Hasta el nombre sugiere felicidad


Como cuando nos permitimos ilusiones pueriles, Caracas se permite a veces pasajes felices, calles que nos recuerdan que tuvimos momentos, si no de gloria, sí de placidez, de gusto por vivir en paz. Momentos de vecindad, con todo lo que lleva esa palabra por dentro, y que ahora suena tan lejano. Como este edificio, ubicado en una calle de Bello Monte, esas que están en la ribera norte del Guaire. Esa calle, que termina a un costado del Centro Comercial El Recreo, se hace de casitas frescas y edificios con árboles y hasta carros de la misma época, perfectamente ubicables en unos esplendorosos años cincuenta, sesenta. Ese Bello Monte casi bucólico, apacible (cómo pudo no haber sido feliz si nació con un nombre que sugiere felicidad), menos sofisticado que en el lado sur, no sólo recuerda que Caracas supo vivir con decoro y respeto al otro, sino que se convierte en símbolo de resistencia a la vulgaridad y al afán de borrarlo todo, al vidrio ahumado y a las edificaciones hechas en serie. Dice, con su sola presencia, que cuando el momento sea propicio, volvamos la vista a estos parajes y nos reencontremos con la ciudad que fuimos, con los ciudadanos que, quizá, podamos volver a ser.