El puente de guerra
El militar no es civil, es militar. ¿Perogrullada? No tanto. Me explico: una vez un entonces reputado general venezolano señaló (en un alarde de jactancia) que un militar “es un civil con un uniforme y una disciplina”. Es decir, al civil, se le agregaba la disciplina y el uniforme y obtenías un militar. No creo. Un civil con un uniforme y una disciplina puede ser un músico de orquesta, un controlador aéreo, un pelotero. Pero un militar es otra cosa. Al civil no se le agregan virtudes para obtener un militar. Si le restas virtudes, como la compasión, la pluralidad de ideas, la capacidad de diálogo, sí puedes obtener un militar.
Los militares aprenden las ciencias de la guerra. El objetivo final de la guerra es aniquilar al enemigo, destruyéndolo si es necesario. Eso está claro. El militar no estudia para construir, no se forma para ello. Cuando se requiere construir ellos se retiran a sus cuarteles, satisfechos de la labor cumplida. El militar toma posesión de un territorio, y luego que lo domina, entrega la construcción de la ciudad a los civiles, que son los que saben de eso. Cada quien a lo suyo, dice, ya que él aprende a destruir, no a construir.
La paz es el estado ideal para los civiles. Los ingenieros civiles hacen obras para épocas de paz: obras para perdurar. En la guerra el militar demuestra sus capacidades. Los ingenieros militares hacen obras circunstanciales, estructuras desmontables o de escaso valor o trascendencia, porque son producto de una situación, responden a una circunstancia. Después, las puede volar el enemigo, o devorarlas la maleza. Pasaron su valor estratégico, cumplieron su función temporal. El valor estético de la edificación militar poco importa. Su valor es circunstancial. ¿Quién ha visto hermosas carpas militares, revolucionarios diseños de hospitales de guerra? En el mundo militar no cabe el deleite visual, no hay tiempo para ello. Hasta en sus momentos de solaz (en sus cantinas, o como quiere que le llamen) el mal gusto es atroz.
Los gobiernos civiles (al menos, en teoría) construyen la (civil)ización. Los militares, por su naturaleza, sólo pueden construir puentes de guerra, vías alternas, pasos temporales, módulos desmontables. Mercados móviles… ¿Alguien puede dar un ejemplo?
Premio 11 de abril otorgado por 














“Al civil no se le agregan virtudes para obtener un militar. Si le restas virtudes, como la compasión, la pluralidad de ideas, la capacidad de diálogo, sí puedes obtener un militar.” Verídico, Hèctor. Agregando tambièn que el poder militar es un espacio para la alienaciòn dentro de la sociedad. Por donde se le mire, eso va en contra de lo que deberìa ser la verdadera esencia de la civilizaciòn: la libertad.
Comment de Enza — 19 February, 2006 @ 7:01 pm
Hay algo particularmente interesante en la estética militar, pero la estética en el trato cotidiano, que ya no en lo referido a lo que puedan o no construir. Y es que los militares venezolanos son los seres más cursis que pueden existir. ¿Alguna vez has leído un informe redactado por un militar? Pues yo sí, y en una época trabajé mucho con eso, diseñando medios para comandos. La redacción es de una cursilería conmovedora, que hace uso de un rosario de sinónimos para darle rimbombancia a las frases.
Un hecho básico me parece clave para identificar esta cursilería implícita: a los militares no les gusta que se escriba su rango en minúsculas. Un general es un general aquí y en Pekín, la palabra general es un sustantivo vulgar y silvestre y no se escribe con G mayúscula porque no es necesario. Pero a los generales (y a los coroneles, y a los mayores, y seguramente a los tenientes coroneles) les ofusca que se escriba su rango en minúsculas.
Una y otra cosa, rimbombancia y disgusto ante las minúsculas prefiguran, supongo, una obsesión por el tamaño. Una especie de malentendido alrededor de la frase del gran patriarca: “La gloria está en ser grande y ser útil”.
Buen tema para una nota aparte.
Comment de Jorge Gómez Jiménez — 20 February, 2006 @ 3:16 am
La paradoja, Enza, es que hemos creado la necesidad de lo militar para y que protejer la libertad. Y cuando tengamos un mundo como el que se describe en la película “El exterminador”, ¿para que vamos a necesitar a estos pavosos de uniforme?
Comment de Martha Beatriz — 20 February, 2006 @ 3:59 am
Estimado Héctor:
Suscribo casi línea a línea lo que comentas. Por una parte, la razón de ser del mundo militar es antitético de lo civil y lo civilizado: mantener el monopolio de las armas de una sociedad y prepararse para la defensa de la misma; eso sonaría muy bien –a propósito de los eufemismos que en otra nota ya comenzaste a tratar– si no se tomase en cuenta que esa “defensa” supone el hecho de asesinar. El ser humano comienza a civilizarse en el instante en que asume que no puede atentar contra la vida del prójimo. Atentar incluye más cosas que asesinar, pero esta es la esencial: de ninguna manera la muerte puede mediar en las relaciones que los seres humanos han de tener entre sí. ¿Qué razones hay, entonces, para asumir que los militares son seres idóneos para monopolizar las armas de una república además de que se preparan para saber asesinar, en el mejor de los casos evitando al máximo daños colaterales? ¿Qué significa entonces una sociedad que se militariza? ¿En qué estado se encuentra una sociedad en la que todos los espacios –bien de pensamiento, bien de acción– están básicamente tomados por militares?
En cuanto a la estética, creo que el problema –si es posible calificarlo así– no es exclusivo del mundo militar. Luego que la estética moderna abarcara casi todos los aspectos de la producción en nuestro país durante los años cincuenta, sesenta y parte de los setenta, el populismo arrasó con ello, quizás porque no éramos esa modernidad salvo en lo superficial. El chorro de petróleo nacionalizado lavó nuestro imaginario de modernidad. Los muebles de TECOTECA, por ejemplo, comenzaron a desaparecer de los apartamentos para llenarse de maderas entornadas, adornadas con arabescos y revestidas de semicuero vinotinto. (Tal vez cometo un sacrilegio en este momento, pero más allá de los méritos de nuestro tesonero equipo de fútbol, en lo personal me cuesta transformar lo “vinotinto” de algo cursi de semicuero en algo noble como la sangre del que persiste en sus logros).
Otros importantes ejemplos de la estética de ingenieros militares tuvo su oportunidad en Venezuela para la producción de castillos y fuertes durante la colonia. Piezas de interesantísimo valor hoy día. Para mí, una de las más hermosas cosas producidas bajo la acción de ingenieros militares lo constituye la Catedral de Ciudad Bolívar, proyecto original del ingeniero militar Bartolomé de Amphoux (1767) restaurada y completada por orientación del arquitecto Graziano Gasparini (1974-1979) basado en los planos originales de aquel.
Es también un dato importante, a mi juicio, sobre la estética militar en un determinado momento histórico, el relativo a la creación de la École des Ponts e Cheussées de París en 1747. No digo que la creación de ese instituto esté fundado exclusivamente en el desempeño de los ingenieros militares, pero tengo entendido que estaban en relación, a la luz del aumento de la capacidad humana para ejercer control sobre la naturaleza y de la nueva organización de las sociedades que impulsaría la era industrial. El desarrollo de las máquinas y el pragmatismo asociado a la conquista de nuevos territorios tendría una influencia importantísima en la transformación de las academias y su búsqueda de nuevas formas de expresión y creación de nuevos tipos de edificaciones durante el siglo XIX.
Como estamos viviendo en el país profundas regresiones, cada vez que paso frente a los umbrales de cualquier fuerte o ámbito militar en Venezuela, adornados con grandes aviones o torrecillas o techos a dos aguas con tejas, no puedo menos que sentir vergüenza y tristeza. Como en Las Vegas ¿pretenden que creamos que quienes ahí habitan tienen valores cónsonos con la imagen que tratan de transmitir pintorescamente? ¿A qué alude un arco de avioncitos de luz a la entrada de un aeropuerto? ¿O una reja de seudo alas? ¿o unas torrecillas de piedra artificial? ¿o un pórtico a dos aguas con orla de tejas?
Incluso en un momento en que el poder político de un militar permitió el desarrollo civil de la Ciudad Universitaria, signo de modernidad plena en nuestro país y discurso contrario a la realidad de su régimen, se edificaba simultáneamente la imagen fascista del Sistema de La Nacionalidad (Luis Malaussena, 1953).
Lo militar en Venezuela necesita hacerse sentir siempre, y siempre a la fuerza, porque ¿cuál sería entonces la razón de su existencia en un país que sigue viviendo bajo la mitología de los héroes independentistas? ¿Puede un militar en este país, tierra de caciques, superar la tentación de ser héroe o salvador, aun cuando nadie se lo esté pidiendo?
En fin, aunque tengan los uniformes más resplandecientes e incluso si promovieran los mejores espacios de la ciudad que todos anhelamos y merecemos, lo militar seguiría siendo, para mí, horrendo porque ontológicamente surge de la posibilidad y culto del asesinato.
Saludos siempre fraternales.
H.
Comment de Hernán Zamora — 20 February, 2006 @ 1:09 pm
Bueno, Hernán, sin duda este excelente y bien documentado comentario merece la condición de post anexo. Punto a punto aclara y ejemplifica el comentario inicial, pero el cierre es simplemente preciso: Una tierra de héroes militares (autóctonos o criollos) está muy arraigada a esas fantasías. ¿Cómo hizo Costa Rica para desprenderse de su ejército? Es un triste sino que sean esos los gendarmes de la sociedad. No recuerdo quien fue el que dijo, a propósito de las leyes promovidas por este gobierno relacionadas con la educación, que no era Chávez y toda la corte de tenientes que lo rodean los idóneos para saber que era mejor para nuestros hijos. Si nuestra sociedad se extraviaáo en el mal gusto producto de la riqueza súbita, qué queda para los militares que, de paso, están vacunados contra la posibilidad de abrirse a las novedades, viven encerrados en cuarteles y se sienten autoridades en todo. El resultado: esos discursos cursis donde se le da valor a las cosas dividiéndolas entre lo patriótico (o autóctono) y lo foráneo. Como todo buen soldado: el mundo se divide en nosotros y nuestros enemigos.
Comment de Héctor Torres — 20 February, 2006 @ 8:34 pm
excelente!!! tenía tiempo que no te visitaba, muy mal porque te debo visitar más a menudo, demasiadas coincidencias en el amor y admiración, repulsa y hastío, de esta ciudad en que vivimos. Oye! tendrás fotos del caracazo? me gustaría leer algo tuyo sobre el caracazo.
saludos
CArlos
Comment de Apostolcarlos — 28 February, 2006 @ 9:48 pm