Antes de que sean libros prohibidos
Las antologías representan una de las formas más expeditas de acercarse a un grupo o rasgo literario. Sea por su cercanía geográfica, histórica o temática, nadie duda de que la manera más rápida de abordar el tema es a través de las antologías. Nadie duda, tampoco, de que al leer una antología uno recibe una selección pasada por el filtro de los gustos del antólogo. Y decir gustos, es decir, también, prejuicios, supersticiones, antipatías, preferencias y enamoramientos. A pesar de la ausencia de garantías sobre la probidad de la selección, las antologías siempre serán el camino más fácil para abarcar la obra de una generación, o un autor, de un sólo tirón. Es decir, en una sola compra.
En el caso de la narrativa norteamericana, por ejemplo, se puede acceder a un panorama bastante completo de ella con dos libros. El primero, la ya clásica Antología del cuento norteamericano (Galaxia Gutemberg), de Richard Ford, traducida al español por Carlos Fuentes. En este voluminoso tomo se realiza un paseo por toda la cuentística norteamericana en 65 cuentos, desde los clásicos Mark Twain y Ambrose Bierce, hasta Tim O´Brien y Tobias Wolff, pasando por William Faulkner y Ernest Hemingway. Una miniantología dentro de la antología: Las cosas que llevaban (Tim O´Brien), Optimistas (Richard Ford), El manejo del dolor (Bharati Mukherjee), Tres rosas amarillas (Raymond Carver), La conversión de los judíos (Philip Roth), A&P (John Updike) y Los blues de Sonny (James Baldwin), todos pertenecientes a las últimas generaciones de autores consagrados. De los clásicos presentes no es necesario ofrecer mayores comentarios.
El otro libro, que se puede entender como una continuación del trabajo del primero, es una traducción y selección de Juan Fernando Merino: Habrá una vez, antología del cuento joven norteamericano (Alfaguara). El amor no es pera en dulce (Amy Bloom), Una cuestión temporal (Jhumpa Lahiri) y Terapia (Elisa Wald) ya bastarían para justificar su compra. O el riesgo de su robo.
Dos libros que permiten conocer una de las narrativas con mayor tradición y una de las que más ha tocado el ritmo del tiempo que vivimos. Al margen de pugnas ideológicas y consignas antiimperialistas, son libros imprescindibles para los que aspiran a dominar el arte de la narrativa breve, ya que son una cátedra de concisión, limpieza de estilo, eficacia y, lo más importante, historias con anécdotas originales. El que no los tenga que los busque cuanto antes, no sea cosa que un día amanezcan en alguna lista de libros prohibidos. En Caracas, el segundo está en Macondo, y el primero, con paciencia y buscando bien, aún se puede conseguir en algunas librerías.
Pero apúrense. Los editores de A plena Voz, y los estudiantes de la UBV que hacen guarimba frente al Mc Donalds de Los Chaguaramos, quizá no conocen de su existencia.
Premio 11 de abril otorgado por 














Me apunto con esas tres selecciones, Tower. Le sumaría dos o tres más: La punta, de Charles D´Ambrosio; Incursión Nocturna, de Brady Udall y, sobre todo, esa belleza que se llama Algunos dicen que el mundo, de Susan Perabo.
Quizá algún futuro lector del libro le interese saber que justo aquí está la versión original de Terapia, de Elisa Wald. En este otro enlace se encuentra una traducción que, sin embargo, no supera ni remotamente la del libro.
Comment de Rodrigo Coll — 31 December, 2005 @ 5:52 pm
Sí, Rodrigo, sería interesante que hagamos en los blogs nuestras antologías personales de los libros leídos, para así crear una cierta orientación a los potenciales lectores de los mismos, y un espacio para la difusión de comentarios de cuentos leídos.
Comment de Héctor Torres — 31 December, 2005 @ 7:12 pm
Listo. Resueltos ciertos asuntos relacionados con la cena de esta noche, aquí va:estaes la dirección del cuento de Elisa Wald.
La traducción aparece justo arriba de la versión original.
Comment de Rodrigo Coll — 31 December, 2005 @ 8:42 pm