Escrito en el apocalipsis
Te despiertas con un bloque en la cabeza. Abrir los ojos supone un esfuerzo digno de volver a acostarte. Apenas logras hacerlo y lo que te viene a la mente es una pesadilla en vigilia que duró toda la noche. Una pesadilla en cadena nacional. La última vez que consultaste el reloj eran las 3:49. Tu mujer dormía placidamente y hasta el roce de las sábanas era asfixiante. Ni el frío de las noches de enero, ni la líbido en forma de esas caderas morenas vinieron en tu socorro. Sólo pensamientos hostiles. Sólo suposiciones amargas. ¿Buhoneriar? ¿Meterte a taxista? ¿Hacer tortas por encargo? Es la segunda noche que no duermes. Otro día a punta de café. Ya ni siquiera te consuela que junto a ti serán miles los que queden en la calle. Eso solo acorta las posibilidades de socorro. Tu mundo conocido depende de la misma fuente. Si hasta el padrino de la carajita es empleado de la telefónica. En un momento de masoquismo o de asomo de sensibilidad colectiva, piensas que la misma noche amarga la habrán pasado los empleados de RCTV, los de la electricidad, los de las petroleras, los de…
Te prometes que hoy no te vuelve a joder el día. Me va a volver loco si me dejo, te dices, y de inmediato te viene la burlona carita del gobernador mirandino (ese, que cuando eliminen las gobernaciones lo van a encamburar en algún otro cargo público) con aquella odiosa cancioncita de Chávez los tiene locos, Chávez los tiene locos… No, pinga. Esta vez no te vas a asomar a la realidad. Esta vez no te vuelve a joder. No lo voy a dejar, no sea pendejo, te juras. No otra noche dando vueltas de gratis en la cama, pensando en las funestas posibilidades ¿Buhoneriar? ¿Meterte a taxista? ¿Hacer tortas por encargo? Hoy, te juras, no te vas a asomar a la prensa. Hoy no participas en tertulias de pasillo. Hoy no vivirás en Venezuela. Hoy estrenarás tu exilio interno. Blindado. Que cuando llegue el palo cochinero, que llegue. Que llegue por la espalda, vil y cobarde como en realidad es. No le voy a dar el gusto de sufrir antes de tiempo, te juras. Hoy no.
A duras penas te bañas, te vistes y sales hacia el metro. Aún la ciudad se ve limpia porque no han llegado los buhoneros a quitarte el derecho de caminar por tus aceras (¿mis aceras? te preguntas. ¿Qué carajo es mío en este país con dueño?). Te montas en el metro eludiendo los titulares de los diarios que cuelgan en los quioscos, eludiendo las conversaciones en los vagones, las caras lúgubres de un año que ya no puede empezar productivo, que ya le dieron con todo en el centro del ánimo. LLegas a la oficina, todavía tienes éxito en esquivar los grupitos que murmuran con ojos exaltados, las caras que saludan con ansiedad buscando compartir sus angustias, hasta que te ubicas en tu cubículo. Esta vez no te vuelve a joder. No lo voy a dejar, no sea pendejo, te repites. Mientras sorbes el café, decides revisar el correo. En el portal de tu cuenta de correo hay algunas noticias en una esquina, que supones internacionales. Algo de Madonna, seguro. Habrá adoptado otro niñito. Unos muertos en Sudán, supones. Otra bomba en Irak. Algo lejano e inalcanzable, aseveras. Bajas la vista y echas un ojo a la noticia. Apenas leerla, no lo puedes evitar y cliqueas. Y ahí está, para tí, la versión local del Apocalipsis. Y por entregas diarias. Ahí está, para ti, el capítulo de hoy. Sucumbes y lo lees completo. Lo lees y lo relees. Para ti. Son las nuevas declaraciones, la nueva mentada de madre, el nuevo carajeo, la nueva amenaza, la víctima de turno del Poder Imperial. Del dios vengador y desolador. El más malquerido y duro del barrio, que si lo miras te da con todo y si lo ignoras también. Pero a gran escala. Con alcance nacional. Convertido en religión. Alcanzando con su dedo (feliz al fin de tenerlo todo) tus inocuos sueños de carrito nuevo y de ahorrar para el apartamento. Tu ascenso seguro para este año. De nuevo vuelves a sentir esa vaina que dicen que es la bilis, recorrerte desde el estómago hasta la garganta, desde la garganta al estómago. Otra vez la náusea y el dolor de cabeza. Otra vez el pánico y el giro de la muerte prepago. Otra vez te jodió. Otra vez. Otra noche dando vueltas en la cama. Otra vez sientes que tu nombre está escrito en el apocalipsis.
Premio 11 de abril otorgado por 















Qué vaina… así es…
Parece una sombra, pero no la de otro o la de un fantasma, sino la tuya. Esa que no te deja ni para ir al baño, que ni siquiera desaparece cuando escuchas tu música favorita ni cuando sabes de que tu mejor amigo tuvo un hijo…
Y lo intentas, intentas ignorarla, no voltear a ver si sigue allí… pero siempre hay algo que te la refleja…
Qué vaina…
Comment de Evelyn — 12 January, 2007 @ 2:03 am
Así es, Evelyn. Su aspiración, como la de todos los autócratas, es que su presencia inunde todos los espacios de tu vida privada. Que tu vida y su imagen sean una sola cosa. Una presencia ubicua. Qué aburrido, ¿no? Qué falto de afecto. Por eso es que darle a los hijos amor es un acto de responsabilidad para con el mundo, así no echamos a andar a acomplejados y atormentados que quieran gobernar las acciones de los demás. Saludos y bienvenida al blog.
Comment de ChamanTower — 12 January, 2007 @ 12:23 pm
Con muchos de los que he hablado, están viviendo noches así, y en cierta forma yo también…
Decía yo el año pasado, la incertidumbre es grande…. hoy digo que sabemos lo que va a pasar, pero no queremos creerlo..
Comment de unocontodo — 12 January, 2007 @ 5:48 pm
Esta descripción está buenísima. Te aseguro que así está la mayoría… la incertidumbre nos tiene agobiados y a punto de reventar. El AMO sacó las uñas de modo brutal, lo que es evidente no necesita anteojos…todo está clarísimamente claro…
Comment de Yolanda Fernandez — 13 January, 2007 @ 11:58 pm
Yo comparo a Chavez con Bush. Podría enumerar los razgos del parecido, pero baste mencionar que a ambos le importa un carajo el pueblo que gobiernan. Lo central es su papel en la historia; en lo que a mi respecta, un papel tualé en la historia de mi culo.
Pero no es el caso sumarle mi bravuconada a la de esos hijos de puta. Yo vivo en Michigan y tengo un hijo de 22 años en los U.S. Marine Corps. Daniel está en Falluja, matando civiles iraquíes por ordenes de Bush. Tampoco duermo.
Pero no toda mi vida gira alrededor de las decisiones de Bush. ¿Por qué en Venezuela la vida de todos gira alrededor de las decisiones de Chavez? ¿Como puede un pais, ponerse de acuerdo–tácito, imagino–para llegar al acuerdo que la vida de todos va a girar segun la música que toque el teniente coronel?
Comment de Carlos Elio — 19 January, 2007 @ 1:44 am
Yo me pregunto lo mismo. Me da la impresión que el protagonismo de Chavez lo crearon los mismos medios que hoy lloran pidiendo libertad.
Comment de Saucisse — 25 February, 2007 @ 10:37 am
Ah, es que ese es el punto, Saucisse: los mismos medios que ecumbraron a Chávez se sienten ahora acorralados por él. El primer gabinete de Chávez incluyó a Alfredo Peña y a la ex esposa de Miguel Henrique Otero, Carmen Ramia. Hasta parecía un gabinete de El Nacional.
Comment de ChamanTower — 26 February, 2007 @ 2:21 pm