Mequetrefes
Es una de esas avenidas difíciles de la Capital. Populosa, le llaman hipócritamente políticos y medios de comunicación. Densamente pobladas, señalan los planificadores y urbanistas. Avenida dura en su mejor momento. Viernes, día de cobro, ocho de la noche, previo al Carnaval. La ciudadanía es un arte complicado, que requiere tanta formación, tanta preparación, tanto esfuerzo, que no es muy viable en este país con chequera de Japón y maneras de Haití. En Caracas, hay que decirlo, los motorizados son la plaga . Una de las más peligrosas y más difíciles de controlar. Una virosis dañina. Une epidemia. Imagínese el ambiente: buhoneros, gente que camina, que corre, se aglomera a comprar, ríe, toma cerveza y se cuida de los carteristas. Gente que sale del metro y va a las paradas, a seguir la ruta. Gente que se detiene a comprar la cena (viven del día a día). Gente que pelea y resuelve sus asuntos maritales con los demás como espectadores, pero no como potenciales testigos de bofetón o empujón. Y los motorizados. Se suben a las aceras, se comen las flechas (ruedan a contracorriente), atraviesan por sobre las islas, hacen ruido y piruetas si les dan cinco metros de pista.
Una comisión policial detiene una unidad en la avenida. Se bajan los cuatro funcionarios. Sacan los conos naranja. Cae el primer incauto: una moto que venía por la acera y, al ver a la policía, se bajó de inmediato a la calle. Son los primeros en conocer la medida. Strong arm of the law. Los detienen. Papeles, quédate por aquí. Pero, ¿estoy preso? No, no, no, quédate por aquí. Cae la segunda moto. El mismo procedimiento. La tercera. Los transeúntes reparan en el asunto y, por supuesto, apoyan la medida. Aunque los uniformados siempre despiertan recelo, se comienza a escuchar la voz del pueblo: así es, carajo. Que los metan presos. Abusadores. Los policías pasan de indeseables a héroes. Falta poco para que una señora cruce la calle y les de palmaditas en los chalecos. O les traigan café. Y hasta una cervecita, si se quedan media hora más. Viene una cuarta moto, también a toda velocidad por la acera. Misma reacción. Mismo procedimiento. Los policías, que escuchan, que sienten el murmullo, que perciben la sensación de placer que produce ser los héroes de la jornada, se lucen ante su público. Más diligentes que las veces anteriores (o más teatrales) no se conforman con tirarles el cuerpo encima, sino que, como ven en las películas del Imperio, llevan sus manos, prestas, alertas, sobre los mangos de sus armas de reglamento. El cuarto motorizado, pasa de sopetón de ser el motivo de regocijo del público, a ser el tipo con carnet. Y punto. Sin molestarse en bajarse de la moto, ni quitar la cara de patán fastidiado, apenas espera que los policías se aglomeren en torno a él, para sacar un carnet. Chapa, le dicen por acá. Nadie pudo leer de qué: ¿del extinto MVR? ¿De algún ministerio de Poder Popular de algo? ¿De Vive TV? ¿De los Tupamaros? ¿De las milicias que protegerán nuestra soberanía ante la invasión de los halcones del Imperio? nadie leyó, pero los cuatro mequetrefes se quitaron de inmediato en lo que asomaron las narices en el carnet. El tipo puso cara de quítense, que estoy apurado. Quedaron chapiaos, dijo un transeunte, no sin desencanto. El patán, que nunca apagó su moto, aceleró; los otros motorizados, con gestos de nooo, vale, ¿y al hijo de María sí lo van a dejar pagando plantón? comenzaron a montarse en sus motos, el público volvió a su rabia y a su tedio y a su cerveza y a la carne que aunque la bajaron está más cara, y los héroes devenidos en mequetrefes, recogieron sus conos y, discretamente, se fueron en su unidad. La masa no está pa bollo, se les oyó decir, cuando volvieron a ser unos indeseables forasteros en una de esas avenidas duras, populosas, densamente pobladas de la ciudad.
Los motorizados que pasaron cinco minutos después sobre la acera, ni se enteraron de que hubo un operativo. Ni de que cuatro mequetrefes se salvaron de pagar la rabia colectiva por lso abusos de los motorizados.
Premio 11 de abril otorgado por 















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Gracias por seguir publicando la palabra
Comment de El Enigma — 19 February, 2007 @ 10:07 am
Héctor, desde ayer estoy tratando de enviarte mi columna pero tu mail me rebota constantemente. ¿Adónde te la envío? Respóndeme a mi yahoo.
Gracias, y cuidado, que ahí viene la plaga…
Comment de gustavo valle — 20 February, 2007 @ 12:03 pm
te envié la columna a tu hotmail…
saludos
Comment de gustavo valle — 20 February, 2007 @ 1:01 pm
Bueno ahora son más plaga, pero esta vez amparada… Saludos Hector
Comment de Antonio Alviárez Mendoza — 21 February, 2007 @ 10:45 pm
Uff!!
Comment de Saucisse — 25 February, 2007 @ 10:18 am