All you need is love!

Escena 1: Una parejita con uniforme de liceo conversa y ríe, tomados de la mano en una plaza pública, mientras celebran cada mal chiste con un beso. Pasan dos tipos en una moto y les sueltan una frase tan gruesota, tan soez, que la chica dice, con cara de vergüenza, mejor vámonos. Escena 2: Una pareja viaja en un bus entre dos poblaciones vecinas. Era tanto lo que disfrutaban de estar juntos, que conversaban ojos frente a ojos, bocas tan cerca, que podían alcanzarse con un mínimo esfuerzo. El colector pasa, y sin la menor delicadeza, les advierte con grosería: “Que el chofer les manda a decir que esto no es un hotel”. Escena 3: Una pareja de veinteañeros viaja en el metro. El vagón está atestado. Sienten tal angustia de no poder decirse con palabras lo que sienten, que soltarse, no tocarse, les parece un asunto doloroso. Un tipo de los que va saliendo en Plaza Venezuela, incómodo y envidioso de que esa nena tan linda esté lela por ese flaquito casi puber, le vomita al salir: “llévatela pa´un hotel”. La chica no puede ocultar la rabia. El chico ensaya a esconderla con un mal chiste: No tengo dinero.
ESCENARIO: La ciudad más violenta del mundo. Una ciudad que padece a cada rato violencia visual, violencia delictiva, violencia automotor, violencia política… Una ciudad donde las motos (incluso de la policía y la Guardia Nacional) se suben a las aceras; donde el corneteo dura desde las seis de la mañana hasta las diez de la noche. Una ciudad en la que los voceros del gobierno sólo dan demostraciones públicas de cinismo, chabacanería e irrespeto al ciudadano, y las consideraciones para con el otro desaparecieron de la esfera de pensamientos del común de sus ciudadanos… En esa ciudad violenta, de crónica verdaderamente roja (mató al cuñado por una deuda… reclamó un choque y lo mataron… le metieron tres tiros en presencia de sus hijos…), en esa ciudad, todavía hay viejas ridículas que le dicen, con iracundia y asco, a los chicos que se besan en las paradas: ¡Que hay niños!
ANTECEDENTES: Un decreto del municipio Chacao, cuando gobernaba Irene Saez, la ex reina de belleza (famosa por lo unánime que resultaba el atractivo de su figura, y no por razones más elevadas) penalizaba las demostraciones de afecto en público… En un pueblo del estado Aragua pusieron un policía con el único objetivo de evitar que las parejitas de adolescentes se besaran en la plaza pública, porque era un irrespeto para con los próceres de mármol… En las películas del domingo cortan las escenas de sexo pero no las de asesinatos en primer plano… En Caracas nacen una chorrera de niños todos los días. Las adolescentes son madres desde los catorce años. Los moteles viven repletos desde el jueves hasta el domingo. La cultura solapada -y estimulada- es que todo el mundo tenga su “segundo frente”.
El venezolano es hipócrita con el asunto del sexo. Los muertos por SIDA se ocultan tras el eufemismo de “penosa enfermedad”. El tema “homosexualidad” apenas ahora está dejando de ser tabú en las familias. Sin embargo, todavía la forma más expedita de descalificar a alguien (actor de telenovela, cantante, político opositor o el vecino bien parecido) es tildarlo de “marico”. Dentro de esa lógica: las mujeres “se buscan” que las irrespeten si se visten con ropas ligeras, y los transformistas no tienen derechos humanos, en la práctica, cuando caen en manos de la policía. Modérense, compórtense, aquiétense, son las órdenes que reciben las parejitas (de parte de las personas mayores o las autoridades) cuando se ponen muy cariñosos. Esas actitudes frígidas, histéricas, mal cogidas (el término es de Eliseo Subiela), ¿no serán el germen de tanta violencia? ¿No nos vendrá bien relajarnos para comenzar a perder tensiones que nos mantienen en un constante corneteo, mentadera de madre e intolerancia? ¿Qué tiene que ver la inclinación sexual en el desempeño de un cargo público?
Más besos y menos insultos, a ver si se ven menos espectáculos en la televisión que, mejor ni hablar… O como diría la canción…

2 comentarios »

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  1. Excelente percepción de las carencias de este colectivo de locuras que habitan esta tierra de gracia.
    Un poco de amor que nos permita tiempo para algunos “post sobre maticas”.

    Salud

    Comment de falconiano — 27 August, 2006 @ 1:58 am

  2. Genial, Tower.
    En Caracas, los habitantes censuran las pocas cuotas de libertad que les dejan los malandros, los policías, los políticos. La sensación es tan aprisionante que pareciera que revelarse a ello sería un verdadero acto revolucionario. Imagina una manifestación hippie-comeflor en la que los manifestantes, en vez de vociferar decidieran entregarse al desenfreno. Algo así como el Love Festival de Berlin o el Burning Man Project en Nevada. Todos en la Plaza Caracas a besándose, bailando desnudos o disfrazados. El gobierno sacaría los tanques, las señoras clamarían por el fusilamiento de los insumisos, la policía, previo arresto, violaría a las alzadas “porque eso es lo que merecen”. Pero como de toda represión salen los insurgentes, se formarían grupillos terroristas con el único fin de besarse en las aceras y desaparecer; de meterse mano y correr. Al final, de alguna extraña manera, en una ciudad como esta, un gobierno podría caer caer a punta de escarceos.

    Un abrazo

    Comment de Linus Lowell — 5 September, 2006 @ 12:30 pm

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