La verdad
Una mujer con cara de extasis en un pequeño afiche a dos colores. La leyenda habla de un nombre impronunciable en español. Remata la invitación a una conferencia con la expresión Para los que quieren saber la verdad. Cada religión tiene su versión de la Biblia. Todas prometen que en la suya está la verdad. Judíos, musulmanes y cristianos tienen la única verdad. El gobierno venezolano se inventó una ley de comunicaciones donde exige veracidad en la noticia. Tan discrecional ha sido el término, que varios medios se han tropezado con ese concepto de veracidad. ¿No bastaría un canal oficial -que ya tiene- y un website oficial -que los tienen- para proponer su visión de los hechos, su interpretación de la realidad política del país? La verdad, al ser única, debe abarcarlo todo. El gobierno suma y suma medios de prensa, radio y televisión. Financia y financia radios comunitarias, pequeños impresos y páginas web, que salen día a día como una choricera. Por la hora de participación, se nota que ciertos nicks hacn guardia en los foros políticos opositores. Una batalla, no un intercambio de opiniones, es lo que, lógicamente, el gobierno militar hace de la discusión política. Ahora no se conforma con comprar televisoras, también las cierra con subterfugios (digan lo que digan sobre vencimientos: Chávez no podía no darse el gusto de decirle a Marcel Granier que él tiene el poder de cerrarlo por golpista ¿No fue Venevisión el que llevó por el mundo las imágenes de los francotiradores de Puente Llaguno? ¿O en las revoluciones pasa como en la religión, que los golpistas arrepentidos vuelven al rebaño?). En fin, ante tal voracidad por implantar una verdad única, y antes de que nos quiten el derecho a usar internet, a los ciudadanos no nos queda otra que denunciar la asfixiante presencia mediática de la revolución del marketing (como todas). Como parte de ese deber ciudadano, reproducimos a continuación un comunicado del Observatorio Antitotalitario Hannah Arendt, el cual se reproduce a continuación:
El 9 de febrero, el Consejo Nacional de Protección del Niño y el Adolescente ordenó una multa para el humorista Laureano Márquez y el diario Tal Cual, por un editorial humorístico publicado el año pasado, titulado Querida Rosinés. Un comentario aparentemente descuidado del Jefe del Estado en Aló Presidente generó la acción individual de una abogada contra el autor y el diario, y luego, una denuncia de la Fiscalía que culminó en la multa. La sentencia es muy confusa sobre la multa, pero amenaza con ser tan grande que el diario convocó a una colecta para intentar salvarse de la quiebra.
El 2 de febrero, el físico Claudio Mendoza, un prominente científico venezolano distinguido con el Premio Lorenzo Mendoza Fleury de la Fundación Polar, fue destituido de su cargo de jefe del Laboratorio de Física Computacional del Instituto de Investigaciones Científicas, a causa de un artículo de opinión que había publicado en septiembre pasado en El Nacional, en el que hablaba de los peligros de incorporarse a una carrera nuclear y comentaba que Venezuela no podrá avanzar mucho en eso por el “desprecio revolucionario hacia los expertos”.
No son los primeros gestos oficiales de hostilidad a la libre circulación de las ideas en Venezuela. El problema es que han ocurrido en serie, y dentro de un contexto de clara disminución de indicadores democráticos: una ley habilitante que concentra aún más poder en el Jefe del Estado, una oleada de estatizaciones, numerosos anuncios que amenazan la existencia de órganos de elección popular, como alcaldías y gobernaciones.
Todo esto se produce, además, junto al caso RCTV y el agigantamiento del poderío propagandístico oficial. A los 70 medios impresos, 159 emisoras de radio y 6 televisoras que hasta ahora controla totalmente el gobierno, se sumó esta misma semana la decisión de transmitir Aló Presidente de lunes a viernes. El gobierno suma y suma poder de propaganda, y la disidencia es hostigada y perseguida. Es obvio que la intención oficial es erradicar toda voz que no esté autorizada por el mismo hombre que controla todos los poderes públicos y la fuerza armada, y que promete gobernar hasta por lo menos 2030. Es obvio que acciones como ésta alimentan una sospecha cada vez más extendida: Venezuela transita por una ruta de autoritarismo militar creciente, que recuerda claramente el triste camino de las naciones que cayeron bajo el horror totalitario.
Una sociedad sin libre circulación de las ideas es una sociedad ciega y sorda ante sí misma, que no puede hablar de sus problemas y por tanto no puede resolverlos. Es como un autobús sin luces andando a toda velocidad por una carretera de montaña: sin ver el camino, no tardará en despeñarse. Pero aún es tiempo de corregir el rumbo. El Observatorio Antitotalitario Hannah Arendt exhorta a la sociedad venezolana a defender su derecho a elegir, a hablar y a pensar con libertad.
Premio 11 de abril otorgado por 















Creo que es lo mas serio que he leído ultimamente.
Mierda!
Comment de Saucisse — 25 February, 2007 @ 10:11 am
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Comment de OLSENTisha — 5 October, 2011 @ 9:59 pm