolivariana gritando, alborozados, “Ahora le toca a Globovisión”. Si algún tribunal hubiese determinado que callar un suceso relevante es golpismo, ¿que tribunal imparcial no huibiese condenado a Chávez por la cadena del 11 de abril? Al menos por encubrimiento.
Pero en ese entonces funcionó el discurso repetido hasta el cansancio: RCTV fue cerrada por golpista. Incluso ahora, con la distancia que da el tiempo, se escuchan voces de “cultos intelectuales europeos” repetir esa pobre verdad que no soporta la más frívola revisión: RCTV fue cerrada por golpista.
Es la historia, de la cual se ha dicho hasta el hartazgo, que la escriben los vencedores. Y los canales venezolanos son golpistas, son golpistas, son golpistas… Como se ve, de dónde menos se espera salta la barbarie.