Todo oficio es fiscalizable

Dos comentarios aparecidos en el blog, a partir de la nota “Masca, Guillén, masca”, me hicieron notar una arista inédita con respecto al tema de los peloteros venezolanos y la incontinencia verbal de Guillén. En las declaraciones que hizo a los medios, el piloto de los Medias Blancas advirtió que ellos (los jugadores) no habían “cobrado medio” por estar allí, y por lo tanto, apeló a aquello de que “A caballo regalado…” Es de sospechar que de esa premisa el venezolano (el ciudadano) acepta todo lo que recibe, en la calidad que lo recibe, sin revisar si es lo que anuncia el servicio prestado. El venezolano puede dar de más o de menos cuando ofrece un servicio, porque la medida del servicio no la dicta norma alguna sino su estado de ánimo y su nivel de simpatía por la víctima (perdón, por el usuario). De allí que el muchacho de Guarenas razona que: a) si yo no estoy cobrando por jugar este partido, nadie me puede exigir que rinda al máximo de mis capacidades, y b) Si estuve hasta las 4 de la mañana celebrando el cumpleaños del gran X, ¿cómo diablos voy a estar de ánimo para ofrecer mi servicio (jugar pelota) en óptimas condiciones. Y dado que la medida la imponen las circunstancias y el ánimo, pues nada, no bateo, porque el swing completo estalla en la cabeza como una granada. Y además, ellos gritan mucho.
Comenta Viajero que esa actitud arrogante de Guillén es una copia al calco de otro. O de otros. Y pone como ejemplo, al muchacho de Puerto Píritu. “Representan su bolsillo”, sentencia el incrédulo lector. A lo que Das Pratter completa, señalando que si ellos no cobraron por jugar, él (Das Pratter) no les cobró por verlos jugar. “Él nos dirá quién es más importante, el que pone la cómica o el que paga la entrada”. Aquí me detengo, iluminado, para entender el asunto.
¿Por qué la gente fue tan dura con la actuación de los peloteros venezolanos en el Campeonato Mundial? Por una razón obvia: El oficio de los cuestionados es jugar béisbol. Y el béisbol se juega para ganar. Su rol en la vida es ofrecer diversión a los fanáticos de un negocio que mueve millones de dólares (anunciantes, patrocinios, ventas de derechos de trasnmisión, boleterías, ventas de souvenirs, etc.). Obviemos el hecho de que ellos en particular ganan millones de dólares por ser peloteros. Ese es su oficio. Con eso basta. Si su oficio es divertir al fanático que mantiene una estructura económica que da de comer a mucha gente, y en la cual ellos son la cara visible, entonces deben divertir. Y hacerlo bien. La gente paga por ver que el equipo que usa el uniforme de Venezuela le regale la pueril sensación de que su país tiene éxito en algo. Y deben hacerlo exitosamente, so pena de que el fanático los critique duramente, como a todo personaje público. ¿Puede concebirse a The Rolling Stones dando un concierto infame, sonando desafinados, olvidando las letras, y que cuando el público los abuchée, salga al día siguiente, Elton John, por ejemplo, diciendo: “25 millones de gafos que irrespetan a esas leyendas del rock”?

Todos ejercemos nuestro oficio. Y debemos hacerlo bien. Y todo oficio, en su ejecución, es fiscalizable. Si el oficio de ellos tiene muchos “fiscales”, eso se compensa con que ganan muchos dólares. No se trata de que el público le deba respeto a las estrellas locales, sino que éstas deben respeta a su oficio, como lo hacen los médicos, los controladores aéreos, los zapateros y, en general, todo el mundo. No se trata, como amenazó Guillén, de que ellos no querrán “representar” de nuevo a Venezuela. Se trata de que los fanáticos que pagan su entrada, quizá no estén interesados en volver a pagar por verlos jugar a ellos. ¡Que viva la banca!

9 comentarios »

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  1. Si, precisamente eso mismo. Nosotros los fanáticos, esperamos que los deportistas le echen pichón, representandonos como pais, como pasa en Japón, España, o Timbuctú. Pero, resulta que “nuestros” peloteros, en las grandes ligas, no son de ningún lado, son parias, son apatridas. No nos representan, sino a ellos mismos. Y eso se nota, cuando pasa lo que paso en el mundial. A ver si aprendemos, y les quitamos el pasaporte venezolano, si es que aún lo tienen.
    Saludos Molestos

    Comment de [Viajero] Milan Banjanin — 27 March, 2006 @ 10:03 pm

  2. ¡Eso es!

    Por esa razón, por las dinámicas de un mundo capitalista, también es que es injusto (por no decir estúpido) que un político te diga ’si no te gusta, te me vas’.

    Estamos rozando un tema que nos llevaría a contestar por qué en Venezuela el servicio es tan malo.

    Comment de Das Pratter — 28 March, 2006 @ 1:13 pm

  3. Es cierto, y es una reflexión importantísima encontrar eso que le impide al venezolano ofrecer un buen servicio. Es la única cosa que hermana a un lunchería de Coche con un café del Centro San Ignacio, el pésimo servicio, la displicencia en la atención. Será que aprenderemos a conocer y a usar para nuestro beneficio a las leyes del mercado. Empezando con estos peloteros. Hubiera sido más divertido ver perder a un equipo con el Duty Gutiérrez, Tomasito Pérez y otros “muchachos”, porque al menos se hubieran ensuciado el uniforme en su esfuerzo.

    Comment de ChamanTower — 28 March, 2006 @ 3:24 pm

  4. Amén

    (Si a mal servicio vamos, podemos hacer la nueva historia sin fin. En mi blog tuve en una ocasión que desahogarme contra Cinarolls porque si no lo hacía, explotaba.)

    Comment de Susana Sussmann — 30 March, 2006 @ 7:59 pm

  5. Estimado Héctor:

    Excelente reflexión a partir de la reseña que has hecho de las declaraciones de Guillén.

    Pienso que tu reflexión me motiva a pensar las variaciones entre oficio, profesión y trabajo, recordando muy tenuemente algunas consideraciones que me surgieron a partir de la lectura de Hanna Arendt y su libro La condición Humana.

    Si la profesión guía al espíritu en su actuar, en relación con el acuerdo hecho para realizar una labor o trabajo y, por tanto, cumplir con el oficio según el cual decimos justificar nuestro paso por este mundo, entonces nada explica que no se “deje el pellejo” en cumplir con lo acordado, es decir, desarrollar con toda potencia lo que profesamos. De otra maner, por ejemplo, no podría explicarse la poesía, la literatura o el arte, según prefieran llamar a ese oficio.

    Si un grupo de teatro, unos actores, han trabajado en el montaje de una obra durante meses y el día que se ha programado la presentación sólo hay cuatro espectadores (uno de ellos el papá del director) no actúan haciendo honor a todo el esfuerzo invertido, esos actores no profesan, no creen finalmente en lo que hacen.

    Así que concuerdo conpletamente con tu análisis: esa noción de que si regalamos nuestro esfuerzo no se justifica dar el máximo de sí, entonces ya sabemos que nunca tendremos lo mejor que cada talento humano puede dar, porque: ¿cuándo alguien considera que lo que profesa es realmente recompensado con unos honorarios? ¿Cuánto vale mi amor por la poesía y por la arquitectura? ¿Cuánto vale la vocación de un deportista? ¿Cómo se paga realmente eso? Aquí hay un problema interesante, del que creo he leído algunos comentarios de Emeterio Gómez.

    Saludos, apreciado Héctor. Ando un poco perdido, pero siempre retorno a la ficción de Caracas, a través de tus palabras…

    Saludos fraternales.

    P.d. pido excusas de antemano por cualquier error, escribí y envié de una vez…

    Comment de Hernán Zamora — 31 March, 2006 @ 4:22 pm

  6. Pense que Sue y yo éramos los únicos que pensabamos así… Ahora veo que no estamos tan solos…

    Yo soy fanático de los Tiburones desde el 77, viví la gran época de la “guerrilla” de la Guaira, de la cual guillén formó parte, pero lo que dijo no tiene perdón.
    El trabajo de los peloteros es, como bien tu dices, entretener a los que les dan de comer; si no les gusta, que se cambien de trabajo… O es que sólo para ganar los millones es que son estrellas y para aceptar sus responsabilidades no?

    saludos!

    Comment de Dragón Negro — 31 March, 2006 @ 5:08 pm

  7. Está clarísimo tu análisis, Hernán. Muchas gracias por ese complemento (o continuación) de lujo. Con esto se completa el punto. Un escritor lo da todo de sí y ni siquiera sabe si obtendrá alguna recompensa económica por ese esfuerzo donde lo dejó todo. ¿Piensa el bombero que no ha cobrado la quincena antes de entrar a un edificio en llamas? Deben reflexionar nuestros peloteros con esa actitud. Ah, y gracias por rescatar para el tema el origen de la palabra profesión: profesar. Y creéme, Dragón, por lo que he conversado y escuchado, la gente tiene clarísimo eso. Lo dijo el mismo Guillén: Si no estás preparado para la crítica, no te montes en la tarima. Si lo tiene tan claro, ¿cuál es su problema con la crítica? Abrazos.

    Comment de ChamanTower — 31 March, 2006 @ 7:59 pm

  8. Lo que creo no llegaremos jamás a calibrar es el nivel de preparación que llevaban, con curda “supuesta” y todo. Es por eso que sigo de acuerdo con “El amargado”, y solo destaco este simple punto: los otros países no mandaron mochos, ni malos, mandaron sus mejores: más disciplinados? quizás…más responsables? quizás…y por eso digo que no hay que extrañarse de haber perdido y las críticas entiendo que han sido excesivas, en un país donde casi es lema el “desde que se inventaron las excusas todo el mundo queda bien”. Saludos.

    Comment de Martha Beatriz — 1 April, 2006 @ 1:30 am

  9. Nadie quiere perder, Martha. El deporte exalta el triunfo. Lo que no debe haber hecho Guillén es responder de esa manera la crítica. Empeoró la cosa. Así no ganen medio por lo que hacen, debían ofrecer un buen espectáculo. Que así lo sintieran sus fanáticos. La percepción unánime de que fueron a tirar físico está en el ambiente. No sé qué dice El Amargado, porque entré y no encontré alusión a lo que me decías. Sé que si un ídolo musical se monta en escena y se nota que está doblando lo van a pitar y lo van a bajar. Y si un bombero se amilana ante el fuego la gente lo va a reprochar y así. La actitud de ellos molestó a su público, que paga entrada por verlos. Y la arrogancia de Guillén lo condenó. Eso es lo que pasó.

    Comment de ChamanTower — 1 April, 2006 @ 1:40 am

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