La negación del otro
Nadie podría negar las bondades de los certámenes literarios. El estímulo económico siempre será un motivo para escribir y enviar los textos a concurso. Si no, pregunten al espíritu de Roberto Bolaño. En Venezuela, varios concursos (verdaderos actos de heroismo de sus organizadores) han logrado mantenerse con el tiempo, cuando todo indicaba que debían morir, asfixiados por los contratiempos, usualmente económicos. Otras instituciones, con suficiente músculo financiero, se han sumado al asunto de estimular la creación literaria con el siempre bien recibido premio en metálico. Es el caso de la Policlínica Metropolitana, que este año lanzó lo que queremos creer se trató de la primera edición de su Premio Literario para Jóvenes Valores. O la Fundación para la Cultura Urbana, con su curioso Concurso Transgenérico, en el que pelean por igual poemarios, libros de ensayos o novelas. Un caso digno de mención lo constituye el Concurso de Cuentos de Sacven, cuya peculiaridad no estaba representada por una muy generosa bolsa, sino por la edición del ganador junto a un grupo de diez menciones, lo que conformaba una muestra de autores en ciernes (y a veces, ni tanto) en cada edición bienal. Los libros del concurso de Sacven permitían otear el más lejano panorama, seguir pistas, husmear potenciales talentos. En más de una ocasión eché mano de esas publicaciones cuando algún desconocido ganaba un concurso o publicaba un libro, convencido de que ese nombre lo había leido en alguna parte. Y no era improbable que, de hecho, su nombre haya formado parte de un lote de menciones de ese concurso.
Eso fue así durante las cuatro primeras ediciones, lo que parecía conformar una tradición. Pero este año, los miembros del jurado de dicho concurso suplantaron esa tradición no reglamentada, por otra, más genuina y arraigada en la literatura venezolana: negar al otro (*). En esta ocasión el jurado decidió sólo ofrecer cuatro menciones, bajo el argumento de que los demás cuentos no tenían condiciones. No eran cuentos, pues. Conversando con uno de ellos sobre esa curiosidad, apelé a un simple e ilustrativo ejemplo: “Si a ti te piden que saques las diez manzanas más bonitas de un saco, ¿por qué vas a sacar cuatro? Saca diez, joder”. Es el argumento de que a la literatura venezolana se le hace un daño publicando cuentos malos. Yo diría que daño suelen hacer los salvadores, los iluminados, los que sienten el llamado a rescatar a la literatura de la mediocridad en que está sumida. Seis autores no dieron su primer paso, no se dieron a conocer gracias al criterio de este exigente jurado. Adiós libro con las diez menciones de esta edición. Adiós generosa tradición del concurso de Sacven.
Ah, nuestro saludo a Javier Miranda-Luque y al amigo Lucas García Paris, por ese merecido premio compartido.
(*) El que no crea que esto suponga una arraigada tradición literaria venezolana, le sugiero que lea La negación del rostro, de Luis Barrera Linares (Monte Ávila Editores, 2005). Allí podrán leer el seguimiento que el estudioso de nuestras letras hace del fenómeno.
Premio 11 de abril otorgado por 














Dentro de mi ignoracia literaria, me parece que desde la polémica del premio “Planeta” y un par quizás de concursos europeos con veredictos “desierto”, los jurados de estos se están dando a si mismo permiso de no ejercer su función en parte para guardarse las espaldas, en parte, me parece como una “moda” que antes no les estaba permitido usar.. Tocas un punto polémico: ? publicar por publicar, asi lo menos malo? ? Y si de verdad no merecen ni el papel donde se imprimen esas creaciones?
Comment de Martha Beatriz — 31 December, 2005 @ 12:41 pm
Interesante lo que plantea MB. Quizá está de moda dárselas de estricto, de exigentes, para así crear polémica, para así andar diciendo a boca de jarro lo que hicieron. Yo creo que en el fondo se trata más bien de gustos. Hay que separar la buena escritura de los gustos. No sé cómo sea el asunto con los jurados. Pero una cosa es que algo esté bien escrito, y otra que no te guste. Y si de premios hablamos, pues recordemos a Borges que nunca recibó el Nobel, y para irnos a otro campo, recordemos a Citizen Kane, que nunca ganó el Oscar a Mejor Película, en cambio, aquella otra que sí ganó, cuyo nombre incluye un verde valle y no sé qué más, nadie la recuerda, o apenas es recordada . Así que, como digo, yo creo que es cuestión de gustos lo que impera, y eso está mal. Debe premiarse calidad literaria, no gustos literarios. Está como muy de moda una literatura realista, urbana, con cierto toque de sarcamo y hasta de experimentanción, y eso está muy de moda y gusta mucho. Si lo tuyo va por ahí, ¿significa que no es bueno? Pues no, significa que tú no estás escribiendo como requieren los gustos del momento. Simplemente. Ahora, no sé lo que concurso en el Sacven. Seguramente un gran porcentaje de los enviado haya sido de mala calidad. Pero, ¿tanto como para reducir el número de menciones? Fíjate, en otros concursos, como el del Casa de las Américas, los jurados deben eleborar un informe de cada una de las obras leídas,sea la cantidad que sea. Creo que esto está haciendo un poco falta. El establecimiento de patrones a evaluar, y no solamente, esto me gusta esto no, y camuflarlo detrás de “no tiene suficiente calidad literaria”. No sé, es mi sincera y humilde opinión.
Salud, Gran Héctor.
Comment de Fheddosi — 31 December, 2005 @ 2:54 pm
Perdón, quise decir: “si lo tuyo NO va por ahí…”
Comment de Fheddosi — 31 December, 2005 @ 2:55 pm
Lo de los premios literarios trae cola aquí en España, Héctor. Y es como dice todo el mundo, cuestión de gustos de los jurados y posibilidades comerciales. EN el caso de Sacven extraña que sean tan quisquillosos, se supone que se trata de dar a conocer a los nuevos. EN fin, tampoco pasa nada si sólo son cuatro. Sólo el tiempo da la razón.
Por cierto que ese libro de Barrera Linares (del que he querido hacer un post en mi blog, pero estoy esperando que se me pase la ladilla) es de una mediocridad superlativa. ¿Te parece que el profesor Linares hace estudio alguno en ese libro? Para tema aparte queda la trampa de repetir fragmentos completos con la excusa de la claridad pedagógica: ¡por favor! Si sólo son artículos juntados y adobados con el odio y ceguera de siempre de los críticos venezolanos a su propia literatura. No negamos los escritores el rostro: la pereza de la crítica en Venezuela ha acumulado años de libros que se quedan mudos de opiniones. Yo le diría a la mayoría de los críticos de Venezuela (no me refiero a los profesores, me refiero a aquella persona cuya tarea es comentar los libros d elos otros para que los lectores tengan una guía) como decía Rocío Núñez, mi prfesora de Lingüística en la UCAB: “¡lean! ¡que la ignorancia se acumula!”
un abrazo.
JC
Comment de juan carlos chirinos — 31 December, 2005 @ 6:16 pm
No sé si será mediocre. Quizá se trate de una media muy nuestra. Sí sé que algunos autores venezolanos han dicho, porque les han publicado un par de libros afuera, o porque han recibido un par de notas en prensa extranjera, que no hay más nada antes y después de ellos. Los he leído decir eso: Lo ha dicho Uslar Pietri, por ejemplo. Y otros. El asunto, a mi entender, es tener menos arrogancia y más humildad. Y entenderse parte de algo. También es verdad que autores venezolanos salen a espacios públicos afuera y niegan la literatura venezolana. Y que hay grupos que se ensalzan ellos y niegan (o silencian) a los demás. La verdad es que puedo decirlo con la conciencia en paz porque desde Ficción Breve Venezolana, les hemos dado apoyo y difusión al trabajo de todos los autores venezolanos por igual. Sin importar a qué tribu pertenece. Creo que hay que entender que las opiniones parten de los gustos y en eso se debe ser mas cauto. No me gusta no quiere decir que debe desaparecer del mapa. Yo respeto el trabajo de todos los escritores. Ahora, los que me gusten son mi exclusivo problema. En todo caso celebro que cada vez tengamos más espacio para comentar estos asuntos, como lo muestra la cantidad de blogs de autores venezolanos que existen. ¡Salud por eso!
Comment de Héctor Torres — 31 December, 2005 @ 6:40 pm
sí, el espacio virtual de Internet abre muchos caminos. Yo tengo la idea, Héctor, de que un escritor (un creador) no está para estar haciendo crítica, un escritor puede hacer su propia antología y decirla. Que Paul Auster diga que no le gusta o silencia la obra de Amy Tan, por ejemplo (no sé si lo hace), no quiere decir que la escritora sea mala: es obvio que s etrata de la opinión de un novelista sobre otro. Otro significado tiene cuando Harold Bloom quiere construir un canon a su capricho (como en efecto ocurre), porque él es un crítico, no es un creador y se supone que es un especialista que puede “guiar” la opinión y el gusto de los lectores, y debería ser lo más imparcial ques e pueda. Es cierto que algunos escritores salen del país a hablar de literatura y no se les ocurre nombrara a un compatriota (están en su derecho) pero que sepas que tambiçen he escuchado a críticos decir que la literatura venezolana, la que se supone que ellos estudian, no sirve para nada: y sé que muchas veces ni la han leído y ni les interesa. la cosa trasciende la literatura: Incluso oí decir una vez en Salamanca a Gillermo Morón que todos los dirigentes de Venezuela habían sido unos corruptos (y yo pensé: pero él era Director de la Academia de la Historia!).
Hay una cosa muy importante cuando sales del país a dar una conferencia o a hacer algo: te conviertes de inmediato en la imagen del país, en la impresión que quienes te conozcan tendrán de Venezuela en caso de que tú seas su primer contacto con el país. hay que tener, pues, cierto cuidado con esto. No estoy diciendo que hay que ser deshonestos y mentir (eso es demasiado campuruso), sino que hay que saber dónde y cuándo decir lo que se piensa. En todo caso, la idea es mostrar una imagen “proactiva” del país; así que e sl´cito que un escritor hable sólo d elo que considera bueno. Pero en el caso del crítico, su trabajo consiste en encontrar la calidad y divulgarla. Si no hay literatura buena en Venezuela, pues sencillamente debería dedicarse a otra cosa. Si haces zapatos, pues tratarás de promocionar los que te parezcan mejores; y, como dice Roberto Echeto, la dueña del YingPing, el restaurante chino debajo de su casa, no dice que su arroz está piche ni que sus costillas están quemadas: es una cuestión de sentido común. Pero para hablar con propiedad, la mayoría de los que se dedican a la
crítica literaria en Venezuela no han leído lo suficiente, y quizá ni siquiera se hayan dado una vuelta por Ficción Breve, donde por lo menos el volumen de textos da indicios de que por lo menos “algo” debe de tener algún valor que resaltar.
Yo quiero un país con crítica, un país con críticos que asuman su trabajo más allá de sus clases y sus trabajos de ascenso: un país donde junto a un Paul Auster, haya aunque sea, un Harold Bloom, por más arbitrario que sea.
Un saludo.
Juan Carlos
Comment de juan carlos chirinos — 2 January, 2006 @ 7:08 pm