Fechas patrias
A los 18 años un músico de orquesta tiene un dominio bastante aceptable de su instrumento. A los 18, un beisbolista ya ha demostrado su potencial. A los 18 años, un muchacho ya ha conocido los misterios del amor y las delicias de la intimidad femenina. De seguro, también ya probó la quemadura del desamor y el laberíntico dominio de Baco. Los muchachos que no pudieron ser músicos ni beisbolistas, lamentablemente, a veces, terminan siendo soldados. Aunque sea para poder comer algo, siquiera las infames raciones del cuartel.
Y a los 18 años, en honor a la verdad, es poco lo que sabe hacer un soldado. Servir a la Patria, según dice el locutor de esa propaganda de televisión que tiene imágenes de aventuras y exaltantes marchas como fondo musical. Es decir, recibir órdenes sin chistar. Y eso lo aprende bastante rápido. Tanto, que puede obedecer la orden de morir por decisión de un superior.
Como le ocurrió a E. Una noche, un superior lo montó, junto a su pelotón, en un bus Maracay-Caracas. Estaba tan joven el año, que distrajo el camino compartiendo cuentos de las recientes fiestas decembrinas. Una vez en la capital (la habrá visto un par de veces, pero lucía indescifrable en la soledad de la noche), en plena madrugada, recibió la suicida orden de atacar el Palacio Presidencial. Tanto aprende el soldado a obedecer, que el oficial que mandó a esos muchachos a la muerte, dio esa orden a unos cuantos kilómetros de allí, donde su integridad estaba a buen resguardo. No pregunten por qué. Son cosas de las ciencias militares. Estrategia, le dicen. Y con todo eso, ellos obedecieron. Hay que ser de alma dócil, ¿no?
Ojalá haya conocido el amor y el desamor y el río de la verdad que se navega en los predios de Baco, el pobre E. Como no fue músico ni pelotero, debió ser soldado. E hizo lo único que sabía hacer: obedecer. Y obedientemente intentó tomar el Palacio Presidencial y fue recibido por otros muchachos como él, que tampoco pudieron ser músicos ni peloteros (su jefe sí, ese es músico y pelotero y periodista y maestro y un cobarde que mandó a los muchachos a la guerra, sin que haya guerra). Y esos otros muchachos no lo recibieron con aplausos, como a músicos y a peloteros, sino con metralla, de la que se dice fácil, pero abre la carne y desborda la sangre.
E. y otros muchachos como él se batieron con odio y sin razón, por pura obediencia. E. y otros muchachos como él conocieron de Caracas un zoom enorme de las sucias aceras de la Sucre y la Baralt, que se nublaba y se apagaba en esa madrugada confusa, sin que su jefe pudiera ver lo mucho que aprendieron a obedecer.
Si no hubiera salido premiado con esa triste lotería, si a E. no le hubiese quedado otra cosa que ser soldado, ya tuviera 32 años. Tuviera 32 años y, quizá, un hijo de 6 que una tarde cualquiera llegaría de la escuela con el calendario oficial dentro de su morral. Leería E. con estupor que ese calendario escolar enseñaba a su hijo a celebrar, oficialmente:
“… los 14 años de la Revolución Militar, encabezada por el Teniente Coronel Hugo Chávez Frías, contra el Gobierno de Carlos Ándres Pérez, rebelión que cambió el destino de la República”.
Es decir, un chapucero intento de golpe militar, era ahora una fecha patria !Qué enanos nos hemos vuelto, que cualquier anémica jornada amerita la condición de fecha patria!
Se hubiese preguntado E. cómo un ministro de Educación puede ser tan adulador. Le enseñaría a su hijo a desconfiar de los militares, que mandan a otros a la muerte. Quizá hubiese recordado a Javier Marías, que decía que “Un golpe nunca se debe dar, ni siquiera en el caso de Chávez en 1992. Él lo ha celebrado incluso como fiesta nacional. […] Es grave, preocupante, que alguien pueda celebrar un golpe de Estado”. Hubiese hecho tantas cosas que no hizo, porque murió a los 18 años, obedeciendo órdenes, a pesar de la sensatez de su miedo. Y ahora no está para ver a su país sumido en la idiotez. Y jamás se enterará que nadie de los que hoy festeja, junto al poder, lo recuerda.
Premio 11 de abril otorgado por 















Excelente reflexión. Sería deber de cada padre y madre producir más músicos, peloteros, bailarinas, dibujantes…
en lugar de soldados que sólo saben obedecer órdenes absurdas.
Comment de Maléfica — 7 February, 2006 @ 11:11 pm
me gustaron muchas cosas de este texto…nadie mira a los soldados, vale, y muchos fueron de los que espantó de las oportunidades un bachillerato demasiado ajeno…y están allí y tienen un arma
Comment de aprendiz de maga — 7 February, 2006 @ 11:31 pm
Estamos en sintonía, queridas amigas. Y creo que esa es una modesta contribución que no podemos eludir. Ver el detalle. La historia está hecha de trazos tan gruesos, que trituran la tragedia doméstica, la que en verdad importa. Nunca me cansaré de repetir que la salvación es individual, y que detrás de cada slogan, himno o grito de guerra; detrás de cada escudo, estandarte o bandera, hay una jugador de ajedrez. Y miles de peones muriendo en silencio. Gracias, Maléfica y Maga, por sus comentarios.
Comment de Chamantower — 8 February, 2006 @ 2:44 pm
Apreciado Héctor:
Conmovedor. Ninguna otra palabra llega a mí luego de este texto que compartes con nosotros.
Terrible, la idiotez reseñada en estas líneas.
Obedecer, ser soldado, luchar, ganar batallas…¿cuándo comenzaremos a comprender que el imaginario de la guerra nos tiene sumidos en esta absurda imbecilidad que grita “patria o muerte”?
Saludos fraternales,
H.
Comment de Hernán Zamora — 8 February, 2006 @ 5:23 pm
Hector, cuando celebran le dan ilegitimidad a un gobierno que fué elegido democráticamente. Yo lo interpreté como el síndrome de la “querida” esposa, te invito -si, que impertinente - a leer esas reflexiones en mi blog. Saludos, por supuesto están todos invitados
Comment de Martha Beatriz — 8 February, 2006 @ 5:42 pm