Correspondencia
Para que unos roles se asuman a cabalidad, a plenitud, debe haber correspondencia. Nietszche sentenció, en Así habló Zarathustra, una frase límpida y perfecta, que explica ciertos fenómenos del alma:
Sé al menos mi enemigo, así se expresa el auténtico respeto cuando no se atreve a pedir amistad.
Eso explica, por ejemplo, el parricidio. Esos autores jóvenes que, ante la sombra formidable que producen las grandes figuras, no pueden hacer otra cosa que atacarlas. No es personal. Es un asunto de mera sobrevivencia. Cuando viví en Aragua, era común (dado lo minúscula que era la comarca literaria) escuchar a algunos jóvenes escritores decir, con mirada resuelta y actitud furiosa, cuando nombraban a X (un autor medianamente reputado en el país y obviamente más conocido que cualquiera de ellos): “X y yo no podemos vernos. Nos odiamos”. En ese entonces, la sentencia de Nietzsche brillaba, bastándose ella sola para explicar la comprensible aunque ingenua actitud de ese joven escritor.
La falta de correspondencia es triste. A veces patética. Incluso en el odio, en la guerra. En la California Norte, en Caracas, en una pared en esquina, toda impoluta, blanca, inmensa, apareció un día un grafitti ingenioso, cruel e inolvidable:
“José Antonio, yo soy tu novia y tu eres mi juego. Carolina”. La falta de correspondencia es triste. A veces patética. Tanto en el amor como en la guerra.
Premio 11 de abril otorgado por 














Yo lo leí en una calcomanía de una camionetica: “Pegame, pero no me dejes”
Salud
Comment de falconiano — 20 April, 2006 @ 9:10 pm
Sí, así es el bolero: mátame, pero no me ignores
De hecho, hay uno que dice: Quémame los ojos / si es preciso, vida/ pero nunca digas / que no volverás.
Comment de ChamanTower — 20 April, 2006 @ 10:34 pm