Y tú, ¿por qué escribes?

Las razones que impulsan a escribir son tan misteriosas como indescriptibles. La vanidad, en todas sus variantes, no es un elemento ajeno a esas razones. De hecho, no hay afirmación más insostenible que la de aquel que dice no importarle si lo leen o no. Todo el mundo escribe para ser leído. Sin embargo, ante la pregunta concreta ¿Por qué escribe usted?, se puede tropezar el lector con los más variados discursos y reflexiones al respecto.

Escribo como respuesta a la agonía: la agonía de los miedos de saberse en el mundo, la agonía de las amenazas que esconden siempre las palabras más hermosas y justicieras, la agonía del extraño que debe treparse a sí mismo para mostrar (y mostrarse) que se ha hecho dueño de unas raíces que anulan su extranjeridad, las de la lengua, la del código de la tribu que rechaza y sacrifica, que pocas veces admite y acoge, salvo que sea ya un hecho irremediable

Así lo señala el poeta Joaquín Marta Sosa en un pasaje de su larga disertación. Al respecto, admite que la vanidad de dominar la lengua extranjera (nació en Portugal y se mudó a Venezuela siendo un niño), debido a que los hijos de inmigrantes eran blanco del humor vernáculo por su pésima pronunciación del idioma, lo llevó a hablar y escribir mejor que ninguno de los de mi cuadra y de mi clase.
Petruvska Simne, periodista que se ha dado a la tarea de recopilar anécdotas y disertaciones de escritores y periodistas, reunió las respuestas de 49 autores de diversas generaciones, en el libro ¿Por qué escriben los escritores? (Fundación para la Cultura Urbana). En sus páginas se tropieza el lector con afirmaciones e ideas que vale la pena contrastar con las propias. ¿Se animan los lectores de este post a intentar sus propias justificaciones?