Se solicita baticomputadora con poco uso

Eran los últimos años de la década de los sesenta. El legado cultural de los cincuenta parecía expandirse durante esos años a límites insospechados. Los planteamientos estéticos de entonces no estaban exentos de ambiciosas “expectativas” tecnológicas. No podía ser diferente. De esa década se esperaban muchas cosas, aunque amaneciesen los setenta y descubrieramos que no llegamos muy lejos en ese viaje al futuro.
Una de esas pueriles expectativas podía verse en la serie Batman, dirigida por Robert Butler y James B. Clark, y protagonizada por Adam West (Batman) y Burt Ward (Robin). Como la informática existía básicamente en el terreno de la especulación, a efectos del grueso del público, en esta serie de finales de los sesenta, la computadora era un artilugio maravilloso capaz de ofrecer la respuesta a cualquier pregunta, por intrincada que fuese. Cada vez que un caso se les dificultaba, usualmente las laberínticas pistas dejadas por El Acertijo, los paladines de la justicia (¿habrase visto mayor cursilería?) acudían a la definitiva sustitución de Dios, al triunfo de la nueva religión, para hallar en ella las soluciones que permitieran vencer las torcidas mentes de los ociosos criminales. Se llamaba, por supuesto, la Baticomputadora (como el prefijo Mac, partícula indispensable en un sistema que presuma de completo). Era tan ridículamente sofisticada que entendía el lenguaje humano con absoluta facilidad. Recibía como pregunta una cadena de caracteres en perfecta sintáxis del inglés hablado (”Computadora: ¿cuántas calles que terminen en 5 y crucen en números pares tienen una tienda de abalorios regentada por un griego?”) y, luego de vibrar un poco, prender unos botones aquí y otros allá, escupía una tarjeta con la respuesta exacta. Nada humano le era ajeno.
Aunque parezca veloz, la evolución de la computación, en retrospectiva, ha sido más bien ardua. Sólo después de los ochenta es que existen microcumputadores. Y es acaso en este siglo cuando las búsquedas son suficientemente “inteligentes”. Aceptables, valdría acotar. La fe ha dado paso a una paciente racionalidad. Todo el que tenga menos de veinte años nació bajo la lógica Windows. Otros tuvimos que migrar de tecnología hasta alcanzar esta tardía programación orientada a objetos. Claro, no todos alcanzamos a absorber esa migración. Reviso los informes del servicio gratuito de búsquedas de Ficción Breve Venezolana, y comprendo que hay visitantes que suponen estar consultando la baticomputadora. Cito algunas búsquedas, al azar, de las que leo en los informes: “historia del lenguaje en venezuela”, “nacimiento del leguaje en venezuela”, “aspecto social de la mano junto al muro”, “autor de la leyenda el silbon”, “novela modernista venezolana”, “Fundacion para la Cultura Hurbana” (lo juro). Preguntas concretas, ¿no? Nada de indagar, husmear, encadenar búsquedas, ir cerrando tópicos. No. Se hace la pregunta y, preferiblemente, meter el cuaderno en una ranura para que se imprima allí la respuesta.
Se solicita baticomputadora con poco uso, para escolares perezosos.