El regreso a la normalidad
Los militares lo depusieron tras una orden del Tribunal Supremo, y desaparecieron de la escena, sin disolver los otros poderes establecidos ni dejar una estela de muetos, por lo que se pudo hacer lo que la Constitucion de Honduras prevé para esos casos: el interinato del presidente del Congreso hasta las elecciones. Es decir, el cronograma electoral sigue vigente.
Luego de que la comunidad internacional comienza a digerir esas pequeñas diferencias con respecto a lso golpes militares clásicos, comienzan a suceder ligeros cambios de percepciones y movimientos. ¿Cuáles?
La OEA cambia la exigencia de devolver el poder a Zelaya, a cambio de la creación de una comisión conformada por miembros de los países más moderados frente al tema (es decir, los que no tengan intereses a la vista). Estados Unidos tantea el terreno, respira, ve a los lados, y a la final busca alternativa al término golpe. Taiwán e Israel ya reconocen el gobierno hondureño. Fernández (Dominicana) cita a Rómulo Betancourt en su discurso sobre las doctrinas democráticas. Colom (Guatemala) dice que ni de vaina apoya una intervención militar en Honduras. El pueblo de Honduras se galvaniza en torno a sus poderes constituidos ante la amenaza de naciones extranjeras, consciente de que si Zelaya retorna al poder en ese país gobernará abiertamente Hugo Chávez…
Como resultado de esos cautelosos movimientos el visitante se vuelve incómodo para todos en tanto deja de ser noticia. Todo seguirá su curso, hasta noviembre que habrá elecciones (en las que ningún candidato será tan suicida como para aliarse al ahora conocido como el Bush del Caribe) y nuestro Emperador sufrirá su primera gran derrota a la hasta ahora infalible fórmula: Constituyente-reelección-vasallaje al imperio.
Pareciera que la aplicación de dicha fórmula parece venir en retroceso.
Ahora, ¿el berrinche del emperador realmente se debe a la pérdida de una de las piezas de su tablero? ¿Será que las investigaciones internas en Honduras podrían dar con escandalosas evidencias acerca de la fórmula del vasallaje llamada Socialismo del Siglo XXI, que demuestre cómo está plagada de delitos electorales y corruptelas?
Cada segundo de inactividad de la comunidad internacional frente al caso Honduras le agrega una tonelada de barro a la “víctima demócrata” de los “gorilas” hondureños. El inexorable “regreso a la normalidad” es una pesadilla para Zelaya, para Chávez. Por la natural necesidad de paz y de estabilidad (necesarias para salir a ganarse el pan) los hondureños quieren poner fin al conflicto, por razones de economía social: no hubo muertos (como sí los hay en Irán), un alto porcentaje de la población (ochenta y tanto por ciento) está de acuerdo con la deposición del mandatario, no hay que hacer ese escándalo cuando apenas le quedaban meses frente al gobierno…
No parecen ser esas las razones de tanta furia.
¿Será entonces que sólo él sabe cómo están las cosas en esos puntuales y alarmantes informes del G2, y teme que si el mundo no actúa contundentemente contra un ejército que, mostrando las evidencias adecuadas, decida actuar contra las locuras de un presidente, se está gestando un mal precedente que pesa en su contra? Es decir, ¿será que teme que si no se condena a los militares de Honduras, los de algún “otro país”, aduciendo algún descalabro institucional, puedan actuar de manera semejante (aprovechando las viejas ganas que algunos podrían tener)? En fin, ¿será que hay gente esperando los resultados de Honduras para decidirse a actuar?
¿Es eso lo que lo tiene tan enérgico, amenazante y nervioso?
Ya se verá por dónde vienen los tiros. El asunto ha servido, al menos, para que el mundo entero se ría o se asombre (depende del talante de cada quien) del cinismo de Ortega, Chávez, Castro y Evo hablando de democracia.






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