Caravanas
Este es el país del “salvese quien pueda”. Nuestra calles parecen un enorme set de una película de acción. Es tan normal intentar cruzar una calle y tener que detenerse ante una parafernalia holliwoodiense de vehículos negros, escoltas de civil, lentes, armas largas, motos, sofisticados equipos de comunicación… Uno podría esperar en cualquier momento el estallido de una bomba, y Bruce Willis salvando al mundo. ¡Cómo nos ha atravesado, de punta a punta, la estética del cine barato gringo, con todo y lo que ahora se pregona combatir al Imperio!
Antes (cuando todo estaba mal, de verdad, y el ciudadano, de tanto asco, había perdido interés en la política), se veía pocas veces ese espectáculo. En serio. Cualquiera, con memoria, puede atestiguarlo. Uno, al verlas, podía jurar que ahí iba el Inútil de turno. ¿Por qué se ven tantas ahora? ¿Por qué un grupo de niños, mujeres y hombres de a pie, deben esperar callados que un motorizado militar, aunque la luz esté en rojo, detenga el tránsito y el paso de peatones para dar paso a una hilera de vehículos negros de lujo? ¿Por qué se ve con tanta frecuencia esa escena? Porque todo funcionario de “alto nivel” (palabra contradictoria en un país en revolución) posee su caravana de seguridad. No sólo el presidente y el vicepresidente y el canciller y los ministros más importantes; también los presidentes de institutos autónomos, algunos ministros sin carteras, los jefes de los poderes (el presidente del Tribunal Supremo de Justicia, el presidente del Consejo Nacional Electoral, los invisibles jefes del Poder Moral) y hasta algunos diputados que son claves, viajan en grupos de entre cinco y diez vehículos, con motos que van apartando el tránsito, con una ambulancia en la retaguardia. ¿Qué inminente ataque están esperando? ¿Por qué el ciudadano de a pie tiene que sufrir las vejaciones y la opulencia del “servicio de seguridad” de los funcionarios estatales? ¿Por qué los primeros “servidores públicos” insisten en mostrarse superiores al común de los ciudadanos que trabajan duro, pagan impuestos y educan bien a sus hijos?
Hace unas pocas semanas, un joven, sintiendo que él era tan ciudadano como el que viajaba protegido en su caravana de diez vehículos rústicos de lujo, cruzó la calle sin cederles el paso. Pero Venezuela cambió para siempre, y los ciudadanos, al mejor estilo de la Francia de Luis XVI, deben inclinarse al paso de las caravanas oficiales. Pero este muchacho que caminaba por Plaza Venezuela pensó que estaba en un país en revolución. Así lo pensó y, verbo en acción, cruzó la calle sin inclinarse ni esperar el paso de la numerosa comitiva. Resultado: uno de los carros frenó, rozándolo. Del vehículo se bajó (dicen) el dueño de la comparsa, quien al parecer resultó ser el presidente del FUS (ríanse, esas siglas corresponden a Fondo Único Social). Éste, indignado ante la insolencia del súbdito tuvo con él un altercado que culminó con unos aleccionadores cocotazos (o, más preciso, cachazos), de parte de los mosqueteros que lo acompañaban. Se fueron con su bulla y su parafernalia y a los pocos minutos el muchacho fue secuestrado por un vehículo de civil con hombres armados dentro, que lo llevaron (igualmente aleccionándolo por el camino con las armas de la República) hasta la sede de la Disip (para los lectores de afuera, la policía política). Al llegar allá, maltratado, con la nariz y la frente rotas, se indagó la identidad del desafortunado insolente. Oh, sorpresa, era el hijo del viceministro de Cultura.
En Venezuela, todo el que puede hacer algo, lo hace y punto. El que tiene el “poder” de imponer algo o regalarse un privilegio, lo hace sin pensar en los demás. En ningún otro país del mundo el poder ejecutivo hace tantas “cadenas” (de hecho, hay países donde hay que explicar el concepto) por las razones más nimias. ¿Por qué lo hace? Porque puede. Porque tiene el poder de hacerlo. A partir de esa percepción, se aumentan los sueldos, abusan del poder en todas sus formas, imponen el porcentaje de la comisión que ganan, manejan influencias, usan los dineros públicos para sus campañas electorales. Cuentan que una carta de una militante muy popular afecta al gobierno, movía casi tantos resortes como si la misma hubiese tenido el membrete del Palacio de Miraflores. Tanto, que prefirieron darle un cargo formal, antes de que armara toda una estructura paralela de poder informal.
Y no estamos hablando de ideologías. No es el tema. No es un “artículo escuálido”. Dejemos el asunto de la guerra asimétrica a los militares. Y el de la multipolaridad a la Cancillería. Hablamos de nivel de vida. De sentimientos de impontencia ante los privilegios de unos cuantos. Hablamos de privilegios y de ciudadanos caminando por sus calles.
¿Por qué tantas medidas de seguridad? Porque las calles de Caracas son peligrosas. Y el que puede asignarse diez escoltas no va a dejar de hacerlo. Por eso y porque, en el fondo, todos se sienten importantes personajes tomados de películas gringas de intriga. Porque, con nuestro dinero, todos filman sus películas de Holliwood. Porque tienen la estética del héore gringo, del Very Important People atravesándoles el alma. Porque les da la gana.
Porque es el país del “salvese quien pueda”.
Premio 11 de abril otorgado por 















Siempre me preguntaba de quien serían los niños que llegan y se van temprano, fuertemente escoltados, y que estudian en el colegio de mi hija.
En estos días la niña me dice que estaba en su salón y había un encuentro con las familias en otro grado. De pronto el pasillo se llenó de escoltas armados y ¿quién apareció? pues el Vice Presidente mesmo. Supongo que esos niños son sus nietos y que nadie los notaría si no fuera por toda la parafernalia de seguridad. ¡Que stress para esos muchachitos! porque deben creer que en cualquier momento los van a matar.
Comment de Maléfica — 31 March, 2006 @ 11:03 pm
Ya comenté que es insoportable esta manera de imponer normas sin son ni ton, como indicas, si se tiene el poder, sea en un carro por puesto que pone barra de metal en las ventanas de emergencia, o si se es un Presidente de la República que viola el reglamento electoral . Creo que la norma pertenece al gentilicio, solo que mientras mas arriba estás, mas afectas al otro.
Comment de Martha Beatriz — 1 April, 2006 @ 1:38 am